Los colores, olores y sabores fueron sino los mismos, al
menos parecidos. Llegaron las moscas, las cigarras con su continua chicharrera,
el sopor del mediodía macilento por efecto del calor, los melones con su punto
de sabor a miel, las ciruelas jugosas, los melocotones de agua… Y llegaron las
caminatas por los paseos marítimos, inhalando la brisa del mar a borbotones,
como queriendo dejar ese tiempo parado y extenderlo más allá de las horas y de
los minutos. Aparecieron las paredes cubiertas de flores de las acaparadoras polygalas,
en lucha con espesas enredaderas de brillantes hojas nuevas… en los muros de
las casas se dejaron ver las insistentes buganvillas, fucsia o liliáceas, trepando
sinuosas en busca tal vez del inmenso azul. Las opulentas adelfas invadieron
las aceras estrechas, más intransitables aún por las ramas de los árboles que
alguien se olvidó de podar a tiempo… y las cotorras anidaron en las esbeltas
palmeras, inalcanzables pero dejando constancia de su presencia para niños y
mayores, cuyos ojos cada año buscan ese verde entre el otro verde, guiados por
sus voces estridentes. El verano llegó como había llegado cada año anterior.17.9.14
El largo y desasosegado verano...
Los colores, olores y sabores fueron sino los mismos, al
menos parecidos. Llegaron las moscas, las cigarras con su continua chicharrera,
el sopor del mediodía macilento por efecto del calor, los melones con su punto
de sabor a miel, las ciruelas jugosas, los melocotones de agua… Y llegaron las
caminatas por los paseos marítimos, inhalando la brisa del mar a borbotones,
como queriendo dejar ese tiempo parado y extenderlo más allá de las horas y de
los minutos. Aparecieron las paredes cubiertas de flores de las acaparadoras polygalas,
en lucha con espesas enredaderas de brillantes hojas nuevas… en los muros de
las casas se dejaron ver las insistentes buganvillas, fucsia o liliáceas, trepando
sinuosas en busca tal vez del inmenso azul. Las opulentas adelfas invadieron
las aceras estrechas, más intransitables aún por las ramas de los árboles que
alguien se olvidó de podar a tiempo… y las cotorras anidaron en las esbeltas
palmeras, inalcanzables pero dejando constancia de su presencia para niños y
mayores, cuyos ojos cada año buscan ese verde entre el otro verde, guiados por
sus voces estridentes. El verano llegó como había llegado cada año anterior.13.9.14
De romanos, Coliseum y otras historias...
La voz de la guía turística era incansable:
—… y verán esas pequeñas ventanitas en las paredes, pero que no son tales sino el lugar donde se hallaban las vigas que sostenían todo el edificio… fueron retiradas para fundirlas en la edad Media…
¡Qué bestias los de la edad Media! —pensó Isabel mientras volvía los ojos hacia los huecos en el centro de aquella gran plaza en el interior del Coliseo de Roma. Aquellos eran los pasadizos por los que debían caminar los gladiadores antes de subir a la arena y saludar al Cesar que ocuparía seguramente un lugar preferente en las gradas. Aquello debía ser como una gran plaza de toros, solo que los luchadores eran hombres… o no. Seguramente era allí mismo, por aquellos pasadizos, por donde los cristianos se arrastraban antes de enfrentarse a una muerte de las más horribles y espeluznantes que puede sufrir un ser humano: perecer bajo las garras y los dientes de felinos feroces y hambrientos, después de haber encomendado su alma a un Dios por el que estaban dispuestos a perder su vida…
—… y sobre todo no cojan una idea equivocada de lo que sucedía dentro de este edificio, pues aquí no hubo sacrificios de cristianos o algo por el estilo, tal como aparece en algunas películas americanas. Esto es el lugar donde luchaban los gladiadores y no lo hacían a vida o muerte como generalmente se cree…
¡Caramba! Isabel se quedó un tanto defraudada al oír aquello. Esa charlatana mujer se había empeñado en demostrar que los romanos eran unos santos aún en la antigua Roma. El caso es que entre todas aquellas piedras, grises por efecto del tiempo pasado, no había manera de refugiarse del aire helado que penetraba más allá de cualquier abrigo o anorak. En aquella tarde de últimos de diciembre apenas quedaban rastros de claridad natural y el Coliseo ahora se había ido iluminando con grandes focos que le daban un aspecto entre artificial y fantástico, barriendo toda ensoñación de túnicas blancas agitándose en las alturas de aquel gran circo de piedra.
