2.12.09

Abel Castellnou, Detective.

Cuando llegué aquella mañana, la encontré esperándome en el sofá de la portería. Ella me miró fijamente como estudiando toda mi persona. Se presentó con una sonrisa muy segura alargándome la mano:

—Hola, buenos días. Le estaba esperando. Me han dicho que no tenía ninguna cita esta mañana y que podría recibirme. Mi nombre es Durrell.

—Abel Castellnou, buenos días.

Subimos a mi despacho en el pequeño y antiguo ascensor que ella observaba como intentando memorizar todos sus detalles. Después supe que, antes de mi llegada, había hecho lo mismo con el edificio situado en la Gran Via de les Corts y también con el portero, con el que parece ser había estado hablando y sonsacándole información acerca de mi persona. Una vez acomodada ante mi mesa, bien acomodada por cierto, encendió un cigarrillo y dejó caer la parrafada que se convertiría en el principio de mis pesadillas:

—Escribo relatos. He decidido que usted va a ser el protagonista de ellos. y para ello, estoy dispuesta a acompañarle durante unos días para imbuirme del ambiente que le rodea y hacerme una idea lo más fidedigna posible de sus métodos de trabajo.

No era la primera vez que un novelista venía a pedirme que le ayudase con unas indicaciones, pero ella, pertrechada tras una extensa sonrisa, daba por hecho lo inconsistente de una negativa por mi parte. No había tenido tiempo de parpadear aún cuando ella ya continuaba:

— ¿Está preparado? No le prometo que vaya usted a hacerse famoso, porque yo soy una simple escribidora de relatos y bastante mediocre. Aunque podría ser que con el tiempo y su ayuda, mis cuentos empezasen a gustar a los que me leen. Ya ha sido usted protagonista de dos casos, que a mi entender, no le han dejado en mal lugar. El problema es que su figura no estaba suficientemente perfilada, por no tener… no tenía usted ni nombre y eso va a cambiar. No creo en los cuentos de Mujercitas ni en los finales felices, no lo espere en los finales de mis historias. Para mí, las puestas de sol nunca son románticas, siempre hay algo que rompe la perfección, la alegría de los personajes. Y no estoy dispuesta a saltarme la veracidad de esa realidad, aunque usted intente con su fe en la humanidad, está en todo su derecho a tenerla, que yo busque la lágrima fácil con tiernos abrazos de una familia reencontrada. No, siempre hay un después y lo que en principio parece un final feliz, se puede convertir, en cuestión de horas, en una horrible pesadilla.

Una pesadilla me estaba pareciendo a mí la verborrea continuada de mi visitante. Intuía que en el día a día, no se mostraba tan segura de sí misma y que, seguramente, acostumbraba a meditar largamente antes de tomar una decisión. Pero también la delataba el impulso que la llevaba a lanzarse con los ojos cerrados cuando creía tener una idea genial. Y tristemente este era el caso actual. No es que quiera criticarla pues en el fondo siento una cierta simpatía por ella. Y su sonrisa me desarma, al igual que me desarman sus lágrimas fáciles ante las desgracias ajenas. Quiere ir de dura, quiere escribir relatos duros pero esa fe en la humanidad de la que me acusa, crece en realidad en su propia mente. Es una constante discusión en medio de nuestras largas conversaciones.

—Su nombre me ha dicho que es…

—Durrell, llámeme así. El verdadero no importa y éste lo simplifica todo ¿no le parece?

—Bien, no me deja opciones, por lo que veo. Y como sé que un personaje no puede rebelarse contra su autor, por mucho que lo intente, voy a acceder a su petición — la palabra “petición” la recalqué en todas sus sílabas, con toda la ironía de la que fui capaz—. Si le parece, me deja un par de horas para que escriba un informe de mi último caso y arregle unos asuntos en la caja de ahorros. Después podemos quedar para comer. Yo la invito ¿le parece bien que quedemos a la una y media en el Divinus? Está en la Ronda Universidad y se come muy bien, se lo aseguro.

—Lo conozco, parece que tenemos los mismos gustos, cosa natural por otro lado. Acepto su invitación. Aprovecharemos para que me cuente acerca de ese informe que va a redactar, me iría muy bien para crear el relato de la semana que viene.

Y este fue nuestro primer contacto. Pasé toda la mañana con un cierto desasosiego por la incertidumbre que se cernía sobre mi futuro. Todavía, a día de hoy, no estoy seguro de haber tomado la decisión correcta ¿pero cómo podía negarme a los caprichos de mi autora, si me tiene cogido entre las teclas de su ordenador y las ideas que pasan por su cabeza?

5 comentarios:

María Narro dijo...

gracias por la sonrisa, eres deliciosa.

no sé, ni me quiero imaginar lo que me dirían a mí mis persohajes ;)

un besazo

Malena dijo...

Mi querida Durrell: Primero: Ya estoy bien de la gripe intestinal, pero...¿cómo te has enterado? :)

Segundo: A medida que iba leyendo, una sonrisa se me ha puesto de oreja a oreja mientras iba diciendo por lo bajini: ¡Esta es mi Durrell!

Bueno, a partir de ahora ya me tienes enganchada con Abel Castellnou y dile de mi parte que tus relatos no son mediocres y que un día serás famosa, solo tiemnes que darte a conocer.

Me alegra verte igual que siempre, con la inspiración acompañandote.

Mil besos y mil rosas.

P.D/ Feliz puente si lo haces. Yo me escapo un par de días con mi marido :)

Raquel dijo...

También yo he terminado tu relato con una sonrisa. Me gusta el relieve que va tomando Abel Castellnou.
Enhorabuena.

Feliz puente.

Prometeo dijo...

Curiosa forma de contar un encuentro entre autora y su personaje principal, muy bueno, una narracion que cautiva y que nos viene muy bien enestos dias de frio...ya estamos enganchados con Abel castellnou, necesitamos mas. un abarzo.

Durrell dijo...

María, tus personajes estarían encantados de cobrar vida y tener largas conversaciones contigo, el peligro es que quisieran cambiar los desenlaces en los capítulos de tu novela jajajaja sería una rebelión ¿verdad? :D

Malena, escribiste acerca de tu gripe, lo que no recuerdo es donde fue... y te agradezco mucho la confianza que tienes en mis letras, aunque creo que tienes un concepto de ellas pelín exagerado, pero da gusto leerlo :)

Raquel, no podré decir que no me ha traído suerte el tal detective, yo soy la primera asombrada. (Muchísimas gracias por la parte que te toca). Pero ahí está y ya estoy dandole vueltas a una idea para su próximo caso ;)

Prometeo, habrá más. Yo creo que Abel Castellnou se ha apoderado de mi teclado y está escribiendo él mismo. Tendré que tener cuidado para que no firme los relatos directamente con su nombre :))

Mil besos y abrazos para todos. Yo no hago puente pero a los que salgais espero que lo paseis muy bien.