30.9.07

Aprendiza de autora en busca de una frase


Aquí estoy esta mañana de domingo, soleada intermitentemente, intentando hacer alguna cosa con las letras. Es el último día para entregar el relato y lo acuciante de la situación no produce ninguna mejoría en las neuronas rebeldes que no se deciden a componer el puzzle de mis ideas.

Hace al menos diez días o más que tengo la idea general de lo que podría ser un buen relato, he pensado en el ambiente y en el año en el que debe transcurrir la acción, he pensado en los posibles personajes pero -siempre hay un pero- no acabo de encontrar la frase-hilo-cabo por donde comenzar a deshacer esta madeja enmarañada.

Y así puesta me dejo llevar por la lectura, miro en el foro y no ha escrito nadie, miro en el otro y más de lo mismo. Me asomo al blog y leo comentarios, enlazo a uno de los autores y haciendo caso de sus palabras busco algún post anterior que me hizo gracia en su día y me encuentro que no encuentro la mentada entrada y busco aleatoriamente y vuelvo a comenzar esta vez por el principio de todo. Uno tras otro se van sucediendo y me doy cuenta de que aquello es como leer una novela, me enfrasco en la lectura con cierto pudor pues siento que me inmiscuyo en las intimidades de una persona ajena a mis circunstancias. Sigo sin encontrar lo que busco pero en el camino me pregunto con cierta envidia -de la sana, de la buena- porqué no se decide a escribir en serio este compañero juntaletras, la viveza que tiene su redacción y sus guiños expresivos son un arte que pocos dominan.

Y aquí estoy yo, intentando imitarle de alguna manera para justificarme porque se me acaba ya el tiempo y no he escrito párrafo alguno. Hay cosas que no se pueden dominar y tal vez acabe el día haciendo "panching" delante del televisor y disfrutando este día de asueto simplemente no haciendo nada, que también viene bien ¿porqué no?.

27.9.07

Blog Solidario


Pues yo le concedo el premio Blog Solidario a : Milú, porque se lo merece, y aunque a él no le gusten estas cosas yo espero que lo acepte :)

Y el otro premio Blog Solidario se lo concedo a Daglled, por su constancia en arrancarnos una sonrisa al tiempo que nos pone de pie sobre la tierra cuando tendemos a perdernos en el limbo. Tambien me gustaría que lo aceptases señor D :)

22.9.07

El Ático

Nos gustaba la casa porque aparte de espaciosa y antigua tenía una vista fantástica sobre la ciudad. Se trataba del ático de un edificio emblemático diseñado por un renombrado arquitecto del modernismo, sus curvas cubrían con un halo de misterio cada rincón de la casa y se proyectaba al exterior zigzagueando por la fachada y recorriendo las pequeñas piedrecillas de colores que la adornaban. No recuerdo en que momento de mi infancia me quedé prendada de aquellas líneas y comencé a soñar con una vida dentro de aquellas paredes, pero eso ya no importaba porque había llegado el día en que mi sueño comenzaría a hacerse realidad.

Eduardo, mi querido y venerado Eduardo, me había pedido que fuese puntual aquella tarde pues quería comenzar a restaurar las paredes y debíamos escoger los colores de los distintos ambientes. Yo estaba tan ilusionada que no había ido a casa a comer y me dediqué a vagabundear por las calles, mirando muebles y complementos en los escaparates mientras hacía tiempo hasta las cuatro y media. Pocos minutos antes ya esperaba pacientemente delante del portal bajo la atenta mirada del portero de la finca, pero pasó un cuarto de la hora prevista y Eduardo todavía no había aparecido así que algo intranquila dirigí mis pasos hacia el interior de la casa. Enseguida la figura del atento guardián se interpuso en mi camino bloqueando la entrada e indagando a cerca de mis intenciones, ante mis respuestas apareció en su rostro una irónica sonrisa:

- A ver señora, permítame explicarle que este edificio no es una comunidad de vecinos, hace aproximadamente dos años que pertenece a una entidad bancaria y lo están restaurando para convertirlo en un lugar de exposiciones.

Me quedé algo aturdida por el efecto de sus palabras pues no podía creer lo que me estaba diciendo, yo conocía esa casa y había estado en ella, había recorrido sus habitaciones con Eduardo, habíamos contemplado la ciudad desde la pequeña terraza de la que colgaba aún el letrero publicitando el alquiler de la vivienda; no podía haber error posible en cuanto que aquel era el edificio tantas veces admirado a lo largo de los años. De nuevo insistí en mis razones:

- Mire, yo he quedado aquí con Eduardo. Tal vez lo haya visto entrar con los enseres de pintura y decoración, se trata del último piso… el ático…

- ¿Eduardo? ¿Quiere usted ver a Eduardo? Bueno, si hubiese empezado por ahí ya la hubiese dejado pasar antes. Pero no está en el ático, búsquelo en el tercero B, seguramente él mismo le abrirá la puerta. Pase por aquí señora, allá a la derecha encontrará el ascensor.

