Aquella mañana había
refrescado y sobre el pantalón tejano, Joanna llevaba un jersey de hilo azul
celeste de manga larga. Hasta la última semana de agosto, normalmente, no
llegan las tormentas de verano y no bajan las temperaturas por la mañana. Pero
aquel día había amanecido con bastantes nubes y un poco de viento frío. Ella
avanzaba por el paseo casi sin ver a los rostros conocidos, pensaba en la
pregunta que le había hecho Gianni en la sobremesa de la noche anterior:
"¿Y tú qué es lo que buscas hacer en tu vida?". Esa fue la respuesta
que él le dio, nada más a ella, cuando le plantearon el dilema con la tienda de
la calle París. Joanna no contestó y aquella mañana, en aquel paseo, se dijo
que ella simplemente vivía. Desde hacía unos años no se planteaba objetivos ni
pensaba en el futuro, solo tomaba decisiones en el día a día. Tal vez porque se
sentía feliz y estaba haciendo lo que le gustaba. Lo sabía y lo valoraba.
Adriano no deseaba sumar
ningún tipo de presión a su rutina. Se ganaban muy bien la vida y no solo no
tenían deudas, sino que sus ahorros crecían de manera que podían vivir
tranquilos sin sobresaltos. No entendía el afán de Joanna por complicarse más
allá con el trabajo y perder horas que podían dedicar a ellos mismos. Desde
hacía poco tiempo él también acudía al taller artístico durante cuatro horas, en
dos días por semana, para aprender a modelar con arcilla. Y eso en su vida
anterior hubiese sido inimaginable, cuando llegaba tan cansado y harto de
conducir todo el día. Era cierto que trabajaban los fines de semana, pero no
tenían que salir de su casa y el lugar donde vivían era para ellos un pequeño
paraíso. Los lunes y martes podían dedicarlo a ir a la playa o se iban a
cualquier lugar escogido a pasar el día y después en invierno podían disfrutar
las vacaciones en cualquier fecha. Gianni lo tenía tan claro como él. Más
porque, como les explicó aquella noche, al estar solo últimamente se encontraba
desbordado con el trabajo. Necesitaba ayuda en la tienda y en el taller y eso
le estaba robando tiempo para seguir haciendo otras cosas.
Joanna volvió sonriente
de su paseo y con dos bolsas para la cocina. Le pidió a Adriano que desocupara
dos sillas para añadirlas a la mesa de comer y se puso el delantal.
— ¿Quién viene a comer? Es
domingo y tenemos que abrir esta tarde...
— Viene Gianni y un amigo
que quiero presentarle—. Joanna le guiñó un ojo.
A las dos y media la mesa
estaba puesta para cuando llegaron Gianni y David. Los dos hombres se saludaron
y charlaron amistosamente mientras comían. A la hora del café, el italiano, con una taza en
la mano, le hizo un gesto de asentimiento a Joanna que sonrió complacida.
Después de despedirse de ellos, los dos hombres se fueron juntos a la tienda de
cerámica mientras seguían conversando.
Más tarde, mientras
Adriano y ella estaban enfaenados acabando algunas cajas, Joanna se mostró satisfecha ya que David podría tener un buen futuro aprendiendo el oficio y trabajando con Gianni. Y le alegró la tarde a Adriano cuando le comentó que
había llamado a su antigua clienta y había rechazado la propuesta. Había
comprendido lo que podía perder y no merecía la pena. Ese lunes subieron a
Barcelona para hacer algunas compras y bajaron al puerto. Joanna recordó aquel
otro día en que compraron el frigorífico y estaban tan angustiados por el
trabajo y otros problemas. La vida le había cambiado mucho y mientras subían por las
Ramblas contemplando los puestos de dulces y de flores, pedía al destino
mentalmente, que todo siguiese igual en el futuro. Pero aunque a ellos les siguió
sonriendo la vida, no fue así para otros en ese mismo lugar. El jueves
siguiente día diecisiete, ocurría el trágico atentado de Barcelona, que se
llevaba la vida de quince personas y provocaba ciento treinta y un heridos. Aquella
noche de madrugada, se sumaban más víctimas en la huída de los terroristas y en
el posterior atentado en Cambrils. Fueron días de terror general, hasta que pudieron
volver a respirar tranquilos.
El sentimiento de saber
que nadie estaba seguro en ninguna parte, se agarró al espíritu de todos.
Vendrían unos tiempos más convulsos además, donde el orden anterior de las
cosas iría cayendo en distintas fases. Las creencias anteriores parecieron
ingenuas al destaparse tantas corrupciones políticas y sociales. Incluso entre
personas, que siempre habían parecido amables y generosas, se descubrieron caracteres
intolerantes y violentos, que llenaron el país de más desórdenes en las calles
y más injusticias. Tal vez fueron muchos cambios en poco tiempo. Sin embargo,
Joanna siguió adelante acompañada por Adriano, Alejandra y demás amigos. No es
que no tuviese algunos días tristes, los tenía como todo ser humano. Pero
aceptaba los cambios como venían y encaraba la frustración, sabiendo que cada
día saldría de nuevo el sol y que a las tristezas y el desánimo se las vence
con la decisión de seguir adelante, amoldándose a las nuevas circunstancias.



