27.12.07

Desdémona


A Desdémona le marcó el destino un padrino amante de la ópera y de las letras de Shakespeare. A sus padres que no tuvieron apenas posibilidad de aprender a leer y a escribir, el nombre les pareció un tanto extraño para una criatura tan pequeña, pero en aquellos tiempos de pobreza y necesidad estos detalles carecían de importancia. Aquel apadrinamiento por parte del amo de la hacienda vendría acompañado de una moneda de plata y un cesto con ropa desechada por su propia hija que tenía más edad.

Desdémona llegó a los siete años con el cuerpo pequeño y flaco pero no exento de armonía, en su cara morena aparecían como engarzados unos ojos verdes y brillantes que ella solía fijar en los demás con la avidez de un felino. La muerte de su madre dejándola tan pequeña, conmovió el corazón de la señora de la hacienda y después de consolar al viudo decidieron llevársela a la casa grande. El ama la puso bajo las órdenes de la cocinera, que era una buena mujer, y a partir de aquel día la niña dedicó todas las mañanas a los quehaceres en la casa con los que iniciaría su largo aprendizaje. Las tardes las pasaría con los hijos de su padrino, Román de diez años y Julia de ocho, con ellos empezó a compartir horas de estudio y tiempo de juego.

La niña acostumbrada a la vida del campo, se mostró ágil y emprendedora y Román no tardó en aceptarla como a un igual. Julia, más serena, aunque se dejaba arrastrar por ellos en sus aventuras por el bosque y los baños en el río, solía quedarse en la orilla o bajo los árboles observándolos. A Román le fascinaba su pequeña amiga, decía que Desdémona flotaba ingrávida sobre sus pies, tal era la agilidad que demostraba. Julia apretaba fuertemente los labios cada vez que le oía hablar así, y si la pequeña la había observado en ese momento con aquella mirada suya tan penetrante, Julia sin contemplaciones la había rehuido velando sus pensamientos a aquellos ojos que consideraba descarados y salvajes. Estuvieron juntos hasta que Román cumplió los catorce años, momento en que los dos hermanos partieron hacia distintos internados para seguir sus estudios.

No volvieron a verse hasta cuatro años después. Desdémona, gracias a los buenos cuidados que le había prodigado la excelente cocinera había crecido fuerte y sana. Román y Julia también habían cambiado mucho y con sus ropas elegantes y a la moda deslumbraron a todos los componentes del servicio de la gran casa, los dos venían cargados de proyectos para pasar un verano entre fiestas, excursiones y amigos que no tardarían en llegar. Román había heredado de su padre el gusto por la música y las letras y sufría de unos dieciocho años tormentosamente románticos y novelescos. Julia más fría y reflexiva, era muy consciente de la realidad y creía firmemente que ésta podía doblegarse con decisión y firmeza para satisfacer sus caprichos.

En esos cuatro años Desdémona había aprendido y comprendido que su lugar no estaba al lado de sus compañeros de juegos y un poco por timidez y otro por respeto, se mantuvo alejada de ellos durante unos días. Todas las tardes solía bajar hasta la casa de su padre y después volvía corriendo a través de los campos, por los atajos conocidos; no había perdido nada de su agilidad y se sentía libre y feliz en aquellos momentos de expansión. Al cuarto día de su regreso, Román vio desde la ventana la llegada de su antigua compañera de juegos corriendo con la melena al viento, y no dudó ni un momento de quien era ella. No pudo reprimir emitir unas palabras en voz alta -‘Corre Desdémona, corre, flota, vuela, tu cuerpo es como una melodía’-. Si él se hubiese girado en ese momento, se habría sorprendido con la expresión de odio reflejada en la cara habitualmente serena de su hermana. Julia había sentido en ese momento renacer los celos infantiles que le habían embargado durante tantos días en su infancia, y tal vez por la inconsciencia de sus dieciséis años o porque sus celos habían madurado demasiado en su espíritu, decidió esa tarde acabar con Desdémona.

