29.3.17

Dublinesos

Estoy a mitad del libro de relatos de James Joyce, Dublinesos. Si llevase sombrero me lo quitaría. Tras acabar la novena historia me he quedado pensando en la intensidad y la fuerza con la que describe las emociones de los personajes. Aún más, pues también me he preguntado (y creo que en voz alta) qué más queda para escribir después de todo lo que hay condensado en esos relatos de Joyce. Pueden quedar abiertos en el final, pero realmente no hace falta escribir más pues ya ha cerrado el círculo de lo que quería contar.

A mí me gustan especialmente los finales abiertos ya que me parecen más reales, más de verdad. Cuando alguien te cuenta algo importante, suficientemente emocionante como para tener que compartirlo, no te explica  algo rematado sino una serie de hechos con un principio aparente y un argumento que ha avanzado hasta el punto donde se encuentra en ese momento. Puede haberse resuelto una parte del problema, pero en realidad la vida de los personajes continúa y hay muchas facetas de su historia que se quedan abiertas.

Ya he apuntado Ulisses en mi lista de próximas lecturas. En cuanto pueda...

21.3.17

Margueritte




Se quedó sin saber qué decir. El resplandor de los ventanales y la algarabía de la fiesta que habían organizado en el laboratorio llegaban hasta el umbral de la puerta. Titubeó sin llegar a soltar el exabrupto, cerró la puerta y yo me marché. Total, a mí qué más me daba lo que hiciera o dejase de hacer aquella mujer… pero lo que había dicho de Adriano no me gustó. Él y la pobre Susana seguían esperando turno en la sala de espera, me miraron cuando pasé junto a ellos pero no me detuve. No estaba de humor ni me quedaban ganas de discutir.

Un lugar de aire limpio, desconocido, donde pudiese pensar sin oír justificaciones hipócritas. Conduje hacia la costa, pero en sentido contrario de mis acostumbradas preferencias. Realmente...qué difícil resulta encontrar el paraíso esperado, aún si lo que buscas es de lo más sencillo. Conducía paralela a las vías del tren, que como siempre interrumpian una vista que hubiese podido ser idílica con el mar al fondo. Edificios sucios y desconchados, casas nobles de otra época, espacios de pocas palmeras y más edificios de nichos con toallas colgadas en los balcones. Al fin el corto túnel subterráneo y la arena, la inmensa y fina arena. La suerte de poder ir a la playa entre semana es que encuentras sitio para el coche sin problemas… y ciertamente, no está mal disfrutar de algún privilegio en un día tan complicado.

Con los zapatos en la mano y el sol nublado, mis pies se hundían mientras me acercaba al agua. Gente mayor y algún niño de corta edad. Un joven y un perro de largo pelaje negro jugaban con un disco en la misma orilla. Me acordé de Margueritte... Específicamente, qué hubiese hecho ella en mi lugar... y sin embargo no es lo mismo, sus circunstancias nunca fueron ni remotamente parecidas a las mías. Las olas, un poco levantadas, marcaban el ritmo pacífico y constante que tanto necesitaba sentir, llené de aire mis pulmones con ansia de calmar toda la ira acumulada. Lo de Margueritte fueron situaciones más extremas que las mías, seguramente las buenas fueron infinitamente mejores y las malas debieron ser bastante más duras. Pero toda una vida explicada a grandes rasgos, siempre parece más deslumbrante y menos dolorosa que la ordinaria cotidianeidad de la propia existencia...

Había caminado mucho y tenía sed. No pensaba en sentarme en uno de esos actuales chiringuitos, cuadrados como cajas marrones, que enturbiaban los paseos con su música estridente. A lo lejos distinguía una de aquellas casas al estilo de principios del siglo pasado, se encontraba al final de un camino bordeado por palmeras, tal vez allí… Lo de Adriano me había dolido en el alma ­-¡si tenía alguna queja de mi actitud debería habérmelo comentado a mí y en el momento! si no… ¿de qué sirve una relación en la que no hay sinceridad mutua…? ¡Y lo peor es que le confesase sus sentimientos a  una persona desconocida y tan vulgar como aquella mujer del laboratorio!- La mirada perpleja de la pareja de ancianos me hizo volver a la realidad. Ni yo misma sabía lo que estaba haciendo, había ido hablando en voz alta mientras caminaba, pero el caso es que empecé a encontrarme mucho mejor.

