2.5.09

El largo y tortuoso camino...

Las palabras al otro lado del hilo te desorientaron en el camino, en ese largo recorrido que fue y sigue siendo tu vida. Empeñado en no volver nunca atrás. Empecinado en olvidar más que en amueblar ese rincón que todos llamamos memoria. Y al final la sangre imponiéndose con su fuerza y su reclamo a través de una voz urgente y perentoria que te trasladó de nuevo al decorado primero, al paisaje natural de tus primeros pasos. Y, como saliendo de un lugar ignorado que no sospechabas siquiera, empezaron a surgir imágenes en blanco y negro, algunas también en color sepia. La fuerza de la sangre siempre se hace valer y por eso tus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas. Lágrimas malditas y no deseadas pero que al fin, no puedes evitar sentirlas quemando tu cara. Nunca las ha merecido, piensas, jamás, ni aún en el lecho de muerte; una muerte que siempre le deseaste cuando la ira recorría tu cuerpo, cuando, calmadamente, hacías recuento de tantos agravios. Siempre te preguntaste donde quedaba el amor que te debía como padre y ni aún en estos instantes, en los que se renuevan con saña unos sentimientos largamente reprimidos, sabes o puedes contestar. De igual modo calló él ante tus súplicas un tiempo y otro tiempo y aún otro tiempo más, sin responder siquiera con una mirada de tristeza reflejada o por una vez vencida.

Y al fin eres de nuevo hijo. Después de tantas huidas hacia delante, se rompió tu equilibrio conquistado. Miras el teléfono con hastío, casi con pereza. Te reclaman una respuesta que no quieres dar ni decidir. Sientes que es legítimo tu resentimiento y que no debes nada, aunque en tu interior una duda está hiriéndote. Serás una semejanza de su persona si te desentiendes y castigas con el mismo desprecio que sufriste. Miras el reloj como pidiéndole que pare el movimiento de las agujas, mientras te sirves un poco de licor en busca de un sedante para tantos pensamientos entrecruzados. El calor del alcohol tal vez te ha serenado durante un instante que percibes escaso y vacío, aunque al mismo tiempo te has sentido reconfortado por esa alienación momentánea y decides llenar por segunda vez el vaso. Revives el largo y tortuoso camino que hubiste de recorrer para lograr esta estabilidad y reconocimiento como persona, al margen de tu sexualidad. No fue fácil. No lo fue para cualquiera de los que crecieron, como tú, con una mancha social inconfesable.

Han pasado demasiados años, te dices a ti mismo, y es cierto. Todo aquello no tiene importancia ahora, fue el desgraciado pasado de muchos pero es un pretérito que no te apetece remover. Poco a poco comienzas a discernir una luz entre las sombras. La cuestión de ahora, tus dudas, ya no giran en torno al resentimiento acumulado y lo piensas como relamiendo heridas que creías cicatrizadas. No, la cuestión real, la verdadera, está en ti, un egoísta construido paso a paso, elevado conforme aventajabas en distancia a aquel mísero adolescente que un día fuiste. Porque fundamentalmente te crees con derecho a sentir ese, excesivo quizás, interés por ti mismo sin tener que sentirte culpable. Ese interés te dio las primeras fuerzas para caminar e hizo crecer tu orgullo para que no te dieses por vencido. Y será tu egoísmo, ahora, el que impedirá que decidas dar un solo paso atrás por tender la mano a un moribundo.

Dejas caer una nueva porción de licor en el vaso y lo levantas aún pensativo, contemplando con detenimiento el ámbar cristalino a través de la luz. El teléfono suena a la hora convenida, una, dos, tres, infinitas veces…

13 comentarios:

Malena dijo...

Es una maravilla de cruce de sentimientos, Durrell, entre lo que debes de y lo que te dicta tu corazón.

Es fuerte. Es una lucha muy fuerte que has sabido llevar con tu personaje hasta el final en el que el teléfono suena e imagino que seguirá sonando hasta que se silencie para siempre.

Me has impactado con este escrito. Es un gran, gran, relato.

Mil besos y mil rosas para una gran escritora.

Prometeo dijo...