Aún asombrada por aquella conversación tan surrealista, enigmática y desconcertante, me dirigí al ático del edificio, no importaban las palabras de aquel pobre hombre, yo debía seguir mi camino y encontrar a Eduardo. Una vez ante la puerta golpeé varias veces y presioné repetidamente el timbre hasta comprobar que el piso estaba vacío, me sentí incómoda ante aquella situación, pensé un tanto insegura que si el portero lo había visto es que Eduardo debía estar allí. Resignada bajé por las escaleras hasta el tercero B, una figura enfundada en un mono blanco me indicó una habitación. Yo no entendía nada, aquel no era el piso que habíamos alquilado…, dentro de la estancia una luz cegadora entraba por la ventana abierta, él estaba de espaldas a la puerta… pintando:

- ¡Eduardo! Menos mal que te encuentro, todo esto es un lío, el portero me ha dicho que estarías aquí pero, no entiendo porqué si nuestro piso es el de arriba…

Él se volvió y me miró fijamente lleno de asombro, no parecía entender nada de lo que le estaba diciendo. Después se impuso un denso silencio entre nosotros mientras las gotas de pintura resbalaban desde el rodillo que sostenía en la mano. Le indiqué con el dedo índice la mancha que se estaba formando en el suelo cubierto por papel y él dejó el rodillo en la cubeta. Se lavó las manos en un cubo de agua y mientras se secaba, sin dejar de mirarme atentamente, habló por fin:

- Usted parece conocerme, pero yo juraría que no la he visto nunca hasta este momento… no, no sé de qué me habla, será mejor que salga de aquí, puede usted mancharse y sería una lástima.

- ¡Eduardo! ¿Pero qué te pasa? No es posible que me hables así, no me gustan esta clase de bromas, explícame porqué actúas de este modo ¿qué ocurre aquí?

Él me cogió del brazo y me condujo hacia la salida, bajamos en el ascensor y ante mi sorpresa avisó al portero para que me sacase del edificio. No cedieron ante mis súplicas, ni siquiera ante las lágrimas que no pude contener al ver el rechazo de Eduardo, aquello era peor que una pesadilla y turbada como estaba comencé a caminar sin rumbo fijo por la calle. Una y otra vez me preguntaba a mi misma qué cosa tan horrible había hecho yo para merecer aquel desprecio, aquello parecía el fin de nuestra relación y si de algo estaba segura es de que no podría seguir viviendo sin Eduardo -palabras trágicas que parecían nacidas de la obra de un novelista romántico, pero tan ciertas para mi como la sentencia de un juez-. Deambulé sumergida en mil pensamientos sin darme cuenta que se hacía de noche, las calles se quedaron casi vacías y de pronto sentí todo el cansancio y la tensión acumulados en mi cuerpo. Aún no sabía lo que debía hacer. Me senté en un escalón y en aquel momento noté que sonaba el teléfono en mi bolso, aquel número me resultó familiar aunque lejano:

- ¿Oiga? ¿Quién es?

- Elena ¿Dónde estás? ¿Qué te ha pasado? Llevamos todo la tarde llamándote, hija.

- ¿Mamá? tú… Eduardo… Eduardo me ha dejado… hemos estado en el piso… en el ático, no, él estaba en otro… pero hemos discutido ¿sabes?

- Hija ¿otra vez? No puede ser. Sabes que Eduardo murió. Hace dieciséis años, Elena. Tienes que olvidarlo. ¿Dónde estás? Dímelo.

- ¡Mamá! ¿Cómo puedes decir algo así? Eduardo no está muerto, he estado con él esta tarde…

- Elena, cariño, escúchame. Tienes dos hijos y a Andrés… te está buscando ¿sabes? Por favor, dime donde estás.

Andrés…. Algo como un chispazo cruzó mi mente… Andrés… Miré a mi alrededor pero todas las calles me parecían iguales. La voz de mi madre seguía llegando a través del teléfono, podía oírla aunque el aparato ahora se balanceaba en mi mano mientras me dirigía hacia la puerta iluminada de un pequeño bar. En la barra un hombre de unos treinta años miraba la televisión mientras secaba vasos con una bayeta. Me miró con cara de rutina y con voz fatigada me preguntó qué deseaba, yo le contesté:

- ¿Dónde estoy?- Y le tendí el teléfono.

18.9.07

¡Sorry!

Ana María y Antonio se conocieron hace tres meses. Ella tiene cuarenta y cinco años y está un poco rellenita, él tiene cuarenta y nueve y no está mal. Han decidido que este fin de semana Antonio y su hija Sandra de dieciséis años pasarán el fin de semana en casa de Ana María, para que la niña la conozca y se hagan amigas. La niña no es tan niña, claro está, es una guapa chica de larga melena castaña y cuerpo exuberante.

Por la mañana se han ido de compras al centro comercial y las dos mujeres se han comprado el mismo traje con talla distinta, unos pantalones bajos de cintura y un top de tirantes. Sandra se ha reído por lo bajini al ver esos michelines desbordados, pero le ha caído bien Ana María y no ha querido desilusionarla. Al volver a casa, Antonio se sienta delante de la tele para ver la carrera de motos mientras ellas se visten con el conjunto nuevo... y suena el timbre de la puerta. La primera en llegar es Sandra y cuando abre se encuentra un tipo de unos veinticinco años algo guasón que la mira de arriba a bajo y le pregunta:

- Niña, ¿tienes novio?

