28.4.12
Barra de labios
27.4.12
María, la costurera
En el taller, tan solo se escuchaba el
murmullo de la vieja radio que emitía notas de una conocida balada. Las dos
máquinas de coser descansaban, después de una larga mañana de ajetreo, mientras
las muchachas hilvanaban piezas de ropa con hilos de colores vivos. En un
rincón, una mujer algo más mayor, se ocupaba de repasar los vestidos con la
plancha, sus gestos precisos denotaban los largos años de experiencia en el
oficio. 23.4.12
Feliç Sant Jordi 2012
19.4.12
Siguiendo a Cortazar

Subió los tres peldaños del porche y entró. Desde la sangre galopando en sus oídos le llegaban las palabras de la mujer: primero una sala azul, después una galería, una escalera alfombrada. En lo alto, dos puertas. Nadie en la primera habitación, nadie en la segunda. La puerta del salón, y entonces el puñal en la mano. La luz de los ventanales, el alto respaldo de un sillón de terciopelo verde, la cabeza del hombre en el sillón leyendo una novela.
Había como un silencio que impresionaba, tan solo roto por el crepitar del fuego en la chimenea; fuera se mecían las ramas de un viejo sauce. Levantó la mano presta a descargar el golpe y súbitamente apareció. La mirada de la niña quedó fija en el puñal, enturbiada por el asombro, por el horror de aquel acto abominable. La boca abierta donde debió estrangularse el chillido que no salió. Su inmovilidad al otro lado de la cristalera paralizó la mano que enfundaba el arma mortal.
El hombre del sillón continuaba leyendo, enfrascado el ánimo en aquella novela negra. Ajeno al peligro. Sin ver a la niña, quieta bajo las ramas del sauce. Sin sentir los pasos descalzos del hombre, que comenzaron a alejarse. Sin el más pequeño presentimiento sobre su propio fin, tal vez por incierto.
Se calzó de nuevo y con indecisión rodeó la casa. El viejo árbol estaba allí, el viento seguía batiendo sus ramas. Buscó entre los árboles y aún más lejos, hacia el camino de entrada y no halló, en modo alguno, la blanca presencia de aquella niña rubia. Guardó el arma, otra vez, entre las ropas que cubrían su pecho y mientras salía de aquel recinto, pensó que tal vez se le había aparecido un ángel.

