—No me gusta la costa en días de lluvia…Era la tercera vez que Andrea decía aquello. La primera, cuando el coche entró en la autopista dirección Platja d’Aro y una fina cortina de gotas había rociado el parabrisas del automóvil. Ella miraba por la ventana, contemplando el paisaje oscurecido y triste. También iba a ser una triste tarde en el chalet de Marina. Aunque hacía años que se habían separado Lucas y ella, nunca habían firmado ningún papel que lo hiciese oficial, seguramente porque, a pesar de todo lo pasado, seguían sintiendo un cariño especial el uno por el otro. Y Clara, aquella hija que había muerto horas antes que su padre, había sido el factor más fuerte que los mantuviera unidos. Aquella distinta Clara, hija única que lo tuvo todo y un día desapareció, perdida en un camino de ansiedades al abrigo de otra lucidez…
Me dolía aquel recuerdo, me hacía daño. Si la hubiese encontrado tan solo unas horas antes, tal vez podría haber evitado su muerte. Aunque nada me aseguraba que no se habría hincado aquella mortal dosis de heroína al día siguiente, o a la semana siguiente… quién puede asegurar que el final de su destino no estaba ya escrito.
La lluvia me estaba poniendo de mal humor y aquél debía ser un día amable para todos. Marina se había tomado la molestia de reunir a los amigos y conocidos de Lucas. Y cuando llegamos, por fin, el inmenso salón estaba concurrido de gente con el gesto serio y vestidos discretamente, como si de un funeral se tratase. Yo me había colocado mi traje gris y Andrea, aunque lucía un vestido negro, contrarrestaba la ausencia de color con su espléndida cabellera pelirroja. Marina y ella se fundieron en un cariñoso abrazo mientras yo percibía el rápido deterioro que las circunstancias habían causado en el aspecto de nuestra anfitriona.
En el exterior retumbaban truenos y la lluvia se crecía espesa y dominante. Mantuvimos conversaciones con amigos comunes y con algunos viejos clientes de Lucas, mientras nos servían copas de vino dulce y una selección de pequeños pastelillos con diversos gustos y olores. El murmullo de las voces se había mantenido tenue y sosegado hasta que una voz se elevó por encima de las otras:
—No es momento para parches y recortes. El gobierno debería atreverse a correr riesgos que nos saquen de este atolladero. Un dirigente que no corre riesgos no es un buen político. Tan solo está haciendo campaña.
Aquella cara y aquella voz… podría tener razón, pero aquel miserable, con su pelo engominado y su fatua expresión, no era otro que un granuja al que Lucas había evitado que pisase la cárcel por traficar con droga. Un comercial de poca monta que en las horas bajas no sabía buscar recursos de otra manera. No era algo que se conociese sino por los compañeros que estuvimos trabajando con el abogado, buscando unas pruebas, casi insostenibles pero suficientes, para que el juicio fuese declarado injustamente nulo. A su lado, Edgar, su hijo, que había sido compañero de instituto de Clara y observaba a los oyentes con la mirada, socarrona y satisfecha, de unos veinte años mal llevados por los abusos, de todo tipo, con los que nutría su enclenque persona. Recordé la máxima que había imperado en las relaciones de Lucas: “Con los amigos no se debe hablar jamás de política o religión”. Aquel respeto por los sentimientos ajenos lo mantuvo toda su vida.
Andrea había fijado sus ojos en los míos y así, sin decir nada, supimos que había llegado la hora de marcharnos. La lluvia había amainado y el tránsito por las carreteras, ahora bajo la oscuridad de la noche, sería más seguro. Dejé que el auto rodara lentamente por las curvas que descendían desde aquella pequeña y selecta urbanización, a diez minutos de la playa. Varios coches me precedían y algún que otro vehículo subía en dirección contraria cuando un lejano ruido de motocicleta, con el tubo de escape descubierto, se dejó oír por detrás. Fue creciendo en intensidad y en un instante nos avanzó, invadiendo el carril contrario, un motorista con el casco levantado y echado hacia detrás; conducía una moto de montaña cuyo acelerador forzaba al máximo. Su figura me resultó familiar a la luz de los faros, pero no dije nada.
