Lo odio, lo odio con todo el furor de lo que mi mente es capaz. Me tiene encadenado a su capricho, absorbido por sus vaivenes, enardecido por sus desplantes, agobiado por sus reservas y después de toda esta confesión que me hago a mi mismo me enlazo a la silla en un giro por la retaguardia casi imposible y me digo que no me moverá nadie de ella hasta que caiga rendido de puro agotamiento o salga victorioso de esta infinita contienda. O él o yo. No hay espacio para nadie más. No quiero que nada interfiera en esta lucha encarnizada de suspiros y chirridos, no quiero que una sola palabra pueda desviar mis ojos y mis pensamientos.Mis dedos están cansados, mis brazos se quejan amargamente por la terrible postura de tantas horas, mi espalda alicaída se desespera buscando otras formas, otras planicies en el sentido que se perdió en el horizonte. Pero la voluntad con la que mi cerebro se aferra a esta lucha es más poderosa que la fuerza de cien soldados, y no dudará en enviar mensajes una y otra vez a las yemas doloridas. Cada segundo es importante, cada chispazo de esta máquina es un aviso para que no desfallezca. En algún lugar, en algún momento puede aparecer la respuesta. Siete mil ochocientas cuarenta y dos… siete mil ochocientas cuarenta y tres… otra más y otra y otra, que vengan cuantas hagan falta. El tiempo es algo intangible y no puede hacerme daño su roce, pero ¿sabrá aguardar con paciencia el final de esta contienda?
Algo percibo más no quiero ponerle un nombre, uno de mis cinco sentidos envía señales de malos augurios. No quiero reconocer ese olor, he de dejar de respirar si hace falta. Que mi cerebro no se distraiga con cosas sin importancia, fijemos la vista un tanto desordenada, otro tanto desvariada y vilmente traidora que se aleja buscando indicios, señales, partículas inherentes que demuestren y corroboren los malos augurios prevaricados. No hay sonido alterado, el chirrido es el mismo de siempre y si su naturaleza se mantiene es que defiende a ultranza el buen estado de los componentes. Pero sigamos sin desfallecer, tal vez mi garganta adolezca del gusto amargo que da la sed y mis pupilas irritadas viajen insistentemente hacia la sequedad de unos párpados que apenas se mueven. Es ésta una dura batalla en dos campos distintos, porque en mi interior siguen debatiéndose el amor y el odio que me inspira mi rival, más no debo perder el tiempo en sentimientos vanos, son ya siete mil novecientas veinticinco y sigue negándome una victoria de la que me sabe ganador…
Ese olor está penetrando por el cañón de alambique que subsiste en el centro de mi cara, no hay ya medios para detenerlo. Esas moléculas de aire desprovistas de aroma se están apoderando de la razón de mi cerebro, inundándolo, sometiéndolo y entregándolo a ideas disparatadas que hablan mal de mi rival. No es ese final trágico el que persigo, no deberá acabar así nuestra desafortunada relación de estos años. Tal vez sería descabellado acariciarlo como si se tratara de la sedosa piel de una mujer o tal vez debería dejarme arrastrar por mis desvaríos locos y hablarle con palabras de amor que nunca antes habría pronunciado… no sé, el humo nubla mi vista y ha conseguido arrancarme desconocidas y extrañadas lágrimas que rebotan contra el teclado. No quiero perderlo ahora, lo necesito frente a mí. ¿Acaso no es verdadero amor aquel que prevalece por encima del odio? ¿No es verdadera pasión aquella que te hace desear estar siempre a su lado? ¿Y no es el sentimiento más puro aquel que desea su bienestar por encima de todas las cosas? Pues qué he de hacer sino dejarme vencer esta vez y otras cuantas sean necesarias para conservar este idilio mal llevado entre él y yo.
La separación se impone cierta entre nosotros. Mañana lo acompañaré en el estremecedor ritual al que cada cierto tiempo nos obligan las circunstancias, e imploraré con voz quebrada para que retengan escasamente en el tiempo mínimo imprescindible ese cuerpo, esa caja donde se halla el corazón primoroso de mi ordenador. Tal vez alguna lágrima a tiempo y el decaimiento en mis facciones conmuevan al alma de aquel que curará los desatinos de mi bendito rival.
11 comentarios:
¡Lo sabía! Hoy no me has podido engañar :) pero tengo que decirte una vez más que eres un genio.
Nadie como tú es capaz de hacer un relato sobre el tema del ordenador y poner en juego tantos sentimientos.
Eres un genio, Durrell, y sabes que no son alabanzas vacías. Salen directas de mi corazón.
Montones de besos y abrazos gorileros.
P.D/ Te escribo hoy. No he podido hacerlo antes :(
Sorprendida!!! Sin duda. esa es la palabra que define como me he quedado al descubrir que se trataba de la máquina de lo que hablabas!!
Impresionante!!! Es lo que me parece el relato!
Besos!!
PD: Será que si, que has llegado en un gran momento de cambios circunstanciales, aunque la esencia es la misma.
Muy bueno, hasta casi el final no me sorprendio el giro que le estabas dando a la historia. Amor de hombre y maquina no tan imposible, hay tan poca diferencia entre el odio visceral y el amor ciego...
Un fuerte abrazo.
Y sin embargo todos esos sentimientos son producto de la lucha interna que libra el personaje por liberarse de esa cadena que es la adicción a Internet, Malena. Es fácil transmitirlo cuando me paro a pensar las horas que ¿pierdo? delante de la pantalla. Como siempre, será el tiempo el que traiga las respuestas a estas dudas.
Muchas gracias y montones de besos para ti ;)
Dashina, gracias. No todos mis relatos son tan enrevesados como este jjj, las máquinas son tan frías que hay reflejar en ellas parte de nosotros ;)
En realidad lo que importa es la esencia. Con el tabaco, enhorabuena. Yo no lo consigo.
Besos :)
Prometeo, ese amor era muy interesado y aditivo. Librenos el destino de caer en él hasta ese punto, porque será que hemos perdido la noción de la realidad personal.
Un fuerte abrazo para ti :)
yo lo sospeché porque te voy conociendo y llevo años leyéndote. Pero no creo que las horas pasadas delante del ordenador sean perdidas.
Conoces, aprendes y escribes.
un beso grande.
¿Qué te digo que no te haya dicho ya?Estupendo relato!
Un besito!
Tengo una nominación para ti en mi blog!!jajaja.
Un besito.
Tienes razón María, el problema viene cuando quieres abarcarlo todo o cuando te das cuenta que no puedes hacerlo, de ahí mi comentario con interrogante ;)
Besos para ti.
Patry, gracias. Voy para allá ;)
Publicar un comentario