Acabo de llegar a la ciudad y es como un gran monstruo en movimiento. Hace treinta y cinco años que huí de aquí y dejé de lado el contacto con la gente, me aparté de sus miserias, sus ruidos y sus gritos. He sido hasta hoy lo que vulgarmente se llamaría un ermitaño, he vivido completamente solo en mi montaña, en una casa que yo mismo me hice con piedras y con troncos de madera. Tal vez quieran saber porqué escogí esa vida y si he sido realmente feliz, pues no tienen nada que esperar porque no les hablaré de esa parte de mi existencia. Si están ahí es porque he pensado que pueden acompañarme en esta aventura que es volver a la ciudad. Es una temeridad por mi parte adentrarme en esta jungla de asfalto y creo que me irá bien que alguien sepa de mis andanzas.Gracias a la ayuda del guarda forestal dispongo de una cantidad de dinero cada mes, es una pensión para pobres sin recursos. Pablo, el guarda, me entregó estos billetes y me dijo: -son ebros, ya te acostumbrarás-. Y aquí estoy, me han dejado en la Gran Avenida y no se parece en nada a lo que yo recordaba, hay demasiados coches y la gente parece que no los ven. Esta gente también es muy rara, creo que se han vuelto todos locos mientras he estado fuera. He intentado cruzar la calle por el paso de cebra y he tenido que saltar para que alguien en bicicleta no me arrollase, he visto una cara con una especie de antifaz en los ojos y cables colgando de las orejas, en la cabeza apuntaban una especie de montañas puntiagudas. A mi lado un hombre hablaba solo mientras se tocaba la oreja, gesticulaba y se reía, y lo peor es que los demás parecían no verlo; pero ¡Dios mío! si es que hay más gente así, por la calzada rayada veo venir a otros individuos que también hablan solos con la mano en la oreja. En fin, no puedo continuar andando, algo con forma de gusano gigante se mueve por encima de una isla de césped que hay en medio de la calzada…es un tranvía, no puedo decir si me gusta, tal vez sí, pues tiene un aspecto sumamente limpio.
He llegado a la acera, aunque antes he tenido que dejar pasar algunas figuras con ropas
estrafalarias y más cables colgando de las orejas que iban en una especie de patines muy aparatosos, esto es agotador: coches, autobuses, bicicletas, tranvías, motos… y la gente corriendo sin mirar. Me dejo arrastrar por la multitud hacia lo que parece un gran almacén pero…no, esto no es… ¿o sí? Me he sentado a tomar una taza de café en una de esas calles internas y después de media hora observando a mi alrededor he visto que los humanos tienen mucha prisa para llegar a ninguna parte ¿qué les impulsa a entrar y salir de estas tiendas acumulando bolsas y más bolsas? ¿Por qué está todo tan clasificado, rotulado y expuesto en lujosos escaparates? Veo que no son capaces de mirarse a las caras los unos a los otros, incluso, muchos de ellos se tapan los ojos con gafas oscuras. Y estos jóvenes que pasan caminando por mi lado los veo un tanto perdidos en los afanes que los motivan. He visto que llevan los pantalones caídos por debajo de la ropa interior, las camisetas cortadas, el cabello pintado y peinado en formas imposibles, otros van con la cabeza rapada, muestran tatuajes y aros por diversas partes del cuerpo y no pasan por delante de un escaparate sin mirarse detenidamente en el reflejo del cristal.He cumplido sesenta y cinco años y dicen que con mi edad no debo vivir solo, que he de reintegrarme de nuevo en la sociedad. ¿Creéis vosotros que yo pertenezco a este mundo ridículo y esperpéntico que me rodea? En este momento me envuelve más la soledad que en todos estos años pasados en la montaña. Veo a los hombres como prisioneros maniatados a un cúmulo de cadenas que ellos mismos se han creado. No voy a adentrarme más en la ciudad, no me hace falta ya para asegurar que esto no es para mí. Voy a volver a casa, allá el aire es limpio y libre. Tal vez Pablo quiera cederme una habitación en invierno donde pueda estar con mi perro….
13 comentarios:
La sociedad de consumo nos ha engullido a todos, hasta al más reacio, de un modo inimaginable. Esta visión desde fuera nos deja ver con más claridad la problemática que arrastramos y que nos va hundiendo un poco más cada vez.
Hay algún modo de pararlo? Algún modod de volver a los valores del espíritu? Buf, se me hace muy duro.
Besos!!!
Distintas visiones, distintos cristales, distintos ojos...ojala en algun momento todos pensaramos algo parecido, todo cambiaria a mejor, todo seria un poco mas disitinto y, espero, mas bueno, mas ecologico..Un abrazo.
Tu relato me ha encantado. Parece un estudio de nuestra sociedad vista desde una perspectiva y realmente... visto desde fuera es algo caótico.
No me extraña que sienta esa soledad en la gran ciudad y sin embargo en la naturaleza no la sienta.
Es verdad, Durrell. Estamos locos.
Un beso muy grande.
Yo también soy un poco ermitaña...Es ciertos, que somos un caos como dice Malena.
Un abrazo, me encantó :).
triste y real.
es mucho más solitaria una gran ciudad que la cima de una solitaria montaña.
un beso fuerte.
Querida Durell,
Hace dos días escribía en mi blog sobre la locura de los móviles....
la verdad es que es fácil en-redarnos. Lo importante no es la edad. hay que saber vivir con los tiempos (quién pudiera si no bloggear)... pero conscientes siempre de que todas esas cosas son medios, instrumentos, cosas prescindibles. Lo importante es vivir y ser persona. Un abrazo
¿Estás bien Durrell?
Un montón de abrazos gorileros.
Durrell, qué tal todo?
Un besote.
Estoy bien Malena, Patry,... estoy un poco en baja forma y cansada. Supongo que en unos días estaré mejor y volveré a escribir como antes.
Muchos besos para las dos y para todos. Y gracias por los comentarios.
Durrell
descansa y anímate pronto que ya es miércoles!!! ;)
un abrazo.
Si te sirve de algo, estoy con una astenia primaveral que me impide casi moverme y no puedo hacer vida normal.
Cuídate corazón.
Miles de besos y abrazos gorileros.
¡¡¡ya es viernes!!!
besos muchos.
durrell... ¿estás bien?
sí, ya lo sé, soy muy pesada.
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