— ¿Pero a dónde va ese inconsciente, con el casco de esa manera? ¡Y en un día como hoy!
Andrea, indignada, se recolocó mejor el cinturón de seguridad, como si con ese gesto quisiese proteger a la figura que se perdió en la siguiente curva. Primero fueron los chillidos de los frenos, después un golpe seco que se reafirmó en otros distintos e inmediatos. Nos quedamos parados de improviso detrás de los otros coches y suerte tuvimos que el auto de detrás viniese guardando la distancia. Me bajé sin pensarlo y corrí hacia el lugar del accidente. El cuerpo del motorista yacía sobre el asfalto mojado, su cabeza había chocado con el quitamiedos y por su posición, parecía que se había roto el cuello. Alguien hablaba por un móvil con desesperación. A la luz de los focos pude confirmar mis sospechas, Edgar, fiel a la consigna de su padre, se había atrevido a correr un riesgo que le había costado la vida.
12 comentarios:
Aquí lo tienes, Malena. Espero que lo disfrutes. Después te diré la opinión de mi hija.
Besos.
Vaya, no esperaba ese final, pero supongo que estaba en su destino, como dices en el relato. Bueno y también que quien juega con fuego acaba quemándose.
Me ha gustado, aunque me ha quedado una sensación amarga, agridulce. La atmósfera del relato está muy conseguida; un día de lluvia, la sensación de que algo va a pasar; y los personajes muy logrados también. En pocas palabras quedan muy claras sus personalidades.
Como siempre, muy bien escrito.
Un abrazo.
Lo malo de este relato, Raquel, es que ese final está sacado de la realidad. Lo que no cuento es el dolor y sufrimiento de la madre del chico (que no era tan pervertido como el del relato), que lleva cinco años en terápia con el psiquiátra. El casco bien puesto hubiese salvado la vida del muchacho tal vez, y más si no hubiese adelantado de esa manera.
Hay edades difíciles y la actitud equívoca de un padre aún lo puede hacer más complicado. A mi me indigna todavía...
Gracias por el comentario, Raquel. Esta semana hay colgado un relato de Estresado que es una maravilla. Va de toros y aunque a mi no me gustan las corridas, reconozco que lo ha bordado. Si puedes, léelo.
Besos ;)
Mi querida Durrell: Mil gracias por el detalle que has tenido de dar luz verde al Sr. Abel Castellnou.
Me ha gustado por la forma en que lo has contado aunque después de haberte leido el relato y el comentario, me duele que unas vidas tan jóvenes se truncaran.
Has hecho en tu escrito un guiño a "Clara" de Joan Baptiste Humet ¿verdad?
Gracias otra vez, Durrelilla.
Mil besos y mil rosas.
Atmosfera y ritmos muy conseguidos, con un final muy de tragedia griega, ciclo vital e inesperado...muy bueno, casi perfecto.
Un fuerte abarzo.
Mil gracias a ti, Malena, que has sido quien en verdad ha provocado esta nueva aventura de Abel.
La canción de Joan B. Humet me inspiró en su día el nombre y la corta vida de la hija de Lucas Godard, protagonista del caso de Abel titulado 'Un caso desgraciado', que he enlazado con este de ahora y que viene a ser una continuación de aquel. No he podido resistirme a la letra de la canción y he tomado prestadas algunas expresiones de ella.
El relato tiene un final dramático y mi hija insiste que todas mis historias acaban siempre mal. No se acuerda de algunos relatos cargados de humor que he escrito en varias ocasiones... Incluso cuando me entrevisté con Abel, el ambiente fue de armonía y compenetración ¿no crees? hasta nos fuimos a comer juntos ;)
Una gran abraçada.