Cuando salieron al exterior, levantó la mirada para contemplar la silueta de aquella maravilla. La luna se podía contemplar casi a la misma altura y esa estampa le pareció tan bella que aún estuvo a punto de dejarse llevar de nuevo por su imaginación. Esta vez la película se desarrollaba en la Roma de pocos años antes con una joven pareja paseando en una vespa… pero no. Se izó aún más el cuello del abrigo y se cogió del brazo de su compañero para regresar al hotel. El viaje no había hecho más que comenzar y quién sabe, tal vez algún día todas aquellas ensoñaciones le sirviesen para escribir un pequeño relato…
Luna llena
Entre jirones de consciencia y de sueños
agitados, el calor de un extraño verano aún incompleto y el leve frescor
de la madrugada, sentí una insistente sensación de llamada... Me incorporé
en la oscuridad y recorrí la casa. La puerta... cerrada..; un vaso de agua fresca enfrió mi garganta en la cocina y al mirar en la
ventana: ¡Luna... Luna!... luna llena, con su mirada bobalicona,...
luna plena de brillante luz clara,... y sin embargo... ¡Luna
endiablada! ¿por qué me llamas? ¿Qué te hice que me despiertas, que me
robas de mis sueños de plata?... ¿será que llevo acaso un lobo en la pupila del
alma...?4.11.13
De las cosas y la memoria...
19.3.13
La mesa blanca
23.12.12
¡Feliz Navidad!
A tod@s l@s amig@s bloguer@s
10.5.12
La casa deshabitada
28.4.12
Barra de labios
27.4.12
María, la costurera
En el taller, tan solo se escuchaba el
murmullo de la vieja radio que emitía notas de una conocida balada. Las dos
máquinas de coser descansaban, después de una larga mañana de ajetreo, mientras
las muchachas hilvanaban piezas de ropa con hilos de colores vivos. En un
rincón, una mujer algo más mayor, se ocupaba de repasar los vestidos con la
plancha, sus gestos precisos denotaban los largos años de experiencia en el
oficio. 23.4.12
Feliç Sant Jordi 2012
19.4.12
Siguiendo a Cortazar

Subió los tres peldaños del porche y entró. Desde la sangre galopando en sus oídos le llegaban las palabras de la mujer: primero una sala azul, después una galería, una escalera alfombrada. En lo alto, dos puertas. Nadie en la primera habitación, nadie en la segunda. La puerta del salón, y entonces el puñal en la mano. La luz de los ventanales, el alto respaldo de un sillón de terciopelo verde, la cabeza del hombre en el sillón leyendo una novela.
Había como un silencio que impresionaba, tan solo roto por el crepitar del fuego en la chimenea; fuera se mecían las ramas de un viejo sauce. Levantó la mano presta a descargar el golpe y súbitamente apareció. La mirada de la niña quedó fija en el puñal, enturbiada por el asombro, por el horror de aquel acto abominable. La boca abierta donde debió estrangularse el chillido que no salió. Su inmovilidad al otro lado de la cristalera paralizó la mano que enfundaba el arma mortal.
El hombre del sillón continuaba leyendo, enfrascado el ánimo en aquella novela negra. Ajeno al peligro. Sin ver a la niña, quieta bajo las ramas del sauce. Sin sentir los pasos descalzos del hombre, que comenzaron a alejarse. Sin el más pequeño presentimiento sobre su propio fin, tal vez por incierto.
Se calzó de nuevo y con indecisión rodeó la casa. El viejo árbol estaba allí, el viento seguía batiendo sus ramas. Buscó entre los árboles y aún más lejos, hacia el camino de entrada y no halló, en modo alguno, la blanca presencia de aquella niña rubia. Guardó el arma, otra vez, entre las ropas que cubrían su pecho y mientras salía de aquel recinto, pensó que tal vez se le había aparecido un ángel.
9.1.12
El boleto de lotería

- ¿Han avisado…?
- Sí señor, la policía científica ya viene en camino, también el forense y una juez de guardia. Este es el nombre y dirección del muerto –añadió pasándole una hoja escrita y una cartera de piel dentro de una bolsa de plástico- la cartera estaba en el suelo, no parece que falte dinero ni documentos.
