La adolescencia es una etapa de corazón ardiente y luces de farolillo, todo es nuevo, todo se abre a nuestro alrededor en un prometedor viaje. Cualquier idea es una escusa factible para acometer las acciones más insospechadas tan solo unos años o unos meses antes. En un momento dado el espíritu adquiere el valor necesario y se decide a enfrentar la suerte con los ojos medio cerrados. Y así fue como se decidió mi futuro cuando apenas contaba quince años. La primera escapada no tuvo un éxito definitivo pues dos números de la guardia civil me llevaron de vuelta a casa, no sin antes retenerme en el cuartelillo durante unas cuantas horas. El segundo intento, más elaborado y meditado, consiguió encaramarme en la ruleta cuyos giros decidirían los avatares de mi existencia.
Recordándolo después, aquellos arduos años de enorme esfuerzo para conseguir apenas mantenerme en los principios de mi vida en solitario, nunca me parecieron tan duros como los vividos bajo el techo de mi padre. No fui un hijo deseado y mi llegada solo sirvió para entorpecer y complicar la armonía de sus tres integrantes hasta aquel momento. Mis padres habían cubierto todas sus aspiraciones procreadoras con mi hermano Pablo, habían calculado y previsto un mañana cierto y viable para su persona y yo aparecí en este mundo reclamando un lugar que no tenía cabida en sus vidas. Pronto empecé a detectar diferencias en los tonos, parcialidad en los derechos y abundancia de obligaciones y castigos en mi persona. Me repetían una y otra vez que yo era malo de naturaleza y que debían corregirme, esa era la vil infamia que me adjudicaron. Pero ante todo, lo que más me hirió a lo largo de mi infancia fue la ausencia del amor materno, esa ausencia que yo trataba de ocultar al mundo como si fuera el resultado de un gran pecado propio, algo que yo había merecido por ser como era, malo de naturaleza.
Lejos de ellos prosperé y crecí como persona, no diré que haya conseguido grandes bienes ni grandes hazañas, más el destino me procuró amigos que supieron valorarme en su día y también una verdadera familia con la que he descubierto muchos sentimientos que creía inexistentes por desconocidos. Lo que yo sentía hasta entonces era producto del insuficiente amor, del escaso valor otorgado, de la incipiente inseguridad adquirida por todo ello. Porque los humanos somos al fin y al cabo el resultado de unos valores inculcados o aprendidos en nuestros primeros años… Aún así han habido momentos en los que me he llenado de angustia hasta el punto de sentirme desgraciado cuando más factores poseía para ser feliz, revivía aquella infamia y no era consciente de que necesitaba purgar hacia el exterior todos aquellos errores ajenos que me marcaron de niño. No me considero un hombre sabio ni mucho menos pero las luces del entendimiento poco a poco me hicieron comprender que el perdón era necesario para calmar mi espíritu. Nadie me lo ha pedido en todo este tiempo, ni yo soy tan arrogante para ir a otorgarlo a quienes en absoluto se han sentido culpables. Los he perdonado dentro de mi corazón, no quiero que el resentimiento le reste plenitud a mi vida y me haga tomar decisiones equivocadas.
Mis hijos me describen en muchas ocasiones como perteneciente a una generación fuerte, sufrida y decidida que ha sabido sobreponerse a muchas calamidades casi sin quejarse. Hablan así porque no han sufrido la ausencia del amor de sus padres y desconocen que la fuerza de sentimientos como la rabia, la ira o el odio te hacen pisar con fuerza, pero que es el verdadero afecto y el sentirte amado los que te ayudan a caminar toda la vida.
1.11.08
Una Ausencia Vital
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
6 comentarios:
¡Qué razón tienes, Durrell! Es el amor de los que te rodean, el amor de tu familia, el que te hace fuerte y seguro de tí mismo en esos momentos en que nada es seguro en tu vida.¡Qué mala es la adolescencia y que bién escribes Durrelilla!
Mil abraçades goril.leres.
P.D/ Qué tal els panellets? :)
Bueno pues como un puñal en el corazón. Aunque mi adolescencia no fué así ni es mi caso lo describes con tanta facilidad de comprensión que parece todo un tratado filosófico.
¿ Porque la palabras pueden transmitir tantas sendsibilidades?
O son sólo intuiciones?
No seguro que no son intuiciones... los pensamientos tal y como describes se forjan en nuestra vida...y eso genera empatías entre los que conocen expresan y reciben los mensajes.
Un saludo. Una pregunta...por puro aprendizaje. Transformastes tus pensamientos personales en masculino o es una historia ficticia?
Ya vuelto de la celebracion de los 90 años de mi padre, viejito y consumido, apenas anda pero lucido como siempre, me encuen tro con este post tan al cuento...la familia esta ahi y siempre te hace fuerte a pesar de sinsabore y algun problemilla que otro. Un abarzo.
Malena, la adolescencia es una etapa muy vital, extrema y apasionada. Por eso mismo el indivíduo es más frágil y vulnerable a su entorno y los sentimientos de felicidad o de desgracia aparecen en su medida más extrema y a veces incontrolable. Pero es emocionante vivirla.
Els panellets no els he testat aquest any. La pluja m'en ha tret les ganes jaja ni les castanyes tampoc.
Mil petons ;)
Juanes, se trata de un relato para el concurso en el que escribo. Las historias siempre surgen de mil influencias. Piensa que yo no puedo ser todos esos personajes con sus vidas y anecdotas, pero intento ponerme en su piel cuando escribo con mejor o peor resultado.
Un abrazo ;)
Prometeo, Muchas Felicidades para tu padre. Seguro que ha sido estupenda esa celebración ;)
Un abrazo.
Querida amiga,Empiezas el texto como una historia y rápidamente se convierte en una profunda reflexión que no debería nunca dejarnos indiferentes. A los padres se nos llena la boca de declaraciones como "para mí, todos los hijos son iguales", o "los hijos son como los dedos de la mano, sea cual sea el dedo que se corta te duele igual" etc. etc. Pero luego, en la práctica, a veces existe el hijo listo y el torpe, el guapo y el feo, el cariñoso y el adusto. y nos damos cuenta... ys eguimos pensando que tratamos a todos por igual.
Hola Fede,
Es verdad, la igualdad de los hijos es difícil de mantener para los padres que lo intentan, pero los conflictos o consecuencias a un no muy largo plazo aparecen cuando la desigualdad es muy evidente aunque se publicite a voces lo contrario. Las de perder siempre las tienen los críos, sobre todo en la adolescencia, y de ahí en adelante se podría hablar largo y tendido... ¿es falta de reflexión, ignorancia, sensibilidad,...?
Un abrazo.
Publicar un comentario