Ana María con el nuevo modelito llega a la puerta y al verla el guasón ataca:

- ¡Señora, vístase que no es una urgencia!

Ana María nota como le sube la sangre a la cara y después a la cabeza, le pregunta el motivo de la visita y cuando escucha que el guasón quiere hacerle una encuesta, le cierra la puerta en las narices. Se va para Antonio toda enfadada y él que la ve llegar como si un toro de Mihura se tratase, intenta calmarla:

- No le hagas caso, mujer... ¡que no estás tan mal para tu edad!.

Ana María lo fulmina con la mirada, quiere contar hasta diez pero no llega.

- ¿Cómo que no estoy tan mal para mi edad?... ¿Cómo que no estoy tan mal para mi edad?... ¿Acaso me estas llamando vieja?

Antonio intenta arreglarlo -aún más-:

- ¡Yo no he dicho eso! Digo que… ¡bueno un poco gordita si estás!

No sabe Antonio la buena estrella que tiene porque afortunadamente en ese momento ha sonado el teléfono: La tía Mercedes anuncia su visita para la tarde y Ana María no sabe negarse aunque se queda preocupada, su tía no es precisamente de carácter afable y no conoce todavía a Antonio y a Sandra. Mientras comen, la mujer fuerza su imaginación como si de una locomotora se tratase y se le ocurre la idea de llevar a la tía Mercedes a pasear por el puerto, pues, cree que con el trajín de la caminata, ésta tendrá menos posibilidades de hacer preguntas. Después del almuerzo recogen deprisa y están preparados para salir cuando llega la tía que no es muy mayor: solo tiene veinte años más que su sobrina, pero su apariencia no es nada dulce y cuando ve a Antonio tuerce el gesto con desagrado. Él frunce el ceño con cara de mal café y Ana María comienza a sentir de pronto un incipiente dolor de cabeza.

En el paseo del puerto se está bien, corre un aire fresquito muy agradable. Sandra y Ana María, mientras caminan, ríen con las bromas ocurrentes de Antonio que sabe sacar la carcajada cuando se lo propone; en cambio la tía Mercedes no le encuentra la gracia a ese tipo tan vulgar con el que se ha liado su sobrina. Camina mientras busca en su memoria algo suficientemente agrio para decir al tal Antonio y no advierte que se acercan un grupo de turistas con grandes mochilas. Uno de ellos, un hombre de unos cincuenta años bastante alto y con la cara bastante roja por el sol, casi derriba con la mochila a la tía Mercedes y un tanto cohibido acierta a exclamar:

- ¡Sorry!

La tía Mercedes que logra aguantar el equilibrio de milagro se indigna al oír la disculpa y contesta resoplando:

- ¡Y encima me llama ZORRA!... ¡ZORRA TU MADRE!

El pobre turista apenas entiende nada de lo que pasa, continúa con su - ¡Sorry, sorry!- mientras Ana María intenta conciliarlos explicando a su tía que el pobre hombre simplemente está disculpándose. Pero, aún no ha acabado de hablar cuando Antonio interviene con una triunfal sonrisa de oreja a oreja dirigiéndose al turista:

- ¡Ah! ¿Pero la conoce de antes?... ¡encantado!... ¡Yo quiero saber porqué la llama ZORRA!

Ana María ya está gritando desesperada:

- ¡ANTOOONIOOO!

Y el turista que sigue sin entender nada, se aleja muy deprisa cuando ve la salvaje cara que se le pone súbitamente a aquella mujer con la que ha tropezado, huye despavorido musitando aún:

- ¡Sorry, sorry!

10.9.07

El Maestro Sorolla


























Museo-casa del Maestro Sorolla, un verdadero placer para los ojos en una mañana de domingo bien aprovechada. Ese mar de Valencia, su mar, con figuras de danzantes vestidos blancos movidos por la brisa marina, con sus niños jugando en el agua o en el parque llenos de una profunda serenidad e iluminados con esa luz con la que Sorolla sabía iluminar sus cuadros. Maravilla al que pueda tener el privilegio de verlo, como unas simples pinceladas pueden insinuar tanto, prueba de ello es el retrato de Raquel Meyer, si teneis oportunidad de verlo fijaos en como el autor resolvió los pliegues y el brillo de su vestido.
Está en Madrid, en el Paseo General Martínez Campos, 37. Totalmente recomendable.

5.9.07

Una sonrisa por favor


¡Era de esperar!
:)

2.9.07

¡Se acabaron!


Nada es eterno y las vacaciones menos que nada, se acabaron sin remedio. Después de la vuelta a casa y el reencuentro con nuestro rincón añorado, nada mejor, para no pensar en ese lunes menos apreciado que nunca, que caminar un rato por un paseo como el de mi querido Sitges. Para allá me voy dispuesta a exprimir las últimas horas.

Mañana será otro día :(