16.1.21

El espíritu de papá III


—¿A qué vienen esas lágrimas?

—¡Caray, papá, me das unos sobresaltos...  un aviso previo de tu visita estaría muy bien! La verdad es que me has pillado un poco desanimada, recordando a amigos y conocidos que en este año se han ido... y algunas abuelitas que ya no me reconocen cuando me ven y no hace tanto tiempo venían a darme un abrazo al verme desde lejos.

— Aún será más duro para sus hijos, que no los reconozcan...

— Eso he pensado yo, pero está cambiando todo tan deprisa, no me da para hacerme a la idea. Después está la pandemia ¿sabes? Bastante duro es ver llorar a una amiga que ha perdido a su pareja, por la enfermedad que sea, y no poder darle un fuerte abrazo para consolarla. Hoy me ha pasado y como es mayor, me he tenido que conformar con cogerle la mano y luego desinfectarnos con gel las dos, por temor a contagiarnos una a la otra. Aunque yo estoy segura de que ambas estamos bien.

— Pues no creas que otros son tan responsables como vosotras.

— Lo sé. Es un tema del que ya ni quiero hablar. Entiendo el hartazgo, porque yo también estoy bastante harta, sin embargo no quiero relajarme ni dar motivo para que por mi culpa pueda enfermar alguien. ¡Ay papá, a esto no le acabo de ver el final!

— Bueno, esto es mucho más de lo que yo mismo pensé el primer día. Pero llorar no soluciona nada, haz algo de provecho en vez de lamentarte.

— ¡Tan práctico como siempre! Es lo que intento hacer cada día, buscar alicientes en las cosas aunque sean pequeñas e inverosímiles. Por sencillo, algo como entrar en un grupo en el que cuelgan recetas de toda la vida, en diferentes versiones según la localidad de origen. Por ejemplo "las Migas", no hubiese imaginado nunca la cantidad de cosas que le echan o acompañan en el plato.

— ¡Las más buenas son las de mi pueblo!

— ¡Buenoooo, ya salió...! A ver papá ¿tú has probado las que hacen en los demás pueblos, para tener una prueba fidedigna de cuáles son las mejores?

— ¡Tonterías! ¿Acaso no te han gustado siempre las que hacía tu madre?

— Ya sabes que sí. Pero he probado otras que también estaban muy ricas. Ese fervor por lo propio o a veces por lo ajeno, nos pierde y cada día vamos a peor.

— No será para tanto. Eso es algo natural, no vas a decir que lo tuyo no es lo mejor...

— ¡Viva la autocrítica! Papá no puedo contigo jajaja. Fíjate que estos días, he recordado cosas que me decías, de las que yo no quería darte la razón simplemente porque eran sentencias finales y ya está. Sin opciones de dialogo, ni de mirarlas desde otra perspectiva.

— ¿Y tenía yo la razón o no?

— Sí, la tenías. Tengo que reconocerlo. Al cabo de los años y de tener alguna amarga experiencia, algunas cosas son como tú decías.

— Hija, es que el saber popular está ahí por algo, además de la experiencia que da la vida. No creas que a mí no me pasó también con mi padre o mi madre, aunque entonces eran otros tiempos...  los míos. 

— Ya... menudos tiempos tuvisteis... Cuando era más joven, a veces pensaba que me gustaría vivir en otra época de la historia, por lo que leía en mis libros ¿sabes? Pero ahora, para nada. Los mejores tiempos son los actuales, con las comodidades y adelantos de hoy en día. Aquí donde estamos, claro.

— Es que pensar que tiempos pasados fueron mejores, no es acertado. El pasado ya son solo recuerdos, lo importante es lo que vas a hacer hoy y mañana y de ahí en adelante. Los que faltamos no vamos a volver, hemos vivido nuestra vida hasta el final. Y eso es lo que os toca a vosotras.

— Eso justamente es lo que ha dicho mi amiga, que es una luchadora desde siempre. Supongo que a pesar de la pandemia, saldrá adelante y nada más en la noche se dejará vencer como hago yo. En esta hora a veces el pasado se presenta y nos atrapa en el primer sueño de la noche, o en el siguiente o... me estoy durmiendo, papá. Hasta mañana...

 

4 comentarios:

Emilio Manuel dijo...

"Cualquier tiempo pasado fue mejor", jeje, esto es algo que se dice cuando corren vientos nada positivos, por ejemplo los de estas fechas.

Saludos

Durrell dijo...

Y además porque tendemos a recordar solo lo mejor, si hacemos un esfuerzo seguramente habrá cosas que hemos preferido olvidar.

Saludos Emilio Manuel

Isabel Barrado dijo...

Fíjate, todos este año pidiendo que se acabara el 2020 y el 2021 nos ha dejado un aumento de contagios, la Filomena haciendo de las suya, el terremoto de Granada, vamos que el año ha empezado y el panorama es más negro que mi futuro. Ya solo nos queda el meteorito ese amenazante, una invasión alienígena y una revolución de zombies. Qué año, qué año. Menos mal que el cerebro siempre selecciona los mejores momentos, porque si no no sé qué sería de nosotros. :D

Durrell dijo...

Isabel :DDD esperemos no venga nada más. Con lo que hay y se perfila en el horizonte, mejor que los zombies y compañía se vayan con la fiesta a otra parte. Los alienígenas tienen planetas de sobras para hacer turismo y buscar gambusinos sin venir aquí, que aún se irían derechos a las UCIs... vaya plan.