26.3.11

Ni -ni -ni -ni....

Encontró una noticia que hablaba sobre la generación Ni-ni. No tenía ni idea de lo que querían decir aquellas dos sílabas, así que las escribió en el buscador y encontró información sobre distintas generaciones. La generación X o "Generación perdida", nacidos después de lo que se dió en llamar el baby-boom, con pocas posibilidades de trabajar y tampoco de estudiar y caracterizada por la apatía consecuente; después describían a la generación Y, los jóvenes pertenecientes a la década de crecimiento económico que les permitía un buen nivel de vida con acceso a nuevas tegnologías y dispuestos a asumir nuevos retos. Por fin llegó al párrafo que describía la generación Ni-ni: "Ni estudia, ni trabaja" refiriéndose a los menores de 34 años que viven en casa de sus padres y no sienten deseos de hacer nada más allá que vivir a costa de sus progenitores.

Daba para reflexionar y se le ocurrieron muchas explicaciones para las distintas circunstancias que habían concurrido para que se pudiesen poner estas etiquetas. Probablemente justas para hacer estadísticas, acaso humanamente injustas por tantas causas que habían influido en el comportamiento consecuente de los etiquetados en el peor de los casos.

Ella pertenecía a los principios de la década de los sesenta y cuando le llegó la adolescencia se encontró con una crisis económica que le cerró el camino laboral a los dos años de estar trabajando. Los estudios se quedaron a mitad de camino: huelgas, cambios políticos, golpe de estado, una visión poco clara sobre su futuro... Años ejerciendo de ama de casa, de madre... Sin darse casi cuenta de los cambios, cumplió los cuarenta años y volvió a coger los libros, comenzó a trabajar al igual que la mayoría de sus amigas y de alguna manera se sintió realizada. Parecía que le había llegado la oportunidad para demostrarse a sí misma que tenía la capacidad de ser independiente económicamente. Ya no tendría que sentir esas frases en las que se le menospreciaba los trabajos desarrollados en el hogar, la multitud de facetas aprendidas y ejecutadas para saber ser una buena madre, educadora, casi psicóloga infantil, enfermera, administradora, limpiadora y el largo etcétera que conlleva sacar adelante una casa y una familia.

Se sintió deprimida al leer la noticia sobre los Ni-ni. Su trabajo fuera de casa no le había durado mucho. Había una nueva crisis económica y como tantísimos otros trabajadores, le llegó el día de sentarse a esperar en una sala de la mal llamada oficina de empleo, para registrarse como persona desempleada. Se preguntó a qué generación pertenecía ella. No había descripción para la suya. Con su edad y sus expectativas podría ponerse una buena etiqueta: Ni trabaja, ni tiene posibilidades de hacerlo, ni tiene carrera universitaria, ni tiene posibilidades de acabarla a tiempo para ejercer, ni tiene capacidad económica para costeársela, ni tiene ganas de intentarlo, ni tiene ganas de hacer esfuerzo alguno para salir de esta trampa que son las crísis económicas, ni tampoco tiene ilusión. Esto último es lo que más le dolía, la falta de ilusión que la había llevado a una apatía que no lograba vencer.

Se decía que no tenía carencias materiales ni afectivas y eso era un privilegio que debía valorar. Se decía a sí misma muchas cosas para salir de esa apatía que la estaba consumiendo cada día un poco más. Le pesaba la soledad de la espera diaria, demasiadas horas encerrada en casa sin tener una obligación para salir a la calle. La mayoría de los días no cocinaba y comía cualquier cosa cuando le acuciaba el apetito. No dormía bien y se despertaba en medio de pesadillas. Tampoco su familia quería entenderla cuando les explicaba que estaba cansada de vivir, que consideraba haber cumplido con sus obligaciones como ser humano y que no le encontraba sentido a la vida.

Leyó de nuevo la noticia y hasta le encontró la gracia a esto de poner etiquetas a las distintas generaciones. Algún listo podría incluso poner de moda, para el verano, camisetas de colores con el nombre de la generación en la espalda. Ella pediría una especial con muchos "Ni".


