No estaba tan lejos como para no divisarlo, pero descender aquella calle cada día me resultaba más laborioso. A mis piernas y más en concreto a mis rodillas, parecía que les daba miedo perder aquella marcha lenta, acompasada y segura como si se fuesen a desencajar en cualquier momento. Azarías no podía presumir de tener las suyas en mejor estado que yo, muy al contrario, desde hacía unos días ya no sabía caminar sin aquella muleta que parecía una extensión de su persona. Conservaba aún aquella apostura de galán que le hacía parecer más alto de lo que ya era, el cuerpo y la cabeza erguidos a pesar de sus dificultades y una cierta coquetería en su arreglo personal.Me esperaba bajo aquel sol primaveral que ayudaba a calentar nuestras articulaciones doloridas, con la misma expresión de desconcierto que siempre intentaba ocultarme con una amplia sonrisa de bienvenida:
- Buenos días. ¿Cómo andamos? Parece que hoy caminas un poco más lenta que la última vez...
- Hola, Azarías. Déjame que me siente un poco, esos medicamentos no están haciendo nada más que debilitarme y fastidiarme el estómago.
- No sabes lo que me apena oír eso, Matilde, yo creía que esta vez te iría bien el tratamiento. -Me lo dijo con verdadero sentimiento y en sus ojos se veía claramente una sombra de tristeza- Pero venga, no nos pongamos tristes… ¿cómo va esa novela que estás escribiendo?
- Ja ja ja, Azarías, ya te he dicho que no es ninguna novela, hombre. Escribo historias que se me ocurren, cuentos sobre la vida cotidiana… bueno… mira, ahora estoy intentando escribir diálogos entre dos personajes pero, te digo de verdad que es bastante difícil de conseguir, al menos para mí. Se trata de meterme en la piel de cada uno y dejar bien patente la diferencia de carácter entre los dos, porque… ¡bueno! Resulta difícil que me ponga en el lugar..., que me ponga a pensar como otra persona que no soy yo.
- Escúchame atentamente, que yo podría ser tu padre por los años que te llevo y ya te he contado ¿verdad? que he dado muchas vueltas antes de recalar en este lugar. A la María la conocí en un barco en el que trabajábamos los dos… no me pierdo, no, lo que te estoy contando es que he conocido a mucha gente de todo tipo y condición y he tenido que convivir con ellos en un lugar del que no podíamos salir aunque quisiéramos... ¡Que me río yo del Gran Hermano ese, vamos!... La gente hacía las mismas cosas siempre, se repetían unos a otros como muñecos de feria. En el fondo todos somos hijos de vecinos y el que no cojea de una pierna cojea de la otra... ¡Como nosotros! ¡coño! Ja ja ja ja…
- Tienes la virtud de ponerme de buen humor, Azarías.
- Es que la vida son tres días, Matilde y como no le echemos un poco de guasa al asunto vamos a acabar muy mal. Fíjate en mí, ya no puedo salir por las tardes que me las paso enganchado a la bombona de oxígeno ¿y qué? Pues aprovecho para leer y ver la tele, para qué me voy a amargar la vida… Pero, sigamos, a ver, cuéntame cómo son esos personajes tuyos…
Lo cierto es que a mi sí me preocupaba bastante el declive en el que estaba cayendo mi amigo, le temblaban las manos mientras gesticulaba y su estómago se notaba hinchado como la otra vez que tuvo que ingresar en el hospital por más de dos meses. Pero en absoluto quería estropearle uno de los momentos que como él mismo decía, cada vez se le hacían más cortos y más añorados. Su bigote canoso estaba curvado en una amplia sonrisa expectante y me apresuré a contestarle.
- Verás… son dos amigos, o al menos lo parece. Se conocieron en un curso de estos que se organizan para los que buscan trabajo y enseguida entablaron amistad. Uno de ellos, digámosle Román, invitó al otro a compartir su coche para acudir a las empresas. Y el otro, que se llama Juan, aceptó y quedó como un pacto implícito entre los dos el compartir toda la información… ¡creo que me estoy enrollando demasiado…! La cuestión es que Juan, que tiene un carácter bastante alegre aunque casi siempre se enfada por cualquier cosa, en realidad está engañando a su amigo. Y no es que mienta respecto a lo que hace a espaldas del otro, sino que lo oculta…
- ¡La vida está plagada de tramposos! Y las más de las veces suelen ser los más simpáticos.
Claro que, estos dos amigos no lo son en realidad, están aún conociéndose… y la amistad es otra cosa más profunda…, las relaciones humanas siempre están rodeadas de verdades y mentiras, de luces y de sombras; unas veces por casos como el que me explicas y otras para evitar más complicaciones de las necesarias, que es de lo que más solemos huir los humanos.
Azarías se quedó un tanto pensativo, tal vez recordando alguna experiencia pasada que aún le rechinara en la memoria. Yo me quedé a la espera, respetando su silencio. El sol había llegado a lo más alto y desde unos minutos antes comenzaba a sentir demasiado calor en aquel banco de la calle. Me decidí a rebuscar el abanico en el bolso y el movimiento que hice para abrirlo pareció sacar a Azarías de sus ensoñaciones.- ¡Coño! ¡Déjate de abanicos, mujer! Vamos a entrar a tomarnos una cerveza fresquita acompañada con pimientos del padrón…
- Hombre, Azarías… ¿quieres decir que haces bien en comer esos pimientos picantes…?
- No te preocupes, no es eso lo que me va a llevar a la tumba y los tres días que me quedan al menos que sean a mi gusto.
Nos levantamos y entramos en la penumbra del local, se estaba bien allí y como en otras ocasiones seguimos la charla acompañados por la dueña del bar y otros parroquianos conocidos.
11 comentarios:
Ves, de una cosa sencilla puedes hacer un escrito en el que los valores como la amistad, la comprensión y la sabiduría de Azarías, te llegan adentro.
No te digo nada ¡pa qué!
Un montón de abrazos gorileros.
Suerte que existen l@s Azarías ¿verdad, Malena?
Un beso muy grande para ti ;)
¡que buen personaje! me recordo a ese Seneca , andaluz y cordobes de pro,admirable hasta comiendo aceitunas.
Un fuerte abrazo.
¿Has leído ''La Sombra del viento''?A veces tus post y tu forma de escribir me recuerdan un montón a ese libor, no se por qué. Es uno de mis favoritos.
Un besazo.
Prometeo, creo que voy a tener presente a Azarías para futuros relatos, como bien dices es un buen personaje...
Un gran abrazo para ti :)
es tan relajante leerte y sentarme en ese banco entre Azarías y tú...
Un beso.
((están operando a mi madre y aunque no tiene mucha importancia estoy nerviosa, luego me voy al hospital))
Patry, lo leí hace tiempo aunque no es de mis favoritos. Yo no acabo de ver la semejanza si no es que en algunos relatos os voy liando sin deciros el qué hasta el final :)
Un besote ;)
María, tranquila. Respira hondo y relájate, ya verás que todo irá bien.
Un beso muy grande para tu madre y otro para ti.
Me voy para tu blog...
"Es que la vida son tres días" que bonito!
Me gustó Azarías y esa actitud sin complicaciones, sin premuras, con la sabiduría de vivir el día a día.
Un abrazo,
Y la verdad Caramelo, que disfruté del verdadero Azarías hasta hace pocos meses. Aún puedo verlo al lado de ese banco...
Un beso para ti.
Siempre he admirado esa capacidad tuya para crear un texto a partir de casi nada. Eso es un don que admiro Durrell y además manejas los diálogos que da gusto.
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