24.5.11

El Suicida

- Mire yo… ¿qué quiere que le cuente? No soy un héroe ¿sabe?...No me siento capaz de pasar por todo lo que me deparará la enfermedad. Todo ese dolor…ese malestar, la radioterapia...o la quimioterapia…o lo que sea. Todas esas cosas por las que ustedes apuestan para alargarnos la vida un poco más, unos meses más de sufrimiento. Ya lo estoy pasando bastante mal, no soy el mismo, siento como mi cuerpo decae y como la enfermedad me corroe por dentro. Y no quiero seguir así, pero soy un cobarde. Soy tan cobarde que me da miedo acabar con mi vida, tengo pánico de la agonía del último momento y por eso decidí tomarme las pastillas.
 
- ¿Y creyó que conseguiría llegar hasta el final sin que nadie se diese cuenta? Permítame explicarle... en una gran proporción de los pacientes que hemos atendido tras intentar suicidarse con pastillas, no querían hacerlo en realidad, en el fondo de su ánimo simplemente buscaban llamar la atención de las personas de su entorno...
- No es mi caso, no, para nada. Yo lo intenté todo antes de eso…bueno, todo no. Nunca he tocado un arma, hubiese sido muy difícil tener acceso a una y no creo que acertase al primer intento ni al segundo, seguramente me haría daño y no acabaría con mi vida... Lo primero que se me ocurrió, lo más fácil, fue subir a la azotea de casa e intentar lanzarme al vacío. Pero aunque parece sencillo no lo es, hay que tener mucho valor. Cuando estás allá arriba imaginas como tu cuerpo cae a una velocidad vertiginosa y te ves invadido por el pánico intentando agarrarte al aire en unos segundos interminables para después recibir un impacto terrible que te llenará todo el cuerpo de un dolor insufrible antes de morir…si consigues morir, claro. He oído hablar de casos en los que el suicida ha estado moribundo durante días. No fui capaz de hacerlo.  
- …………  
- No, no me diga nada. Sé que me va a decir que el verdadero valor está en enfrentarse a la vida. No le diré que no sea verdad, pero a estas alturas esa frase ya no me sirve. A la vida nos enfrentamos por inercia, porque no nos queda más remedio. Igual pasa con la muerte, no podemos luchar contra ella. Yo temo al sufrimiento físico. Por eso volví a la playa aquella noche. Pude aguantar el frío del agua mientras rodeaba mi cuerpo mientras avanzaba hacia su interior, recuerdo que el corazón cada vez me palpitaba más deprisa y que empezaba a faltarme el aire cuando aún no me había sumergido, acerté a oír voces y gritos pero seguí adelante dispuesto a llegar al final. Cuando mis pies dejaron de tocar fondo, hice esfuerzos por mantener la cabeza dentro del agua, sabía que debía abrir la boca y dejar que el líquido frío entrase dentro de mí, pero mis labios y mi nariz se mantuvieron firmes aguantando el aire que tenía dentro. Llegó el momento de expulsarlo y la primera bocanada de agua me invadió. Fue horrible sentir que me faltaba el aire, me revolví en el agua luchando conmigo mismo, el pecho parecía a punto de explotarme y el instinto me venció. Subí a la superficie aterrado, devorando el oxigeno desesperadamente y saqué fuerzas de donde no las tenía para nadar hasta que unos brazos me apresaron y me condujeron hasta la orilla.
- ………… . 
- No voy a narrarle las explicaciones tan absurdas que tuve que dar a mi familia. Estoy seguro de que no se las creyeron pero me dejaron en paz. Las demás posibilidades las descarté sin un mínimo intento, estrellarme con el coche o arrojarme a una vía de tren no eran del todo infalibles y de nuevo aparecía un aumento del dolor físico como alternativa. Entonces fue cuando pensé en los relajantes musculares que estaba tomando, me producen una gran somnolencia cuando los tomo y no siento el dolor durante unas horas. Imaginé que sería una muerte muy dulce, me dormiría tan profundamente que no sentiría nada…nada. Al otro medicamento supuestamente soy... bueno, era alérgico. Así, con esta mezcla, podía acabar de una vez casi sin sentir, sin darme cuenta de cómo la respiración comenzaría a bloquearse y el corazón poco a poco dejaría de latir por falta de oxígeno en la sangre. Hubiese sido una muerte muy placentera, contraria a la que me espera. Había conseguido ingerir veinte pastillas entre ambos medicamentos y estaba solo en casa, mi hija estaba en la universidad y mi mujer tardaría aún dos horas en llegar desde el trabajo… Había estado tan preocupado reuniendo el valor necesario durante horas, durante días, que no percibí información alguna sobre la huelga de estudiantes… ¿Cómo podía imaginarme que mi hija volvería a casa a la media hora de…? Y qué decirle de los caprichos del destino... diez años evitando ese medicamento por una alergia confirmada por varios médicos de este mismo hospital... y a la hora de la verdad, nada... tan solo una caída de tensión... Yo, serenamente, les aseguraba que lo mejor es que me dejasen en mi cama, que no iban a llegar a tiempo aunque la ambulancia acelerase con toda urgencia, pues la alergia actuaría más rápido que ellos... y ya ve, me siento ridículo ante los hechos, no hubo tal reacción y ahora... con el lavado de estómago... Un mal rato para nada...  
- Mañana verá usted las cosas de otra manera, hoy debería dejar de atormentarse y descansar…
-Descansar…sí…. Querría descansar…de una vez…