— Pues se quedarán los turrones.
— ¿Qué hablas de turrones?
— ¡Papá, qué susto me has dado! Pensaba que ya no volverías después de tantos días. Bueno, estaba leyendo una noticia, que avisa que hay que declarar a hacienda las cestas navideñas que recibas de más de trescientos euros. A mí no me pillará, desde luego.
— Las cestas y los lotes de Navidad, a menudo, han traído más problemas que alegrías.
Dejé el móvil a un lado y me acomodé mejor los almohadones en la espalda. Eran las ocho de la mañana y mi padre volvía a estar sentado en la descalzadora.
— ¿Por qué dices eso?
— Mira hija -empezó- la verdad es que esto no es nuevo. Hay quien piensa en compartir con padres, hijos, hermanos,... y después, algunos de esos mismos receptores son unos perfectos avaros para con el familiar generoso. En todas las familias cuecen habas.
— Bueno, pero estamos hablando de una simple cesta de Navidad, papá. Quién más, quien menos, tiene más llena su despensa.
— Eso he dicho yo siempre. Pero el mundo es como es. Hay envidias, hay rencores, egoísmos, ¡qué sé yo! Cuando conoces a las familias al completo y recuerda que yo soy de un pueblo pequeño, te llegan las historias aunque no quieras oírlas.
— La verdad es que llevas razón. El espíritu navideño deja mucho que desear. Para cuatro familias bien avenidas que disfrutan reuniéndose, hay un montón que no se avienen. Después están las sillas vacías de los que ya se fueron -os fuisteis-, que se os echa más en falta en estas fechas y con el año que llevamos, está siendo para llorar más que nunca—. Me quedé callada por un momento y miré a mi padre fijamente mientras suspiraba lentamente. —También están los que prefieren irse de vacaciones, los que quedan en Nochebuena para intercambiar regalos y desaparecen, los que dicen que trabajan al día siguiente y han de preparar algo, los que están muy cansados... En fin papá, este año con las pandemia más de uno lo va a tener muy fácil sin tener que buscar excusas.
— ¿Y tú qué vas a hacer? Te veo muy perezosa últimamente. Te levantas a unas horas en las que otros ya llevan horas trabajando.
— Pues mira, pretendo no hacer nada. Estoy hartísima del virus este, de no salir de casa y de escuchar las noticias. Me iría a dormir como los osos, a ver si cuando me despierte ya ha pasado la pandemia de las narices.
— Pues sí que estás bien. Si hubieseis vivido una guerra y el hambre posterior... entonces sí que no había opciones para lamentos.
— ¡Papá, que ya lo sé! Pero cada cual ha de poder quejarse de lo suyo. Si es que estoy viendo cada cosa... Ayer se me ocurrió llamar a una amiga para charlar un rato con ella y enseguida empezó a hablarme mal de su hermana. Resulta que su madre está en el hospital y ya se están peleando por la herencia. De verdad, me recordó la escena de "Canción de Navidad" de Dickens, donde le roban hasta la camisa a un difunto.
— Con la edad que tienes y parece que te has caído de un alcornoque.
— Querrás decir de un olivo.
— En mi pueblo siempre se ha dicho de un alcornoque.
— Bueno, pues no me he caído de ninguno. Pero me resultan penosos estos temas.
— Mira, sabes qué, deberías levantarte y podríamos ir a dar una vuelta con el coche. A ver si puedes ir explicándome qué ha pasado desde que me fui.
— ¿Puedo preguntarte una cosa? ¿Cómo es que has venido ahora, hay ángeles, paraíso, hay algo?
— Pues yo no he visto nada. Simplemente dormía, pero no muy relajado, porque de vez en cuando sentía que me hablabas. Y así no hay manera de descansar, hija. Así no hay paz que valga.
— ¡Uy, como lo siento, papá! Es que te echo de menos y las cosas de la edad, ahora me ha dado por hablarte.
Acabé de ponerme las
zapatillas y tras estirarme un poco, me levanté y fui a abrir el grifo de la
bañera... Mi padre ahora estaba en la terraza observando a los pocos transeúntes que se dirigían a tomar el primer café de la mañana.

6 comentarios:
Hablar de hacienda en estas fechas es mala suerte, eso si, si eres el rey emérito da igual, es intocable.
Saludos
Ya lo decía Machado: "País de charanga y pandereta" de eso nos preocupamos mucho, lo demás...
Saludos 🙂
Después de leer ésto, he tenido que ir al principio del relato; o sea: que te he leído "para atrás". No voy a cambiar a estas alturas...
Precioso lo que has escrito. Y sí, debe ser la edad, pero a veces yo también hablo con mi padre y le pongo "al día".
Escribes muy bonito, ¿lo sabes, verdad?. Y es un placer leerte. Abrazo... de los de en silencio.
Gracias Chesana, creo que hablar con nuestros "espíritus familiares" es una costumbre más común de lo que pensamos. Un gran abrazo para ti.
Feliz Nochebuena y mejor Navidad para tí y los tuyos. Prudencia en las reuniones y sobre todo que nadie falte en el año próximo a nacer. Que lo disfrutes todo como si fuera el último... aunque no lo sea. Un fuerte abrazo con todo el cariño que sabes te tengo.
Muchas gracias Chesana. Estamos solos pero un poco sí lo celebramos. También te deseo felicidad en estos días. Principalmente este año que viene deseo que tengais mucha salud y podamos seguir adelante con nuevas ilusiones. Un gran abrazo con cariño.
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