16.12.07

Con Corona Real

(Dedicado a Patry)


Esto si que ha sido lo que se llama tener mala suerte, nunca encontraré otra como ella. Esto lo aseguro con la mano en el corazón, que lo tengo triste y dolorido desde que se la llevaron escaleras abajo como si fuese un deshecho sin valor. Y no lo era, no, para mí fue como una compañera, como una sierva dispuesta siempre a satisfacer todos mis anhelos, era única entre todas las que he conocido, no tengo suficientes palabras para elogiarla y sé que nunca, jamás la olvidaré.

- ¡Venga, Manolita, que solo era un vulgar frigorífico!

- ¡Cállate Antonio, tú que sabrás! ¡Y no la llames vulgar frigorífico! Era mi nevera, una Real nevera, y eso no me lo puedes negar porque hasta tenía corona…

- ¡Sí, menudo diseño! Como debía estar de la cabeza el que ideó semejante…, bueno, mejor me callo que no tengo ganas de discutir.

No hagáis caso de las palabras de Antonio, tiene menos sensibilidad que el clavo de un armario. En fin, pasaré a describiros detalladamente el cuerpo de la tristemente fenecida: Su color oscilaba entre un rojo y un granate metalizado, cuando incidía la luz sobre ella le arrancaba destellos en tonos plateados, como la superficie de las bolas que se cuelgan en el árbol de navidad, y su interior estaba dividido en un gran habitáculo que era el frigorífico propiamente y en la parte de arriba otro más pequeño como de unos tres palmos de altura que era el congelador. Y ahora os cuento el detalle más peculiar a la vista: Sobre la parte superior de la zona frontal reposaba un listón en forma de tiara plateada y con pequeños cristales en forma de brillantes. Esto supongo que ya os da una idea de lo que era su interior…

- Si, cuenta… cuenta que ahora viene lo bueno.

- ¡Antonio! No me interrumpas, que así no hay manera…

¡Qué hombre este! ¡Y porqué no se irá a darle una vuelta al planeta en vez de estar revoloteando a mis espaldas…! Bueno, sigamos. Os explicaba que en su interior no se encontraban los típicos estantes de alambres pintados, sino unas bandejas sumamente preciosas, plateadas y con flores heráldicas grabadas en su superficie; los botelleros de la puerta no estaban cerrados con tiras metálicas, pues nuevamente aparecían las imitaciones de tiaras como la que os he descrito antes y la huevera representaba un grupo de dedales plateados con coronas, pero en el tamaño adecuado, claro está.

- ¡Hombre, eso me gusta! ¡Tamaño adecuado! Pero si ahí no había manera de que se estuvieran quietos los huevos, Manolita. Cuenta mujer, cuenta las veces que se han caído los huevos al suelo por culpa de los dedalitos del demonio…

- ¡Si tú no dieses esos portazos!

- ¿Portazos yo? Pero si abriendo la puerta a velocidad normal, podíamos haber jugado a ‘Tiro al huevo’, si allí los huevos volaban más que la gallina que los puso…

Haré como que no he oído nada y seguiré con el relato que es lo mejor. Ahora viene lo más increíble de lo que os contaba: resulta que desde el primer día que llené la nevera con los diversos alimentos, a la hora de recogerlos tenían un sabor inmensamente más bueno y exquisito. Todos los guisos empezaron a quedarme sabrosísimos después de cocinarlos, los yogures, los flanes y todos los lácteos en general salían de la nevera convertidos en caprichos de dioses, las ensaladas me quedaban divinas y las frutas se convertían propiamente en pecados de cardenales…

- ¡Eso, tú lo has dicho! Un pecado era ver cada verano el chorretón que caía en el suelo proveniente de los melones y las sandías que metías en la nevera dichosa.

- ¡Ya salió! Tampoco era para tanto ¿no? Todos tenemos nuestros defectos y eso era bien poca cosa comparado con la cantidad de virtudes que estoy enumerando.

- Pero a ver, Manolita, que no era una cosa cualquiera, que el chorretón tenía recorrido largo y cada año se levantaba el parqué del pasillo…

- ¡Bueno y qué! ¿Acaso no se volvía a bajar después cuando se acababa la temporada?

- Sí claro, después de que yo me pasara las horas arreglando el desperfecto. ¡Lo que hay que oír! Y las sandías y los melones ¿qué? se encogían por falta del jugo, si es que no sé que entiendes tú por “pecados de cardenales”….

- Pues a mi me iba muy bien que se secaran un poco, era más adecuado para hacer bolitas para las ensaladas.

- ¡Sí y qué más!

Sigo, sigo con el relato, si es que a esto se le puede llamar propiamente un relato después de tanta interferencia… El caso es que mi nevera parecía tener vida propia y yo la cuidaba y la mimaba para que estuviese a gusto con nosotros, no me iba ningún día a la cama sin hacerle, con la punta de mi dedo índice, tres cruces en la puerta grande y sé que por eso es que me ha durado veintiún años, estoy segura. Y lo más probable sería que hubiese durado bastante más si Antonio no le hubiese toqueteado los circuitos...

- ¡Encima! Si le toqué los circuitos, como tú dices, es porque se había parado el motor de puro viejo. ¡Ni cruces ni monsergas!

- ¿Me estás llamando supersticiosa…?

- ¿Yo? ¡No! ¡Nada más lejos de mi intención! Anda, envía el relato que ya se verá quien tiene razón…

8 comentarios:

Durrell dijo...

Prometi a Patry dedicarle el siguiente relato que escribiese y aquí está en clave de humor.

Patry, espero que te arranque al menos una sonrisa.

Un beso guapísima.

Anónimo dijo...

Genial. Nos encariñamos con las cosas, las terminamos queriendo y, al final, hasta sufrimos cuando petan y se acaban.
Una sonrisa triste por algo que se va. A por otra.
Un abrazo.

Consuelo Labrado dijo...

En esta ocasión solamente tú y yo hicimos los deberes, muy buen relato Durrell preciosa. Un beso

María Narro dijo...

descanse en paz la fenecida, o cómo se diga.

cada día estás más tonta ¿no? jajajajajaj

Un besazo.

Durrell dijo...

Este relato lo escribí hace ya varias semanas para el concurso de 'El rincón', me inspiré en 'Escenas de matrimonio' y bueno, salió esto (a esta Manolita desde luego se le ha ido la pinza...) con lo que esperaba sacar una sonrisa a quien lo leyese. No viene mal. A las penas puñaladas, dicen.

Gracias por vuestra lectura: Prometeo, Consuelo (lo habia supuesto) y María (sí, tonta tonta, sin remedio ;))

Besos para todos

Patry dijo...

Jajaja muy bueno el relato Durrel y por supuesto que has conseguido arrancarme una sonrisa, y más de una!!Muchas gracias por dedicármelo.

Un abrazo!!!!

Fede dijo...

Me ha gustado tu relato Durrell.
Casi todos tenemos alguna reliquia que nos obstinamos a defender contra la sentencia de toda la familia... y es que las cosas al cabo de los años y del uso diario acaban pasando de "inanimadas" a "muy aniamdas!"

Durrell dijo...

Gracias a ti Patry, siempre es un placer encontrar tu sonrisa.

Feliz Navidad ;)

Fede, acostumbramos a darle valor a los objetos que nos traen buenos recuerdos. ¿Es fetichismo, superstición...? pues algo debe haber de eso, supongo.

Feliz Navidad :)