6 comentarios:

Raquel dijo...

Tenemos que poner etiquetas. Englobarnos, encerrar en un círculo lo que somos, lo que aspiramos a ser, como nos ven los demás. Bueno, nosotros no, los humanos en general, que tan perdidos se sienten si no hay rótulos y carteles. Pero yo creo, al igual que la protagonista de tu relato, que hay descripciones imposibles, por muy bien que nos conozcamos es difícil elegir una palabra, una emoción o unas pocas vivencias para etiquetarnos. Somos demasiado complicados, cambiamos cada día. Mucho más complicado poner etiquetas a los demás. Todas las generaciones pasan por lo mismo, no de la misma forma, pero los sentimientos no cambian tanto. Los jóvenes se sentían tan únicos, especiales o perdidos ahora que hace cuarenta años.
Me alegra volver a leerte, y así de bien.
Un beso, y feliz fin de semana, de lo que queda ya :)

Nacida en África dijo...

Mi querida Durrell: Entiendo a esa generación de los ni-ni aunque me rebele por las circunstancias que la han permitido. Me encantaría ser como ese pueblo japonés que todo lo acepta con moderación, pero soy muy mediterránea y a veces me hierve la sangre. Lo que no acepto es la catalogación, es poner a un sector de personas bajo una etiqueta. ¿Quizá para manipularías mejor?

No me hagas caso, Durrelilla. Me he levantado muy combativa.

Brisas y besos.

Malena

Ana Bohemia dijo...

Joer, la verdad es que todos esos "ni" desaniman a cualquiera, da mucha pena todo.
No entiendo esa manía de etiquetar a las personas...
Me ha gustado mucho leerte, ha estado muy bien.
Un beso
:)

Prometeo dijo...

Dimelo a mi con ni-ni en casa y sin cobrar paro. Un abarzo.

Durrell dijo...

Raquel, estoy completamente de acuerdo contigo, los tiempos cambian pero los jovenes se comportan en su evolución igual que otras generaciones anteriores, hay de todo y las etiquetas que generalizan son odiosas. No hay una persona igual a otra ni en sus circunstancias.

Malena, la manipulación es un hecho y las estadísticas ayudan sobremanera a ello. Invento de los norteamericanos, habría que investigar para que se hizo la primera... Te prefiero combativa, eso es señal de que estás preparada para la lucha y que estás mejor, de lo cual me alegro mucho.

Ana, son deprimentes esos "ni" pero es que este país está lleno de ellos. Los políticos empeñados en hacer campaña mientras gobiernan, nos dan pan para hoy y hambre para mañana. No hay un buen sistema educativo ni unas buenas bases económicas porque no interesa. Así hay mano de obra barata y al que no le guste que se quede en casa. Eso genera apatía, fustración e individualismo: Caldo de cultivo donde los trepas son los que sobreviven mejor. Los que trabajan de verdad han de hacer el doble o el triple de esfuerzo para mantenerse y los que no ven un futuro se van hundiendo poco a poco.

Prometeo, lo siento. Uno puede planificar y luchar pero a veces no salen las cosas como uno quiere. Tal vez necesitamos buscar otra estrategia diferente, hay que pensar en ello.

Besos y abrazos para todos y gracias por vuestros comentarios.

eMe Logar. dijo...

Te diré una cosa,entiendo perfectamente ese dolor por la falta de ilusión,aunque cada uno tenga sus circunstancias personales,pero yo me quedaría con el final del escrito y no esperar a que alguien haga la camiseta,estoy seguro que si "ella" hace las camisetas de la generación ni-ni puede ser una forma como otra cualquiera para volver a la batalla y volver a ser independiente.
Parece que a esa generación les gustan las etiquetas (ni digamos las marcas) y estoy seguro que lucirian encantados esas camisetas a un precio adecuado.A veces la fortuna nace de los osados y de las ideas que brotan sin pensar.
Un saludo
Milú