Muy, muy bueno, casi no pasa nada y, sin embargo, pasa un mundo. Retratas perfectamente un alma humana egoista y doliente, las dudas siempre, el miedo tambien....un abarzo.

azul dijo...

Está muy bien escrito, sabe a memoria doliente ...te lo imaginas ...es visible ...gris ...

Un saludo,pasaré más a visitarte

Un saludo

María Narro dijo...

algo le paso al hijo y lo ocultas tan bien que no me queda claro porqué no llora la muerte de su padre.
el cuarto párrafo me descoloca totalmente... a no ser que se suicide
mejor vengo luego y lo leo otra vez

un beso.

Patry dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Patry dijo...

Puffff....muchas dudas, soledad y tristeza...¿qué pasa al final?Entiendo que intenta suicidarse peor entonces suena el teléfono....no se.
Un besazo.

Durrell dijo...

Creo que cuando un texto no se entiende es porque no está bien escrito. No os preocupeis, no tiene importancia. El prota no se suicida, es un homosexual rechazado por su padre en la adolescencia y que se niega a volver a ver a su padre que se está muriendo.

Besos para tod@s.

Malena dijo...

Mi querida Durrell, ya que no dejas poner comentarios en el siguiente post-aviso, te escribo aquí.

Ese desánimo sabes que es un virus que nos ataca frecuentemente. Precisamente este fin de semana en Madrid le decía a un amigo la tentación que tenía de cerrar mi blog.

Son periodos de cansancio, de desánimo, de pensar que a quién le importa lo que yo escriba o deje de escribir y como tal periodo, yo particularmente pienso que debemos de dejar que el virus se marche y entonces volver a escribir.

También pienso que era mucho más íntimo y familiar cuando empezamos en que éramos unos replegats llenos de ilusiones y que casi nuestros comentarios eran eso unos comentarios de amigos virtuales que se alegraban cuando los otros publicaban algo nuevo.

No sé si me explico pero si sé que te entiendo perfectamente. Tus escritos son muy buenos y no debes de dejar que se queden en una página de un cuaderno sin que los demás lo podamos saborear.

Tienes mi correo si quieres hablamos del tema.

Montones de besos y abrazos gorileros.

Raquel dijo...

Es un relato muy bueno, muy bien escrito. Enhorabuena, Durrell.

Por favor, no dejes de escribir, si no quieres publicar en el blog no hace falta que lo hagas, pero sería una pena que dejaras de escribir.
Estoy de acuerdo con lo que ha dicho Malena. Son rachas y a veces nos pegan fuerte, pero pasan. Ya lo verás.
Decidas lo que decidas te mando un beso.
Espero que esto no sea un adiós definitivo.

Patry dijo...

Durrell,nos pasa a todos. Mira yo, 8 meses sin escribir!Son temproadas, tomate el tiempo que necesites.
Aqui estamos esperando!
Un abrazo.

María Narro dijo...

son rachas, que no te apetece... pues no te obligues a nada, vaguea por un rato.

Pero una cosa sí te voy a decir: cuando un relato no se entiende NO es porque sea malo sino porque ocultaste demasiada información.

TÚ NO ERES MALA escribiendo y lo sabes, y volveras a escriibir pq tienes que sacar todo lo que llevas dentro.

Quizá yo propicié ese 'lo dejo' al decir que no lo entendí bien, pero tú eres de las mías... de las que esperamos la verdad.

Por lo demás, son rachas tontas y no le des mayor importancia.

un abrazo.

Durrell dijo...

He decidido que continuaré con esto de las letras pero en un taller de escritura que tenía previsto hacer y que también había dejado de lado. Lo intentaré y el blog se quedará un poco parado porque ahora tengo que correr para ponerme al día con los ejercicios del taller. Podría ser que eso me ayude ¿no?

Ya sabeis que os agradezco mucho todo lo que me escribís. Un ABRAZO grandote para tod@s.

María Narro dijo...

claro que sí, cariño`, un taller de escritura te ayuda a ti, a mí y a tol mundo. Lo importante es que estés ocupada en tu tiempo libre jajajjaja peaso de masokas somos

un abrazo