Había mesas fuera de lo que resultó ser un apenas concurrido restaurante y mientras bebía la cerveza fresca observé el anuncio de las habitaciones. Demasiado tiempo con aquella tensión constante que no me dejaba dormir. Los problemas del negocio habían ido acumulándose unos sobre otros y parecía que solo yo tenía la obligación de resolverlos. Pero allí sentada, mientras empezaba a recibir el calor de un incipiente sol, cada palabra de aquella odiosa mujer iba aclarando el sentido de muchas situaciones que me habían desconcertado días atrás. Sabía que tenía que pensar en todo ello y que al final las piezas encajarían unas detrás de otras. Nuevamente Margueritte... Qué tenía allí... una descarga de la odiosa rutina, un lugar desconocido por explorar y tiempo para mí y solo para mí. Las hojas de los viejos álamos se movían con la ligera brisa y la melodía acompasada del mar seguía acariciando el paisaje del mediodía. No sería complicado comprar un traje de baño y lo más necesario... y adiós a Adriano, sus problemas existenciales, las murmuraciones y los infundios; a cambio disfrutaría de unos largos días de sol, playa y libertad... Esa noche podría dormir, estaba segura. Abrí los ojos, el camarero se mostró dispuesto a tenerme la habitación preparada en media hora...

21.12.15

Para tod@s




Deseo que podais disfrutar
en la mejor compañía...

5.11.15

Nada



A veces sucede que alguna persona enterada de mis andanzas como escribidora de relatos, me pregunta y me anima a seguir escribiendo. En esas ocasiones me prometo que volveré a sentarme ante la hoja en blanco y me esforzaré por construir una historia, una buena historia.

El caso es que tener una redacción un poco correcta, no quiere decir que la imaginación también vaya paralela y justo es que una sea seria y sincera consigo misma, cuando los últimos relatos no valen un pimiento. La constancia, también, es una virtud necesaria para crecer en las letras y yo no  he logrado desarrollarla, en ningún aspecto, a lo largo de mi vida. Creo que moriré sin conseguirlo. Con un poco de humor, podría servir de epitafio para mi lápida: "Aquí yace una mujer conscientemente inconstante". Claro está, que con el nuevo orden de cosas mortuorias, esa frase valdrá más que la piense alguien, si quiere, cuando se deshagan de mis cenizas...

En ocasiones, también, algún amigo me pregunta por lo que hago últimamente y mi respuesta es "nada". Se desconciertan... Y tampoco es verdad. Podría decir que estoy haciendo de esponja y sería lo más adecuado. Navegar por las redes, ahondar en informaciones -que me interesan-, leer opiniones varias, y tener mucho tiempo para reflexionar, es altamente gratificante. Aún más si con ello te cuestionas conclusiones a las que creías haber llegado acertadamente. Pues los sucesos de la vida cotidiana te moldean, te hacen decidir rápidamente, escoger esto o aquello,... parar golpes y levantarte para seguir caminando. Y no siempre somos conscientes de que había otra salida, otro camino. O tal vez, el tiempo te demuestra que lo estabas haciendo equivocadamente, que pesaron demasiado las emociones sobre la razón. O al revés. Pues nada es perfecto.

Como se puede ver, el tema de los relatos es impredecible. Creo que estamos en un tiempo de crisis en muchos niveles y afecta a las prioridades personales de cada quien. Todos caminamos hacia un destino incierto y cada uno lleva puestos sus propios zapatos. Puede que escriba mañana... o no.

