16.11.20

DESMEMORIA


 

Ambos se miraron y dejaron cualquier otro gesto a un lado. Se reconocieron a la vez sin recordar. Fue un sentimiento compartido y se vio en cada uno esa mirada interior, dentro de la otra exterior, que quedaba desconcertada al no encontrar las referencias buscadas.

 

El primero, allí de pie acompañado de su pareja y rodeado de amigos, desconectó de la conversación y salió del grupo bajando titubeante las amplias escaleras. El azul del mar en el fondo con las barcas detenidas en la distancia y las rocas a tocar de la orilla. El segundo seguía caminando hacia las escaleras, su hija le preguntó si conocía a aquel hombre y él no le supo contestar. Arriba del todo la tarima con los instrumentos abandonados de los músicos, que hacían un descanso para refrescarse del intenso calor de aquel mes de agosto.

 

Los tres se encontraron a medio camino, los dos hombres se dieron la mano afectuosamente, felices de saber que el uno y el otro estaban bien, satisfechos de haber coincidido después de tanto tiempo. Sin embargo sus miradas inquisitivas y las preguntas de ambos —¿de qué nos conocemos? —¿dónde has trabajado? —¿y tú donde has vivido? —¿has estado en aquél hospital?... Ella los miraba llena de curiosidad pues las respuestas no coincidieron y ellos cada vez estaban más desconcertados. Vivían lejos cada uno del otro, ni sus trabajos ni su vida tenían característica alguna que los pudiese acercar y sin embargo allí estaban. Intercambiaron sus nombres y aún les creó más dudas a ambos. El batir del mar se oía de fondo junto con el murmullo del público, hasta que las primeras notas de la tenora empezaron a sonar.

 

Los dos posibles amigos en un impulso mutuo se abrazaron y tras unas  mutuas palmadas en la espalda se despidieron deseándose lo mejor. La hija espectadora de aquel encuentro también se despidió tan sorprendida como ellos.

 

 

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