El inspector miró la dirección, un número dos calles más abajo. Decidió ir a pie, era la parte de su trabajo que menos le gustaba, inmiscuirse en el hogar de una familia para dar la noticia de una muerte violenta. Acompañado por otro policía se alejó caminando mientras se preguntaba el motivo por el cual un tipo como aquel podría haber salido a las tres y media de la mañana en un lunes húmedo de noviembre. Llegaron a la puerta de un edificio moderno con fachada de ladrillos y tras obtener respuesta por el interfono Julio decidió subir solo. La mujer que le recibió de unos treinta y cinco años iba envuelta en una bata azul sobre una camisola a rayas, no pareció tan sorprendida como quiso hacer ver cuando escuchó la palabra ‘policía’. En el salón, de pie con un cigarro recién encendido esperaba otra mujer algo más mayor con una bata y un camisón similar, Julio miró sus piernas extrañamente cubiertas con medias dentro de las zapatillas.
- ¡Quédense aquí sin moverse!- Ordenó.
Antes de que pudiesen reaccionar él ya había abierto puertas y localizado los dormitorios. Las camas no estaban deshechas, ropas tiradas de cualquier modo sobre la cama indicaba el cambio apresurado de vestimenta, una pesada maleta quedaba mal oculta detrás de la puerta de una de las habitaciones. El inspector con su arma en la mano volvió al salón, ellas le miraron resignadas, la mayor acertó a balbucear:
- Pretendía marcharse sin nosotras….él solo…con el boleto premiado de la lotería… ¿entiende? él solo,…tuvimos que improvisar, no tenemos nada…ni siquiera este piso es nuestro…
La mujer escondió la cara entre las manos mientras sollozaba, relajada ya de tanta tensión acumulada, su hermana abrazándola espetó secamente al policía:
- Guarde su arma inspector, no la necesitará.
Julio marcó un número en su móvil y dio una orden. Se sentó y encendió un cigarro.
- La maleta era de él ¿verdad? ¿porqué no se llevó el coche?
La hermana mayor dejó de sollozar y se apartó el cabello de la cara con cierta furia.
- Escondí las llaves, no quería que se fuera. Pero a él no le importó, dijo que encontraría un taxi…y entonces recordé que teníamos aquella pistola, la cogí y salí detrás…el muy estúpido sonrió cuando le dije que quería darle el último beso…Marta es inocente, me vio llegar con la maleta y decidió ayudarme…no tuvimos tiempo…
Julio pensó en la lotería, en como afecta a la vida de los individuos. No siempre les trae felicidad…
30.12.11
¡Feliz Año Nuevo!
de los vividos hasta ahora
para tod@s.
Con mucho amor,
mucha salud,
y que se cumplan
los mejores deseos.
23.12.11
¡Feliz Navidad!
una muy
feliz y muy especial Navidad.
Espero que disfruteis estos días
rodeados de amor y humor,
de cariño y de amistad.
Un gran abrazo para tod@s.
7.12.11
Lo que expresan las palabras

Después le doy vueltas al tema, a la realidad que refleja, a lo que son capaces de hacer ciertos "humanos". Y la capacidad para sobrevivir de esas víctimas que cada día han de buscar la esperanza para continuar adelante.
Me gusta como ha desarrollado el guión Isabel Coixet, hay formas de narrar los horrores de la guerra de una forma linial que al fin acaba siendo otra de tantas películas, en cambio ella lo ha hecho a través de las palabras de los personajes, palabras recónditas que les cuesta emitir y que al fin saldrán para expresar todo lo que necesitaría mil imágenes y no serían bastantes.
Un diez para la película. Mil para las víctimas de las guerras, que a pesar de los pesares continúan adelante cada día y un enorme cero para los gobiernos que no son capaces de juzgar a los asesinos y torturadores.