6.5.15

El mensaje



...le ruego me conteste a la mayor brevedad posible.
Saludos,
Elvia Ramírez

Lo releyó y le dio al icono para enviar. Suspiró y se miró en su interior con los ojos cerrados, buscando, en los rincones más recónditos de su mente, un espacio donde hubiese paz y serenidad. Abrió los ojos de nuevo y en voz alta masculló: — ¡Qué harta estoy de todo!—. El sentimiento de hartazgo comenzaba a obsesionarla minuto a minuto. 

Desde unos meses atrás, su mirada hacia el exterior no cesaba de enturbiarse cada vez con más entrelíneas, con más duplicidades, con más navajazos emocionales que apenas lograba esquivar. La edad y la experiencia le resultaban de gran ayuda, pero también ahogaban cualquier posible atisbo de esperanza en su espíritu.

Desplazó la silla y se levantó, dirigiéndose hacia el ventanal desde el cual podía contemplar la amplia avenida. La gente caminaba deprisa por las aceras, en los semáforos daban pataditas impacientes y los coches avanzaban acelerados. Tal vez demasiado acelerados para el gusto de Elvia. Antes le gustaba conducir, pero últimamente la carretera era una carrera de obstáculos. Los conductores parecían enloquecidos, arriesgando al máximo, por obtener segundos de ventaja; los camiones y autocares circulaban, adelantando, a unas velocidades que sobrepasaban límites increíbles en vehículos tan pesados. Todo le parecía riesgo y crispación. Bueno, esa era la palabra: crispación. Allí en la oficina, pero también con sus hijos, con Andrés... tal vez estaba demasiado nerviosa, aunque él se había vuelto sorprendentemente irrazonable casi con todo. Sus hijos adolescentes no paraban de provocar situaciones desesperantes, que luego ella debía encauzar y solucionar. En la oficina las cosas iban mal, el trabajo escaseaba y si antes costaba mantener la calma en el equipo, ahora "las puñaladas por la espalda y las zancadillas" se daban un día sí y otro también.  

Volvió de nuevo a su mesa. En la pantalla no aparecía ningún mensaje nuevo. Deberían entrar unos cuantos cada hora, sin embargo, ella se cansaba de esperar respuestas que no llegaban. Literalmente estaba aterrada ante la posibilidad de que aquel fuese el fin. Demasiado mayor para empezar de nuevo, demasiado joven para jubilarse. La precariedad asomaba con sus uñas clavándose en la puerta de entrada, esa que tendrían que cerrar definitivamente si el negocio no se levantaba en pocos meses.
Cogió aire con fuerza y lo expulsó lentamente. Estaba cansada de todo, de las noticias edulcoradas, de los políticos corruptos, de la gente que los votaba... de tanta palabrería y tan pocos hechos. ¿Hasta donde debían dejar que se hundiese aquello para reaccionar? ¿Qué pasaba para que personas, declaradamente inteligentes, estuviesen tan ciegos, tan engañados? La vida había cambiado mucho en pocos años.

Algo se movió en el escritorio del correo, un nuevo mensaje. —¡Por fin!— dijo en voz alta con un suspiro. Lo abrió y se concentró en su lectura.

17.2.15

Letanía y llanto en Martes de Carnaval



Ya se oyen los tambores de nuevo... ¡Hijo, cierra la puerta! Esa puerta que no aisla el silencio, ni ensordece las alegrías ajenas. ¡Dame el bastón, Antonio! ¡Ya no respetan ni los lutos ni las penas de las madres, de las mujeres, de las plañideras...! ¿A quien reclamar, a quien protestar por nuestra muerte en escena? Una noche se lo llevaron a Federico y se perdió el alma de España en los poemas... ¡Que no suenen los tambores, que no! Que la luna ya, ni viste de plata, ni bata lleva. Solo la noche cerrada, oscura y yerma nos acompaña. Duerme Bernarda, Poncia está quieta y en la casa ni un alma cose ajuares, camisas u otras telas...¡Cierra la puerta, hijo! Que los tambores se alejen, que no quiero alegrías y jaranas a la par de la vela... ¡Que lloren conmigo quiero, que lloren como lloramos los personajes, con sangre, con genio, con Lorca... y la noche serena...!

