1.4.11

Nada perdí

Nada perdí, porque nada era mío. Todo es efímero en esta vida. Se atesoran cosas, afectos, momentos felices,... pero nada ni nadie nos pertenece.

El transcurrir de la vida me lo ha ido enseñando, la negra guadaña corta limpiamente lazos que creía bien atados. La sabia naturaleza, con el tiempo, va aflojando otros nudos que nacieron de mí. Y poco a poco mis brazos ya no abrazan y mis manos no retienen otras manos tan queridas. Así es como ha de ser.

Reflexionar serenamente sobre el pasado, ayuda a ver con más claridad. Lo que hice, lo que podía haber hecho, lo que debí pensar antes de hacer,... recuerdo los aciertos y los errores, lo que es al fin y al cabo el recorrido de un ser humano.

No es más sabio el que más aciertos consigue, sino el que menos errores comete. Esas son mis conclusiones pero... -siempre hay un pero- el destino te lleva por tu camino propio, que no es el mismo de ningún otro. Las decisiones que tomo hoy, con la experiencia adquirida, no son sinónimo de buenos resultados, aunque hayan sido decisiones muy meditadas. Habrá muchas circunstancias que influyan en el devenir de los acontecimientos, tal como ha ocurrido siempre. Porque por no tener, no tengo ni la certeza de que lo planificado se cumpla ¿Quién la tiene?

Nada perdí ni nada perderé, simplemente porque no poseo nada.