30.10.07

Noche de difuntos

Desde unos cuantos días atrás, por los pasillos del mercado municipal se respiraba a fiesta venidera, a celebración de charanga envuelta en suaves olores de dulzainas y licores. Quien más y quien menos dejaba caer de vez en cuando una cierta sonrisilla de satisfacción, los que llenaban las bolsas y cestas lo hacían pensando en aquella algarabía de encuentros con familiares y amigos con los que compartir una velada de bromas y carcajadas, y los tenderos, además, por el incremento de ganancias que supondría la esperada fiesta en la caja de esa semana.

Por doquier se sucedían los grandes sacos blancos con la pequeña pala dispuesta a sumergirse en el interior buscando los preciados frutos de color castaño, redondos, duros y saltarines en el constante trajín de rellenar bolsas transparentes e inmaculadas que iban a parar a la consabida balanza electrónica. Los boniatos en los puestos se hallaban casi confundidos en color y volumen con el de las patatas y como ellas caían por kilos en los bolsones preparados para tal avío. Frutos secos con cáscara y sin ella competían con sus hermanas las frutas, ya secadas y encogidas, un tanto arrugadillas algunas, otras con la piel melosa y aún otras enharinadas, pero dulces y perfumadas todas por efecto de la concentración de sus blandas carnes. Las pequeñas rosquillas, buñuelos, huesos de mazapán y bollitos de piñones eran sin duda los reyes de aquel festín de sabores deseados, y las cajas repletas se sucedían unas a otras en aquel baile de desenfreno gastronómico.

Anina, con su delantal blanco en el que llevaba prendido la caricatura en tela de una castaña gigante, sorteaba, casi a cada hora, el gentío que se acumulaba delante de las paradas y bajaba las escaleras que conducían a las cámaras. Desde allí resurgía de nuevo con aquellas montañas de cajas que apenas podía sostener entre unas manos extremadamente blancas que le daban aún mayor sensación de fragilidad. Una sonrisa de compromiso no exenta de cierto temor le hacía mala compañía a la mirada ávida y triste de sus ojos claros; sus pies no habían parado quietos en esa semana tan extraña para ella como las palabras que le repetían constantemente en un idioma que se esforzaba por retener, sabiendo que su futuro dependería de ese aprendizaje. Los olores le traían a la memoria otras vivencias anteriores, otro clima menos benigno y la imagen de su madre con las manos en la masa de harina y azúcar para conformar el pan dulce con nueces y otras exquisiteces que solía acompañar con un dulce licor de ciruelas. Pero Anina no quería pensar ni recordar mientras sus pies se movían ligeros por las calles del mercado, harto lloraba ya por las noches sin necesidad de llamar la atención a su alrededor durante el día.

Esa noche tan esperada por la mayoría como tema de algarabía y derroche culinario no fue festivo para la joven Anina, pues ocupaba un rincón de una casa compartida con otros tantos emigrantes de su país y lo que trajo ese día del mercado lo repartió celosamente entre los críos que por mal alimentados estaban siempre dispuestos a pelearse por cualquier nadería. Una mesa vieja, unas sillas desparejadas y varios colchones destartalados no muy limpios, componían todo el mobiliario de aquel lugar que había pertenecido a una antigua fábrica que ahora estaba medio en ruinas. Se alumbraban con algunas velas de dudosa procedencia y el aspecto y olor que desprendían los cuerpos hablaba mucho de las condiciones higiénicas en aquel lugar. Aún así, aquella noche Anina recogió en un pequeño pañuelo unas cuantas monedas ofrecidas con la solidaridad que caracteriza a los desterrados en la miseria. Todos quisieron contribuir en la compra del pequeño ramo de flores para Csaba. Unas pocas palabras de agradecimiento salieron de la boca de Anina antes de romper a llorar como cada noche desde hacía apenas tres semanas, un tiempo que a veces le había parecido tan lejano desde que su joven esposo quedó muerto en la acera de una calle cualquiera a manos de unos jóvenes delincuentes que se creyeron con derecho a matar en nombre de Dios sabe qué ideales. Unos días después Anina, agradecida a los patrones compasivos que quisieron ofrecerle el empleo, comenzó a demostrar con ahínco la valentía del necesitado mientras cargaba con el peso del trabajo, aún derrumbándose cada noche entre sus compañeros, tan cansados y mal alimentados como ella, sin llegar a comprender en ningún momento porqué otro idioma, otra cultura o simplemente otro color de piel, podría ser causa justificada para que unos humanos negasen a otros el derecho a la vida.

14 comentarios:

Malena dijo...

Gracias por este relato, Durrell. Es una toma de contacto con la realidad nuestra de cada día. No todo es alegría lo que hay con la fiestya de la castañada. Hay un recuerdo para los ausentes y una vida llena de sacrificios en una tierra extraña.

Es un homenaje para esos inmigrantes que sin conocer nuestra lengua o conociéndola tienen que hacer mil sacrificios para poder vivir.

Un beso muy grande.

Durrell dijo...

Gracias a ti Malena. No podía ser de otra manera mi relato de esta semana. No sé qué es lo que estamos haciendo mal pero el odio sigue creciendo... ¿razones? Ni una, todo pamplinas.

Un beso

Fede dijo...

Querida amiga,
Me ha encantado tu relato.
Y sí, efectivamente estos días en que en Burgos se habla mucho del alto porcentaje de inmigrantes que tenemos, pienso a veces de lo injusto de la situación y sobre todo de la angustia terrible que debe ser llegar a un país del que no se conoce la lengua ni las costumbres, tratar de ser agradable y sin querer "meter la pata" y recibir toda clase de males contestaciones, desprecios o comentarios xenófobos.
Precioso relato.
Gracias

Durrell dijo...

