8.10.07

No quieras que vuelva mañana

Jugué con él como podría haberlo hecho con una rata rabiosa e indefensa, yo tenía la ventaja y el arma, había llegado el momento tan anhelado de la venganza y de nada sirvieron las súplicas de aquella boca infame. Acerqué la hoja afilada a un lateral de su cuello y le pinché lentamente, saboreando aquel instante, creo que me excité con aquel contacto, estaba pletórico y sus chillidos contribuyeron aún más a ello. Lentamente pero con fuerza fui cortando aquella garganta odiada, poco a poco, hasta con mimo, un trabajo perfecto, la sangre surgía a borbotones cual chorro de catarata y aquella voz insufriblemente viperina dejó de aullar para siempre. Solté el cabello y la cabeza cayó hacia delante, inerte, el cuerpo rebotó contra el suelo y yo engullí el aire con fuerza; sentí correr la sangre por las venas de mi manos, libres ya de la presión ejercida; mi mente bullía exaltada, disfrutando de aquel momento triunfal que era la cumbre de mi dominio, el cumplimiento de mi venganza.

Podría haberme quedado durante horas contemplando aquel bulto desmadejado e inútil, tal vez tan inútil como lo fue en vida, pero debía continuar el plan trazado imponiéndome a mis impulsos. Con una enorme y afilada piedra en las manos, arrodillado sobre el cuerpo, dejé caer su peso sobre la cara de aquel maldito, una, dos, tres… hasta siete veces, con saña pero sin desviarme de mis propósitos consiguiendo que aquellas facciones quedasen rotas y desfiguradas. Mis ropas y mis guantes se llenaron de manchas sanguinolentas, me sentía, en cierta manera, sucio por aquella sangre que me oprimía como si me persiguiese aún la maledicencia de aquel muerto. Lo tenía todo previsto, y dirigí mis pasos hacia el lugar donde se hallaba los leños y la estopa rodeada con piedras altas, un chorro de gasolina y una simple cerilla bastaron y pronto las altas llamaradas prendieron en la madera. El fuego es mágico, me quedé mirándolo fijamente, las chispas al saltar anunciaban el comienzo de un rito ancestral en el que la purificación sería la causa y efecto de su existencia. Salí de mi ensoñación y de nuevo ante el cadáver de mi enemigo hice un último esfuerzo, levantándolo sobre los hombros y cargado con él, lo dispuse sobre las piedras que rodeaban la hoguera. Un chisporroteo y las ropas comenzaron a arder, la piel se encogió rota dejando que las llamas avanzasen a través de la carne, un olor nauseabundo empezó a extenderse ofendiendo los sentidos.

Con la ayuda de unas ramas desaparecieron las huellas en el suelo, también la sangre quedó oculta, cogí un poco de arena y limpié el cuchillo antes de echarlo en el fuego. Me quité las ropas y las botas, todo ello contribuyó a incrementar las llamas rodeando aquel cuerpo al que le negaba la mirada, observando tan solo lo imprescindible para acomodarlo y que el fuego lo envolviese sin respetar zona alguna de aquella figura que, algún tiempo atrás, creyó ser humana. Por último me deshice de los guantes, toda mi ropa desapareció engullida por aquella pira salomónica; sabía que encontrarían restos del calzado y del cuchillo, pero no quedaría, al fin, huella alguna. Me alejé descalzo y borrando las pisadas según avanzaba; la tensión acumulada aquella noche comenzaba a vencerme dejando paso al cansancio, pero seguí caminando hasta el coche escondido entre los árboles, ajeno a las miradas que pudieran descubrirlo desde la carretera. Me vestí con otras ropas y después, sin prisa, el coche rodó rompiendo la oscuridad y llevándome hacia un merecido descanso.

Otro día, otra mañana, dispuesto a mantener una paciencia infinita en una cola que surge cual inacabable lengua marina desde las profundidades de la conocida ventanilla. Y en su interior una nueva cara, un nuevo ser con traje gris, atendiendo al público en nombre del estado; veremos como actúa, tal vez sea un principiante y no domine aún las artes de la prepotencia en su inútil verborrea, tal vez le preguntaré por su antecesor ausente, sí, tal vez este funcionario será más amable…

10 comentarios:

Anónimo dijo...

Muy buen relato y gran y sorprendente final, con ese deje de humor tan hispano.Muy bueno.
Un abrazo.

Durrell dijo...

Cuidado Prometeo, no sé si al dueño de esos ojos, que te miran tan fijamente, le gustará saber que encuentras humor en sus palabras, creo que es c-annibal y le gusta la carne humana.

Un abrazo :)))

María Narro dijo...

Durrell... ¡pero Durrell!, ni me quiero imaginar lo que se te puede ocurrir en la cola de la carnicería.

Besosssss

Durrell dijo...

je je, María, por suerte compro en el super ¿suerte para quien? ¡Ay! la cortina se abre... chan, chan, chan, chan... un puñal aparece... el agua de la ducha sigue cayendo...

Hasta mañana ;) un besito.

Malena dijo...

¡Ay, Dios santo! Pensaba que habías matado a una gallina. ¡Menos mal que era a un funcionario de ventanilla! :) Hasta el final me has dejado intrigada. Muy bueno, Durrell. Un beso.

Durrell dijo...

Malenaaaa ¿menos mal un funcionario de ventanilla en vez de una gallina? Ay, ay, que no te oiga ninguno o pensarán que tienes algo que ver con el dueño de estos ojos :)))))))

Un besote...
¿caldo de funcionario? aagggsss

Anónimo dijo...

Esa mirada demuestra inteligencia, seriamos amigos...Le invitaria a unos fritos de sesos, riñones al jerez casi crudos y un poco de higado encebollado, especialidad de mi tierra.. Es decir, amigos.
Un abrazo.

Consuelo Labrado dijo...

Con algunos funcionarios sí que dan ganas de hacer sino un caldo... picadillo, claro que si te echan una mirada de esas casi mejor salir corriendo y esperar mejor ocasión ... que esté de espaldas por ejemplo. Buen relato guapa, no merecías compartir mazmorras conmigo. Un beso

Durrell dijo...

Mmmm Prometeo, hay gustos peligrosos. Yo haré como en el anuncio aquel en que todo el mundo salía en coche de la ciudad huyendo de Hannibal mientras él cortaba los setos. Cuanta más distancia mejor por si las moscas le parecen poca cosa para comer.
:)

Durrell dijo...

Consuelo, eso de la mazmorra me ha gustado. Podríamos montar allí una fiestuki para todos los que han sido mazmorranos de Sherezade. También podríamos (esta idea es mejor) instaurar en el foro la tertulia de la mazmorra y comentar los relatos que caigan dentro, con tal de ayudar a sus autores.
¿Qué te parece? ¿lo hablamos?

Besotes, guapa.