Saludos,
Elvia Ramírez
Lo releyó y le dio al icono para enviar. Suspiró y se miró
en su interior con los ojos cerrados, buscando, en los rincones más recónditos
de su mente, un espacio donde hubiese paz y serenidad. Abrió los ojos de nuevo
y en voz alta masculló: — ¡Qué harta estoy de todo!—. El sentimiento de
hartazgo comenzaba a obsesionarla minuto a minuto.
Desde unos meses atrás, su mirada hacia el exterior no
cesaba de enturbiarse cada vez con más entrelíneas, con más duplicidades, con
más navajazos emocionales que apenas lograba esquivar. La edad y la experiencia
le resultaban de gran ayuda, pero también ahogaban cualquier posible atisbo de esperanza
en su espíritu.
Desplazó la silla y se levantó, dirigiéndose hacia el
ventanal desde el cual podía contemplar la amplia avenida. La gente caminaba
deprisa por las aceras, en los semáforos daban pataditas impacientes y los coches
avanzaban acelerados. Tal vez demasiado acelerados para el gusto de Elvia. Antes
le gustaba conducir, pero últimamente la carretera era una carrera de
obstáculos. Los conductores parecían enloquecidos, arriesgando al máximo, por
obtener segundos de ventaja; los camiones y autocares circulaban, adelantando,
a unas velocidades que sobrepasaban límites increíbles en vehículos tan pesados.
Todo le parecía riesgo y crispación. Bueno, esa era la palabra: crispación. Allí
en la oficina, pero también con sus hijos, con Andrés... tal vez estaba
demasiado nerviosa, aunque él se había vuelto sorprendentemente irrazonable
casi con todo. Sus hijos adolescentes no paraban de provocar situaciones
desesperantes, que luego ella debía encauzar y solucionar. En la oficina las
cosas iban mal, el trabajo escaseaba y si antes costaba mantener la calma en el
equipo, ahora "las puñaladas por la espalda y las zancadillas" se
daban un día sí y otro también.
Volvió de nuevo a su mesa. En la pantalla no aparecía ningún
mensaje nuevo. Deberían entrar unos cuantos cada hora, sin embargo, ella se
cansaba de esperar respuestas que no llegaban. Literalmente estaba aterrada
ante la posibilidad de que aquel fuese el fin. Demasiado mayor para empezar de
nuevo, demasiado joven para jubilarse. La precariedad asomaba con sus uñas
clavándose en la puerta de entrada, esa que tendrían que cerrar definitivamente
si el negocio no se levantaba en pocos meses.
Cogió aire con fuerza y lo expulsó lentamente. Estaba
cansada de todo, de las noticias edulcoradas, de los políticos corruptos, de la
gente que los votaba... de tanta palabrería y tan pocos hechos. ¿Hasta donde
debían dejar que se hundiese aquello para reaccionar? ¿Qué pasaba para que
personas, declaradamente inteligentes, estuviesen tan ciegos, tan engañados? La
vida había cambiado mucho en pocos años.
Algo se movió en el escritorio del correo, un nuevo mensaje.
—¡Por fin!— dijo en voz alta con un suspiro. Lo abrió y se concentró en su
lectura.

7 comentarios:
Real como la vida misma. Pero me has dejado con la intriga.
Es que soy muy cotilla ¿qué decía el mensaje?
Muy bueno sí señor.
¿Habrá segunda parte?
;)
Creo que el personaje irá entrando en detalles más adelante.
El mensaje no me ha dejado leerlo :) pero en una oficina ya te puedes imaginar que sería de un cliente que debe dinero o de un acreedor que le pueda dar un respiro... tal como están los negocios hoy día...
Besos como versos, poeta ;)
Están muy bien narrados los sentimientos de la protagonista y haces que nos identifiquemos con sus problemas cotidianos, con ese temor de no llegar a la altura de un tiempo y un espacio donde los padres no se respetan y donde la sociedad parece mirarnos con lupa...
A veces, cuando llegas a la mitad de tu vida te preguntas ¿dónde quedó la ideología, nuestra lucha por dar un mundo mejor a los hijos?
En fin, creo que muchos hicimos la vida pensando que la mejor herencia para los hijos era una buena educación y ahora sus ídolos corren detrás de un balón o pierden el tiempo en una casa llena de cámaras. Lástima!! ¿habremos dejado más vicios que virtudes?
Pienso que a tu protagonista le duele que cuando tenía que recibir la cosecha todavía tenga que estar sembrando y sin mucha ilusión.
Un abrazo amiga
La frustración es el sentimiento más extendido últimamente. Seguimos adelante de distintas maneras, según las circunstancias de cada un@, pero nos autoengañamos con mil cosas para no pararnos a pensar. Defensas de supervivencia...
Estimada Alondra, un abrazo para ti también.
Cuanta realidad en tus letras...
Se puede sentir identificada una en ellas, en algunos de los pensamientos de Elvia
Me corroe la curiosidad por saber que dice el mensaje. Haz que te deje leerlo y cuentaaa, ¡por dios!!
Mil besos Durrel ;-)
Una gran, grandísima alegría reencontrarte. No sabes cuánta. Y más aún leerte.
Me ha gustado. Sobre todo porque es muy difícil empezar una historia, condensarla de la forma que lo has hecho, y terminarla hablando de lo que nos preocupa a muchos. Me ha gustado.
Abrazo, fuerte.
Lucía, el mensaje se ha quedado abierto... es de los finales que me gustan :) Pero ya veremos... Montón de besos. Yo también te quiero ;)
Chesana, muchas gracias. Yo me siento feliz viendo que escribes y que estás al otro lado de la pantalla. Un gran abrazo para ti ;)
Publicar un comentario