Román, Julia y Desdémona se hallaban tumbados sobre la hierba, oyendo el rumor del agua cantarina, secándose al calor de los rayos del sol. Se habían bañado juntos, se habían recordado anécdotas de los días pasados en aquel río y ahora descansaban medio adormecidos por el calor. Julia se incorporó y sacó botellines de refresco de la cesta que habían llevado con la comida, le tendió uno abierto a su hermano, mientras ella bebía de otro. Román señaló hacia Desdémona y su hermana se encogió de hombros en un gesto despectivo y continuó bebiendo, a él no le gustó esa altivez de su hermana, sentimiento cada vez más habitual en ella. Llamó a Desdémona y le ofreció su botella, la muchacha le dio las gracias con sus ojos brillantes. Y comenzó a beber con la sed impetuosa que trae el calor del verano, bebió más de la mitad del líquido de la botella y la dejó caer mientras la tarde se nublaba para sus ojos, unos ojos de penetrante mirada que se clavaron en los de Julia, leyendo por fin en ellos el odio desafiante y corrompido por los celos. Román no veía a su hermana, el cuerpo de Desdémona dejó de flotar ante él y cayó sobre la hierba, pesado, inerte y sin vida.

6 comentarios:

Consuelo Labrado dijo...
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Consuelo Labrado dijo...

Hola Durrell, tengo un recado para ti de un amigo que conocí a través de su prima que és íntima amiga mía de hace muchos años. Es un personaje famoso y siempre hemos sido muy discretos a petición suya, pero ahora desea contactar a través de un blog y os ha dejado un mensaje en el mío. Aquí te dejo el enlace para que lo mires.

Besitos

https://www.blogger.com/comment.g?blogID=5000421506631822173&postID=5335507338082303926

Anónimo dijo...

uahauah gracias por el consuelo y la explicación pero estoy muy bien ahora amiga. El resfriado pasado,y lo de la fama ya está superao nunca la pretendí,bueno si en la juventud,era una tertulilla con un amigo que he conocido en los blogs.
Mi tristeza y mi perdida es otra y ya no tiene consuelo sino olvido.

Y sólo la soledad son ahora mis lágrimas, de alegría creo porque ya no me duelen cuando las dejo caer sin tratar de retenerlas ya he aprendío. Y no vive dios que se disfrutan y relajan,menos mal que los animales tenemos defensas naturales,lo malo es que nos engañan. TRANKIMAZINES versus lágrimas.

Un beso y gracias por leerme.

Me voy a come que son casi las 4

María Narro dijo...

¡qué malos son los celos y qué bien escribes!

Un beso grande, y un peton grande también ;))

eMe Logar. dijo...

Hola durrell,decirte que a pesar de ser dia 28,te lo puedes creer o no,eso ya me es indiferente en serio,mi cancion ya ha llegado a la persona dedicada a traves de una persona amiga que estaba en la gala y que me dijo que se encargaria de hacersela llegar y yo con eso te aseguro que me doy por satisfecho,solo porque vea con el cariño sincero con que se la he hecho y el esfuerzo que ha hecho juane que estando enfermo y todo saco un momento y encima con proceso de urgencia para que todo eso fuera posible,la verdad es que estoy encantado y super orgulloso de gritar a los cuatro vientos que me gusta hran hermano y que la ganadora de este año dignifica definitivamente un concurso muy denostado por la mayoria,el triunfo de la gotica ha sido un triunfo de la españa moderna en la que yo creo,ha sido el reconocimiento de las minorias por una mayoria y eso es algo que desgraciadamente no ocurre cada dia en nuestro pais,asi que si encima de todo eso escucha la cancion que le he hecho con todo el cariño,doblemente contento.
Feliz año
Milú

Durrell dijo...

Gracias a ti Juane, y me alegro de que ya estés mejor.
Un abrazo :)



María, un petó un beso y molts petons muchos besos. Hoy nos lo hemos pasado muy bien ya lo habías adivinado jajaja. Una forta abraçada guapísima :)



Milú, he visto imágenes por televisión de la ganadora. Aunque no he seguido el concurso, si entiendo ahora por donde iba la letra de la canción. Creo que se ha merecido con mucha justicia el haber ganado.

También quería agradecerte tu felicitación de Navidad, era muy graciosa y nuy mona ;)

Un beso ;)