2.12.11
25.10.11
Ese Vecino de Arriba
He vuelto hace unos instantes de visitar a mi casero y ya se me figura que ese solitario vecino va a inquietarme por más de una causa. Reconozco que mi vestido de noche, negro y ajustado, a las siete de la mañana no es lo más adecuado para llamar a la casa de nadie pero tampoco soy yo amiga de formulismos y de apariencias hipócritas. Hace tiempo que decidí tomarme la vida tal como se presenta, sin prejuicios y sin obligaciones, y ciertamente considero que ahora soy más feliz. Llegué a este apartamento hace una semana, necesitaba más espacio desde que apareció Tommy -es mi gato naranja- lo encontré vagando por la calle y olisqueando los contenedores de basura. Con dos o tres caricias y unas palabras cariñosas conseguí traerlo conmigo, se veía a las claras que alguien lo había abandonado. Ese vecino mío tiene a veces la mirada de Tommy, me mira embobado con sus ojos de un azul muy intenso y se queda sin articular palabra, con una sonrisa un tanto gatuna…La verdad es que desde mi llegada aquí me lo encuentro quizás demasiado a menudo, no es que me disguste pues es un hombre muy atractivo y tiene un aire …como podría decirlo…¿sensual? Sí, esa es la palabra. Hace dos días me encontraba tomando el sol sentada junto a la escaleras de incendios, intentaba sacarle a mi guitarra las notas de una melodía. comencé a cantar embelesada por el dulce compás, fue… un momento lleno de magia, como si el tiempo se hubiese parado para mí. Cuando llegué al final de la canción miré hacia arriba y allí estaba él, mirándome intensamente...
Ayer me invitó a comer en un restaurante muy acogedor y estuvimos charlando durante varias horas, fue muy interesante descubrir sus aficiones literarias, me habló con gran entusiasmo del libro que está escribiendo y me conmovió oír un poema que dijo haber escrito para mí. Es un hombre muy seductor y cuando cogió mi mano y me besó no supe rechazarle, me sentí transportada a una nube de felicidad inmensa y todo mi alrededor dejó de existir. No recuerdo muy bien como salimos de allí y caminamos por las calles hasta su apartamento, pero sé que caímos los dos en un abismo de pasión desenfrenada, me sentí amada con una ternura que nunca antes había conocido y deseé continuar así por el resto de mi vida. En aquel abrazo infinito de su cuerpo junto al mío, de mi piel sobre su piel... ámame, ámame, le gritaba desde mi interior mientras el me miraba con aquella intensidad… Un reloj marcó las nueve y eso me devolvió a la fría realidad, no soy una mujer con un pasado fácil y sé que estos momentos de felicidad duran unos días y después se diluyen hasta acabar en la nada, si la relación ha sido buena, y acaban en el odio, si la convivencia se ha ido complicando.Reconozco que fui bastante brusca en mi huida, lo dejé sin palabras cuando dije que aquello no significaba nada para mi y que no quería volver más a aquel apartamento. Bajé corriendo hasta mi casa y lloré abrazada a mi gato durante unos minutos muy largos. No estaba dispuesta a dejarme llevar por la melancolía así que me duché y me puse este vestido que me regaló uno de mis amigos, es estupendo lo bien que resalta mi figura y me hace sentir segura de mi misma. He pasado la noche en casa de Jimmy, celebraba una fiesta por algún motivo aparente que él pensó y que yo no recuerdo. Como siempre he bebido mucho y he hablado y bailado con gente que apenas conozco, eso es lo que yo quiero y lo que busco: un roce superficial y divertido que no pueda hacerme daño y herir mis sentimientos. Ha sido una de tantas noches locas en la que hemos acabado todos durmiendo unos encima de otros o en los rincones más insospechados.
El despertar no ha sido muy agradable, la cabeza pesada, el cuerpo dolorido y el estómago revuelto. Anne, que acababa de llegar y comenzaba a poner orden en el piso, ya tenía preparado ese brebaje milagroso que nos ofrece siempre para la resaca y yo,con agradecimiento, me lo he bebido de un trago. Cuando he llegado a casa después de un largo paseo por las calles casi desiertas, ya me sentía suficientemente renovada como para no pasarme por alto una nota prendida en la mirilla de mi puerta. Mi vecino no se había rendido con las palabras vertidas antes de mi escapada y solicitaba en el pequeño papel que subiese a buscar un objeto que había dejado olvidado el día anterior.
Me ha abierto la puerta un tanto adormecido aún y en pijama, yo le he mostrado el papel mientras él recorría con los ojos toda mi figura. Inesperadamente me ha enlazado por la cintura y me ha besado largamente, como el día de antes, como a mí me gusta… Y antes de cerrar la puerta me ha despedido con una sonrisa y un –hasta luego-.