Hola Fede,

Yo creo que empecé a escribir la primera parte sin saber a donde me iba a llevar, y las noticias de estos días se impusieron por encima de la castañada, velada o Haloween que se celebra esta noche.
Aún tengo en la retina un reportaje de televisión en que aparecía una mujer llorando desesperada al lado de su marido tetrapléjico, víctima de un ataque xenófobo; un ataque cuya causa fue el color de su piel. ¿De donde sale tanto odio? ¿quien lo engendra y para qué? En estas cosas caminamos hacia atrás, cada vez más atrás.

Muchas gracias por tu comentario, Fede y que paseis una buena velada.

Un abrazo :)

María Narro dijo...

Hola mi niña, entre ayer pero necesitaba tiempo para leerte bien.

Me ha gustado mucho, pero... hay un pero.

El mensaje es cojonudo pero el relato se alarga al principio sin que ocurra 'nada'. Verás un gran cuentista dijo: el relato debe ser una flecha. Traducido por mí eso significa: enseguida acción.

Si en tu relato hubieras empezado antes la historia de Danina, el relato hubiera enganchado más.

Creo.

Aunque también es verdad que yo de las castañas no sabía nada ;)

Un besazo.

Anónimo dijo...

Bella y triste historia. Lo que paso espero que sea la excepcion, que lo es. Tantas esperanzas en esta españa nuestra, un trabajo, dinero, escuelas, sanidad...tantos sueños de buen futuro que las veces se ven truncado a mitad de camino. Nada es como se espera y, atras, no queda nada. Delante la desesperanza.
Un pero a tu relato: el prologo muy largo.
Las castañas, soy de Galicia, es toda una cultura para nosotros. Cuando no habian descubierto America era como la patata ahora. COn mucha energia, buen reconstituyente, aporta muchos minerales y fibra y, calentita, es una delicia. Me encanta cocida con anis...
Uhhhh!
Un abrazo.

Durrell dijo...

María, Prometeo, teneis razón en que el comienzo es largo, ya lo he explicado más arriba. Me costó mucho unir las dos partes de este relato pues el tema propuesto 'La noche de difuntos' es la tradicional noche de 'La castañada' en Catalunya y se asan castañas y boniatos y se comen panellets (los bollitos de piñones, en el relato) acompañado todo ello con moscatel. De ahí que comenzara explicando el ambiente que se ha vivido siempre en los mercados con la llegada de estas fiestas. Después vi la imagen de la niña atacada en el ferrocarril y también la del hombre tetrapléjico y su mujer llorando y decidí que la historia iría sobre esa temática.
No quise borrar la primera parte porque me gusta como la escribí y la verdad es que no quedó bien empalmada con la segunda cuando lo presenté en el concurso, así que volví a rehacer la segunda antes de colgarla aquí y parece que ha quedado más uniforme pero el comienzo demasiado largo.
En fin, que se quedará así... ahora a comer castañas (las gallegas, las mejores de toda la vida, Prometeo) que ya ha llegado la época y hay que preparar el cuerpo para los fríos que se avecinan.

¿Cocida con anís? No tenía ni idea, habrá que probarlo ;)

Besitos para l@s d@s :)

Kuka dijo...

Hola Durrell
Ya habia leido tu relato en el foro que lo expusistes y como ves el mejor premio son las contestaciones que has recibido.
Escribes fenomenal.
Seguire leyendote.

Durrell dijo...

Gracias lunagris, eres muy amable. Eres muy bienvenida al blog y al foro, no se si escribes pero si es así, espero leer tus relatos pronto. Me gustaría que me autorizases para entrar en tu blog, pues lo he intentado y blogger me avisa que solo pueden entrar personas convidadas.

Un abrazo.

Patry dijo...

Durrell...no se que decirte que no te hayan dicho ya jeje.
Estupendo, triste, real...me ha gustado mucho.
Un beso.

Miguel Schweiz dijo...

Al fin Durrell he podido terminar de leer el blog y no sabes cómo me siento. Es tan... ni sé cómo explicarlo.

Este relato por ejemplo, con esa primera parte descriptiva, tan rica en imágenes, sensaciones, y la segunda en dónde describes el personaje en sí y lo que le rodea, permitiendo sin extenderte, con lo justo, que uno se adentre y termine como formando parte de sus circunstancias.

Además, tan entrañable todo. Acaricias cuando escribes.

Un abrazo cálido

Malena dijo...

Durrell, no es normal que estés tanto tiempo sin escribir. ¿Está todo bien?

Un beso muy grande.

Durrell dijo...

Todo bien Malena, pero no encuentro tiempo para entrar. Ahora me tengo que ir, a ver si a la noche me pongo a contestaros y puedo colgar algo.

Muchos besitos ;)

Durrell dijo...

Patry, muchas gracias guapísima. Y un beso para ti también :)

Miguel,entiendo que te has leído este blog de blogspot que más o menos aún puede leerse, porque si me dices que te has leído la primera parte que está en Terra, es para hacerte un monumento :)))
Te agradezco mucho tus palabras, eso de que acaricio cuando escribo no me lo habían dicho nunca, eso si que ha sido una verdadera caricia. Gracias y un abrazo.

Malena, como te decía antes, voy con las horas contadas en el ordenador, creo que esta semana va a ser así hasta el último día y la que viene aún no lo sé. Prometo pasarme por vuestras casas en cuanto pueda. Estoy escribiendo el relato de la semana a ratos y ni sé lo que va a quedar, en fin...

Muchos besos para ti, y para todos :)