Gracias Prometeo, intentaré seguir mejorando y profundizando en el personaje.
Un gran abrazo para ti.
Impresionante relato Durrel, el final me ha puesto los pelos de punta por la crudeza y me ha parecido muy triste. Que pena que hayas tenido que inspirarte en un caso real, pero quizás por haberlo hecho se adivina esa sensibilidad, ese tacto.
Besos y gracias por animarme a participar en el Tintero.
:)
Ana, te sigo animando a que participes con tu nick propio, igual que animo a Raquel para que escriba, pues lo haceis muy bien las dos.
Yo no soy muy constante, pero eso no importa. El caso es colgar el relato cuando lo has escrito pues siempre se puede ligar una frase con el tema.
Ya me dirás...
Besos.
¡hola!
deberías ser más constante escribiendo porque creo que te ayuda, y mucho, y lo haces bien.
Andreass... en fins ;)
la mía -mi ahijada- está en Cadiz de viaje de fin de curso.
entre tú y yo, le veo un pequeño fallo, Demasidos personajes para un relato corto. Me quedé con Marina, Lûcas, Clara, Andrea... pero acabo y digo: ¿Edgar?
y vuelta a leer.
Quizás es culpa mía, pq estoy en demasiadas cosas a la vez, pero sé que tú aceptas mi opinión.
es que en el facebook un escritor/editor/locutor me pide el otro día mi opinión del inicio de su novela, `le cuento mis problemas de tiempo pero que lo haré cuando pueda pq a mí también me viene bien.
es muy guapo y tiene una legión de admiradoras... adivina por donde van los tiros.
ayer cojo dos párrafos de su novela y veo que tiene un monton de comentarios y a todAs se les cae la baba
empiezo a leer, me salto la nota de introducción pq la letra es tamaño 8,5. Primer párrafo: Permanece suspendido en mi memoria... y frase rimbombante de kilometraje
¿pero este tío qué dice? me voy al gimnasio.
por la tarde le escribo recordando que busco contactos profesionales, no enemigos
y le digo que yo invertiría el párrafo, primero lo que no consigue olvidar y...
se debió enfadar, me contestó muy tarde y dice: cada maestrillo tiene su librillo, y me cuenta su experiencia, sus titulos...
¡ay señor, qué pava soy y cómo me duelen los ojos!
un beso
Creo que tienes razón, María. El problema es que este relato es la continuación de otro y he querido refrescar la memoria del lector... y claro, nombres y más nombres. Edgar llega solo con una frase y se convierte en el protagonista del final.
Tan solo he podido describir más profundamente los personajes de Edgar y su padre. Los demás han quedado casi vacios por falta de espacio. Eso es lo que me gustaría aprender, a hacer frases más descriptivas de situaciones y personajes con las palabras justas.
Seguiré intentándolo. Muchísimas gracias por tu opinión, tomo nota. Y ya sabes que puedes darmela sinceramente, faltaría más.
El autor de las frases rimbonbantes... eso ya te está dando pistas del ego de su autor ekkksss!! Si le has dicho la verdad y se ha enfadado es que no le puedes ayudar, solo busca que le alabes. Si además es editor... mal lo tenemos. Lo demás ya, sin comentarios. Creo que debes seguir buscando por otro sitio.
Y te deseo mucha suerte y pregunto... ¿puedes enviar tu novela a concursos? Sería una manera...
Muchos besos.
hay un egocentrismo en el facebook impresionante, hay que distinguir y no dejar que te traten como si fueras idiota. Pero tienes que darte a conocer y allí se hace eso.
He contactado, o son 'mis amigo', con unos 150 editores/editoriales ( tengo casi 500 "amigos"), dentro de unos días empezaré a mandarles mi carta de presentación... por si cuela y quieren leer mi propuesta.
Mientras espero, escribo y si no veo ninguna luz después del verano miro los concursos. Claro que puedo presentarme, pero no creo en ellos.
besos.
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