5.1.15

Feliz Año Nuevo



Podría ser un buen año para que los ciudadanos de este mundo ejerciésemos la Paz y el respeto. De tantas cosas, de tantos caminos mal construidos, seguro que los podríamos desandar, buscando nuevos métodos y nuevas metas. Sería una liberación para nuestro planeta, deshacer el atropello a los bienes naturales e intentar regenerarlos. Podríamos dignificar y valorar la vida por encima de equivocados placeres artificiales. Por poder, podríamos poder hacer, desde ya mismo, tantas cosas...
Es una buena fecha como otra cualquiera...¡Hagámoslas!

!FELIZ AÑO NUEVO¡



17.9.14

El largo y desasosegado verano...



Los colores, olores y sabores fueron sino los mismos, al menos parecidos. Llegaron las moscas, las cigarras con su continua chicharrera, el sopor del mediodía macilento por efecto del calor, los melones con su punto de sabor a miel, las ciruelas jugosas, los melocotones de agua… Y llegaron las caminatas por los paseos marítimos, inhalando la brisa del mar a borbotones, como queriendo dejar ese tiempo parado y extenderlo más allá de las horas y de los minutos. Aparecieron las paredes cubiertas de flores de las acaparadoras polygalas, en lucha con espesas enredaderas de brillantes hojas nuevas… en los muros de las casas se dejaron ver las insistentes buganvillas, fucsia o liliáceas, trepando sinuosas en busca tal vez del inmenso azul. Las opulentas adelfas invadieron las aceras estrechas, más intransitables aún por las ramas de los árboles que alguien se olvidó de podar a tiempo… y las cotorras anidaron en las esbeltas palmeras, inalcanzables pero dejando constancia de su presencia para niños y mayores, cuyos ojos cada año buscan ese verde entre el otro verde, guiados por sus voces estridentes. El verano llegó como había llegado cada año anterior.

Sin embargo, quienes pensamos que sería una repetición más de tantas otras, nos equivocamos. El mundo y sus gentes estábamos impregnados por el desasosiego; llegó el mal tiempo con sus lluvias y la bajada de temperaturas, cuando no tocaba, y se aposentó en nuestros días de verano junto a la incertidumbre y el miedo silencioso a tantas injusticias que se nos han hecho cotidianas por repetidas. La avaricia de algunos provocando la ira de otros, la sangre derramada por los bombardeos, las muertes por accidentes sobrecogedores, el ébola, la llamada a la lucha por la religión, las políticas asfixiantes, el hambre, las torturas, los asesinatos,… llenaron nuestras horas dedicadas a mantenernos informados a través del teléfono móvil o de la televisión. Quedó ampliamente constatado que el afán de poder y de maldad de los humanos es inmensurable, su ambición se ha desbordado y la vida en este planeta empieza a no valer nada.

Pero el verano en zonas de paz discurre con una cierta placidez. Para algunos llegaron las  vacaciones, los reencuentros con las familias, los días de sosiego en los pueblos añorados. También la novedad de ciudades nuevas, los paisajes exóticos, los atardeceres de postal contemplando como el sol se oculta bajo el mar… las noches locas de música y fiesta, las mañanas dormitando sobre la arena, las comidas copiosas y alguna siesta antes de salir a pasear. Son días libres de obligaciones, que duran menos de lo que uno quisiera. Y visto el panorama, es mejor vivir el verano intensamente, por si algo lo estropea… porque este año la incertidumbre también estaba veraneando a nuestro lado. Para algunos este espacio de tiempo ha sido excesivamente corto, otros quizás ni lo han saboreado. Pero siempre están los niños, para quienes la vida se centra en otras pequeñas cosas: los amigos, los juegos, los helados, los misterios que descubren cada día,… Sin olvidar que todo es relativo en esta vida y este verano ha sido muy dispar incluso en zonas de paz.