27.6.11

La Maleta de Lagarde

- ¡Osú, madre mía! ¿y que traerá este tío en la maleta?

Antonio ‘el maletas’ está que se sale de sudor mientras arrastra el voluminoso equipaje hasta la puerta del ascensor. El dueño del muerto aquel, un tipo bien trajeado y con flequillo diseñado por estilista, camina detrás hablando por el móvil. Se le ve un rato largo la petulancia en las maneras, la prepotencia del que domina. En el ascensor cierra el teléfono con un gesto afectado i se coloca el pulgar y el índice en la barbilla mientras mira el techo del ascensor como si estuviera planeando un nuevo diseño para esa caja elevadora. Antonio lo mira socarrón, ha visto otros tipos como este y piensa: ‘mucho teatro y luego na de na’. En la habitación la maleta se queda a los pies de la cama, Antonio abre la puerta del lavabo comprobando que todo esté correcto y entrega la llave al cliente antes de salir, - ‘Bon suár, mesié’.

En recepción no hay clientes y ‘el maletas’ se acoda en la superficie de mármol rosa, Janine está liada en el ordenador pero le mira a la cara y sonríe:

- Monsieur Jean Lagarde. Solamente una noche, mañana temprano te dejará la maleta en consigna y la recogerá por la tarde. No apuestes nada, no vas a tener oportunidad de ver lo que lleva dentro. – ¡Mon Dieu! mira que llegas a ser…¿cotorra?-.

- ¡Cotilla, se dice cotilla! Niña, más respeto que puedo ser tu padre. –Antonio le guiña un ojo a Janine- Ya veremos mañana lo que trae este repeinao. Y me voy, que por hoy ya he cumplio. No te canses niña.

Antonio se cambia la chaqueta en el cuarto de las maletas. Al salir encuentra al tal Lagarde que enfila caminando la rue Lafayette en dirección a las galerías. El maletero lleva el mismo camino y la distancia le permite ver como el hombre sube a un coche que le espera en la esquina, no ha podido ver al conductor y Antonio se desentiende silbando una melodía mientras sus pasos se pierden por la calle mojada entre luces y coches aparcados.

Son las ocho de la mañana, Antonio está de nuevo en su puesto. Janine ha sido sustituida por un joven más serio que no sabe apenas nada de castellano. El maletero no se arredra y avisa que va a la 306 alegando que tiene encargado pasar a recoger el equipaje. En el pasillo del tercer piso un carrito con ropa limpia delata la presencia de una camarera arreglando habitaciones. Antonio da tres golpes en la puerta:

-¡ Servís de valís, mesié!, ¡servís de valís!

Como esperaba, la puerta no se abre y el maletero utiliza su llave, no hay nadie en la habitación y desde el lavabo se oye el ruido del agua de la ducha al caer después de chocar contra un cuerpo. Sobre la cama se encuentra la maleta cerrada pero sin encajar en los cierres. Antonio la abre rápidamente y entre la ropa tres caras humanas sin ojos le hacen retroceder espantado, ha estado a punto de lanzar un grito…., pero no, una nueva mirada le hace ver que son tres cabezas de mujeres talladas en piedra. Cierra rápidamente la maleta y sale de la habitación, el tal Lagarde no ha oído nada.

En el pasillo la camarera mira a Antonio con ojos cansados y sigue con su trabajo, está acostumbrada a las maneras de este hombrecillo curioso y sabe que es inofensivo, más tarde se enterará del motivo por el que ha suspirado aliviado y le ha indicado silencio con el índice cruzando los labios. Él se dirige al bar en el restaurante del hotel y se pide un café para terminar de reponer sus nervios, el camarero también es español y escucha la historia de las tres cabezas con una sonrisa en los labios, son estas anécdotas de Antonio las que rompen la monotonía del trabajo en el hotel…

6 comentarios:

Durrell dijo...

Otro relato antiguo. Con este gané por primera vez el Tintero y recuerdo que se armó un gran lío al traspasar puntos de los emitidos en Sherezade... ahora me hace gracia y no creo que el relato lo valga... en fin, sorpresas del destino, qué le vamos a hacer.
Espero al menos, arrancaros una sonrisa.

Besos para tod@s.

Ana Bohemia dijo...

Que tío mas salao que es el Antonio, y cotilla. Y ya te digo que si, que he arrancado mas de una sonrisa. Me ha divertido leer las peripecias de este botones. Me alegro de que ganases... por supuesto que lo vale.
Un abrazo Durrel
;)

Nacida en África dijo...

Mi querida Durrell: Estámaravillosamente ambientado y te metes dentro de la historia. Tanto, que he pegado un salto cuando se ha encontrado con las tres cabezas... de piedra :) Yo ya pensaba que era Jack el destripador.

Muy bueno, Durrelilla.Felicidades.

Brisas y besos.

Malena

Hada del bosque dijo...

Es una história muy simpática.
Claro que al maletas le está bien ese pequeño susto, por curioso claro jeje.
Cierto que estas pequeñas cosas, ayudan a pasar la monotonía diaria.

Un gran abrazo,

H.B.

eMe Logar. dijo...

Ay si yo te contara las aventuras de un amiguete argentino en el mejor hotel de España, hacías un libro...

Estoy de vuelta de DJ y de ahí mi ausencia.(es verano)
Bss
Milú

Durrell dijo...

Gracias a tod@s por vuestros comentarios y sonrisas;)
Como bien dice Milú: es verano y a veces da pereza escribir o estamos liados preparando las vacaciones.
Yo aún seguiré por aquí, pero a los que os vais estos días e igualmente a los que os quedais os deseo un feliz verano.

Besos y abrazos.