10.7.11
1.7.11
Corren días de verano...
Los días languidecen entre calores eternos, esperando un estímulo que los llene de emoción. El verano, ese verano libre de obligaciones, promete sabores de aventuras, días intensos gratamente planeados.Como contaba El Principito, contaré yo los días que faltan anteponiéndome, anhelando, disfrutando la emoción de lo venidero. Porque no es otra cosa nuestra vida que un carro de emociones, arrastradas sus ruedas por un angel llamado ilusión. Sin la ilusión no habría camino ni sendero que nos llevara siguiendo nuestro rumbo.
A veces creemos que la ilusión nos abandona, pero no es cierto. La ilusión no solo está en los grandes hechos, pues es en las pequeñas cosas donde más se explaya. Disfrutemos de ellas hoy, el mañana que vendrá será otro presente que aún desconocemos y no tiene sentido preocuparnos por él antecediéndolo con posibilidades imaginarias. Mejor será dejarnos acompañar por nuestra amiga ilusión, ya que todo llegará como el destino decida.
27.6.11
La Maleta de Lagarde
Antonio ‘el maletas’ está que se sale de sudor mientras arrastra el voluminoso equipaje hasta la puerta del ascensor. El dueño del muerto aquel, un tipo bien trajeado y con flequillo diseñado por estilista, camina detrás hablando por el móvil. Se le ve un rato largo la petulancia en las maneras, la prepotencia del que domina. En el ascensor cierra el teléfono con un gesto afectado i se coloca el pulgar y el índice en la barbilla mientras mira el techo del ascensor como si estuviera planeando un nuevo diseño para esa caja elevadora. Antonio lo mira socarrón, ha visto otros tipos como este y piensa: ‘mucho teatro y luego na de na’. En la habitación la maleta se queda a los pies de la cama, Antonio abre la puerta del lavabo comprobando que todo esté correcto y entrega la llave al cliente antes de salir, - ‘Bon suár, mesié’.
En recepción no hay clientes y ‘el maletas’ se acoda en la superficie de mármol rosa, Janine está liada en el ordenador pero le mira a la cara y sonríe:
- Monsieur Jean Lagarde. Solamente una noche, mañana temprano te dejará la maleta en consigna y la recogerá por la tarde. No apuestes nada, no vas a tener oportunidad de ver lo que lleva dentro. – ¡Mon Dieu! mira que llegas a ser…¿cotorra?-.
- ¡Cotilla, se dice cotilla! Niña, más respeto que puedo ser tu padre. –Antonio le guiña un ojo a Janine- Ya veremos mañana lo que trae este repeinao. Y me voy, que por hoy ya he cumplio. No te canses niña.
Antonio se cambia la chaqueta en el cuarto de las maletas. Al salir encuentra al tal Lagarde que enfila caminando la rue Lafayette en dirección a las galerías. El maletero lleva el mismo camino y la distancia le permite ver como el hombre sube a un coche que le espera en la esquina, no ha podido ver al conductor y Antonio se desentiende silbando una melodía mientras sus pasos se pierden por la calle mojada entre luces y coches aparcados.
Son las ocho de la mañana, Antonio está de nuevo en su puesto. Janine ha sido sustituida por un joven más serio que no sabe apenas nada de castellano. El maletero no se arredra y avisa que va a la 306 alegando que tiene encargado pasar a recoger el equipaje. En el pasillo del tercer piso un carrito con ropa limpia delata la presencia de una camarera arreglando habitaciones. Antonio da tres golpes en la puerta:
-¡ Servís de valís, mesié!, ¡servís de valís!
Como esperaba, la puerta no se abre y el maletero utiliza su llave, no hay nadie en la habitación y desde el lavabo se oye el ruido del agua de la ducha al caer después de chocar contra un cuerpo. Sobre la cama se encuentra la maleta cerrada pero sin encajar en los cierres. Antonio la abre rápidamente y entre la ropa tres caras humanas sin ojos le hacen retroceder espantado, ha estado a punto de lanzar un grito…., pero no, una nueva mirada le hace ver que son tres cabezas de mujeres talladas en piedra. Cierra rápidamente la maleta y sale de la habitación, el tal Lagarde no ha oído nada.











