La constancia es a veces un mérito difícil de conseguir cuando se tiene un caracter impetuoso que depende en sumo grado de la ilusión. La monotonía, la repetición, la falta de elementos afines y la involución de las ideas pueden provocar una reflexión que derive hacia la propia prescindibilidad en la causa. La realidad, entonces, se impondrá como una losa cierta y verdadera que acabará de asfixiar cualquier iniciativa; los deberes y obligaciones aparcados mientras duró la ilusión, se tornarán en gigantescos desordenes vitales. Dónde se halla la verdadera estabilidad, será la pregunta que se haga la persona inconstante que de algún modo persigue y necesita llegar a una meta de vez en cuando para sentirse bien consigo mismo.
Un medio o tal vez el único con viabilidad suficiente para encarrilar el espíritu de nuevo hacia el positivismo, se halla en la capacidad para cerrar los ojos a los posibles daños interiores y poner todo el empeño en ordenar el exterior vital. Esos ojos cerrados convertirán al individuo en un autómata constante, pero por otro lado ayudarán a conseguir pequeñas metas necesarias que harán renacer paso a paso la satisfacción, antesala de la Ilusión.
Un medio o tal vez el único con viabilidad suficiente para encarrilar el espíritu de nuevo hacia el positivismo, se halla en la capacidad para cerrar los ojos a los posibles daños interiores y poner todo el empeño en ordenar el exterior vital. Esos ojos cerrados convertirán al individuo en un autómata constante, pero por otro lado ayudarán a conseguir pequeñas metas necesarias que harán renacer paso a paso la satisfacción, antesala de la Ilusión.
2 comentarios:
Querida amiga,
Después de un largo sielncio leo tu "díalogo con el teclado" que me ha parecido una profunda meditación sobre uno de los males que aconsejan nuestra civilización de rapidez, cambio, movimiento, inmersiónes, tormentas de imputs.
Es difícil en este desbarajuste de vida centrarse y sobre todo seguir un camino. Todo nos incita a cambiar, a movernos, a saltar. forzarse a contemplar un paisaje, un cuadro, o un punto en la pared es una forma de zen y al mismo tiempo un pequeño remedio contra veleidad
Durrell, nuestra vida es siempre un buscar el equilibrio que nos lleve a la estabilidad.
Tenemos que escapar como sea de la monotonía del cada día y buscar un estímulo que nos haga salir adelante.
Si te vienes abajo, cuesta luego mucho más remontar para llegar al punto desde donde caiste.
Estás equivocada, borrar los daños interiores no te convierte en una autómata. Te convierte en un ser superior que es capaz de superar las adversidades. Un ser con fuerzas renovadas.
Durrell, cuando yo reflexiono, me temo a mi misma y procuro salir lo más rápidamente que puedo de ese estado, sobre todo si de esa reflexión van saliendo cosas negativas.
Soy una transformista especializada en pasar a positivo lo negativo pero por propio egoismo, para no caer en el estado en el que no quiero vivir.
Mil abraçades goril.leres i la meva mà per seguir en la lluita de cada día.
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