La película estaba durando más de lo normal y ella, por no levantarse, estaba encogida de frío desde hacía más de una hora. Al fin llegó el intermedio y Sandra volvió a activar el termostato de la calefacción central que había dejado de funcionar a las doce de la noche. Se colocó un anorak viejo y salió a la terraza pues con lo que duraban los comerciales le daba tiempo de sobras de fumarse un cigarro y volver a dentro sin prisas. Pero con los primeros pasos por el exterior sus pies pisaron algo blando y suave y no pudo evitar un estremecimiento de pánico, corrió hacia la ventana y le dio al interruptor. Un baño de luz iluminó una amplia y preciosa alfombra de colores vivos y ardientes que se iban difuminando hacia el centro en donde el tejido conformaba un águila negra con las alas blancas desplegadas. Sandra miró a su alrededor, más el lugar estaba desierto y no pareció que nadie hubiese podido llegar hasta la terraza de su ático. Se arrodilló sobre aquella alfombra para sentir en su mano aquel tacto aterciopelado, perfilando con su índice el contorno de la figura del águila que la tenía como hipnotizada; tanto que apenas notó aquella brisa que comenzó a acariciar sus mejillas y a alborotar su cabello.El paquete de cigarrillos cayó de sus manos cuando intentó sostenerse agarrando el vacío, más su cuerpo quedó tendido por la fuerza con la que se elevó la alfombra. Ante aquella furia de vértigo contenido no le quedó más remedio que cerrar los ojos mientras sus manos pellizcaban con fuerza sus piernas y hasta su cara, buscando deshacer aquella pesadilla en la que seguramente había caído influenciada por el telefilme de televisión. De su boca apenas logró sacar más que un triste gemido cuando quiso emitir una petición de socorro, los nervios le habían bloqueado la voz y se encontró luchando consigo misma para incorporarse y lograr abrir los ojos sin hacer caso a los mensajes de su estómago que le informaba continuadamente del proceso de elevación al que seguía sometida. Se revolvió agarrando con las manos uno de los bordes de la alfombra y se arrastró lo suficiente para sacar la cabeza y poder observar el alejamiento de todo el compendio que conformaba la ciudad. De sus ojos brotaron lágrimas que no llegaron a cubrir su cara, simplemente arrastradas y diluidas por la fuerza con la que chocaron con el aire. Aquel viaje duró una media hora aunque para Sandra pasó como una larga eternidad; el final fue más lento y suave, y en el descenso se sintió hasta mecida y arrullada sobre aquella cuna sedosa y aterciopelada.
L
as formas de los pequeños árboles y plantas tan conocidas le indicaron que había vuelto a su casa y que de nuevo descansaba sobre el suelo de su terraza. Pensó, incorporándose casi a tientas, que aquella broma solo podía ser obra de algún boludo capaz de haber creado aquel artefacto para volver loca a la población. No se lo pensó dos veces y muy decidida enrolló como pudo aquella maldita alfombra y después de lograr apoyarla encima de la baranda la dejó caer hacia la oscuridad. Aún temblorosa entró en el salón y se dejó caer en el sofá, en la televisión se repetían sin cesar diferentes publicitarios sobre música para móviles y no parecía que fuese a continuar aquella película de Alí-Babá y los cuarenta ladrones. Pero se equivocaba, la película seguía aunque no donde ella la dejó, en aquel momento el protagonista que viajaba en una alfombra mágica se veía arrojado hacia el suelo atravesando las ramas de un árbol entre las cuales se quedaba colgando la alfombra con un águila en su centro. Sandra apagó la televisión sin pensárselo dos veces y salió de nuevo, esta vez logró encender un cigarrillo y con los brazos apoyados en la baranda intentó vislumbrar el destino de la alfombra, no la distinguió, desde luego, pues aquella había planeado sin hacer ruido hasta otra terraza lejana y se hallaba ante la ventana de un joven que miraba las peripecias de Alí-Babá en la televisión mientras recogía de la superficie de la mesa de centro un paquete de tabaco…
7 comentarios:
¿Dónde acaba la realidad y empieza la fantasía? Por si acaso miraré en la terraza y si hay una alfombra, ten por seguro que me subo.
Si me ves aparecer por tu casa volando, no te extrañe. :)
Un besazo.
¡Genial relato!
Me ha gustado y mucho.
Fanatsia y realida dde la mano, sin asber bien donde empieza una y acaba la otra.
Muy bueno.
Un abrazo.
Fantasía y mucha imaginación!!!
imaginación al poder.
Te felicito!!
besazules
Esto de quedarse hasta las tantas viendo la tele, a veces como es el caso tiene sus recompensas, es como si hubiéramos ido juntas al cine ¡tú ya me entiendes! Un beso
¡da para mucho ver la pelí de Antena tres un sábado por la noche!! jajajajaj
un beso grande.
Después de un trasnoche tan alargado para ver el final de Alí-Babá, a la fuerza se levanta una con pesadillas de esta índole que vienen bien para escribir el relato de la semana. Y por lo que veo éramos unos cuantos con ganas de ver el final :)
Besotes.
Publicar un comentario