20.8.20

Mírame a los ojos XVI


ERNEST DESCALS
Habían pasado dos semanas cuando Adriano la llamó y le dijo que sí a todo. En su empresa le dieron permiso para coger la excedencia en seis meses y durante ese tiempo aprovechó para preparar el cambio. Con Joanna estudiaron el estado del mercado inmobiliario y cuando estuvieron seguros, hablaron con Alejandra y le hicieron una oferta por la casa. A ella no le sorprendió mucho la decisión, pues había notado un gran cambio en Joanna; hablaron y se dieron tiempo pues no sabían lo que tardarían en vender el piso de la ciudad.

Mientras tanto hicieron los arreglos necesarios en la casa, restaurando lo posible y buscando los nuevos elementos en consonancia para no perder el ambiente que tanto apreciaban. La entrada la abrieron hasta el salón y prepararon las paredes y las luces para exhibir los cuadros de Joanna. En el centro un mostrador y  desperdigadas unas mesas y sillas auxiliares con las cajas decoradas. En el interior de la casa quedó el dormitorio, una habitación de taller y otra que acomodaron como sala de estar, además del baño renovado. A la gran mesa de madera de la cocina le añadieron dos sillas, luego de acondicionar una buena encimera y electrodomésticos nuevos, aquella amplia estancia les serviría de comedor también. En el patio de entrada colocaron piezas de cerámica de Gianni, un compañero italiano de Joanna y él a cambio colocó varios óleos de Joanna en su tienda, ya que como estaban cerca uno del otro, se beneficiarían de esta colaboración con los clientes.

En el piso de la ciudad aún quedaron algunos muebles. Parte de ellos se los llevó Susana junto con su colección de muñecos de trapo, pero no quiso llevarse nada más de tantas cosas suyas de cuando era niña. Así Adriano y Joanna llenaron cajas con juguetes, películas y mil cachivaches y los llevaron a un centro de ayuda a la infancia. La verdad es que resultó arduo recoger tantas cosas y tantos recuerdos, pero por suerte tuvieron unos meses para decidirse y empaquetar. Durante ese tiempo les resultó complicado encontrar un comprador porque la actividad inmobiliaria se movía poco, hasta que un día del quinto mes, una pareja joven les hizo una oferta y llegaron a un acuerdo. Una semana después de coger la excedencia Adriano, ya habían resuelto todos los trámites de las dos casas y de su nueva situación laboral.

A partir de ese momento él se ocuparía de la distribución y venta, tanto por internet como en la tienda y ella de la parte creativa, aunque ambos compaginarían el trabajo en la medida de lo posible. Desde luego los cuadros eran una ocupación exclusiva de Joanna y lo primero que hizo antes de la mudanza, fue pintar dos lienzos, una preciosa marina del mejor rincón de Subur y otro del jardín posterior de la casa con la parra incluida. Fue una sorpresa que su amiga Alejandra supo apreciar en todo su valor, pues le encantaba su manera de pintar y tendría a la vista el lugar de tantos recuerdos compartidos. Las dos habían hablado mucho desde que Joanna se fue a vivir sola y se dieron cuenta de que esa intimidad la habían perdido años atrás, con el trajín cotidiano que cada una había llevado. Alejandra aprendió a estar más atenta a las conversaciones y a los silencios de su amiga y Joanna a compartir sus sentimientos serenamente con ella.

No inauguraron la tienda enseguida, pues era invierno y la temporada más baja del año. Se cogieron unos días de vacaciones y salieron a la aventura con el coche sin un rumbo previo. Esos días los necesitaban después de tanto trabajo y tantos nervios, además tenían ganas de estar juntos y libres para descansar. Fue como un nuevo reconocimiento uno del otro, pues los dos habían madurado en comparación a los años previos de su separación. Parecía que habían perdido la inocencia por el camino y su talante era más serio, pero tal como dijo Joanna cuando lo hablaron: 

—En realidad, pienso que esos mismos problemas que hemos tenido en casa, les ocurren a casi todas las parejas en mayor o menor medida. Simplemente hay cosas, decepciones, que no vemos bien decirlas en voz alta o contarlas y les ponemos un veto incluso con las amistades más íntimas, pero enfrentarse a ellas es lo que nos va modelando el carácter y la actitud ante la vida. Al fin es lo que nos lleva a crecer o madurar y perder ese niño que acostumbramos a decir que llevamos dentro, que no es otra cosa que ir perdiendo las ilusiones. Lo importante es aceptar los cambios y la frustración que conlleva, alejarse de quien no nos aprecia en realidad, porque lo primero que tenemos que cuidar es de nosotros mismos, eso es así... Y luchar para crear y perseguir otras nuevas metas, específicamente luchar contra nuestros oscuros pensamientos ya que a veces estamos tan cerrados y derrotados que no sabemos buscar en nuestro interior. Y por encima de todo ser conscientes y valorar lo que tenemos. Yo siempre he sabido que no te había perdido, lo he sabido todo este tiempo en Subur, mientras esperaba a que tú también te dieses cuenta.

2 comentarios:

Chesana dijo...

Pillo el XVI... así que tendré que buscar el I para llevar la historia como se merece... porque sigues escribiendo muy bien, y yo que no tengo perdón, llevo mucho sin venir por aquí (y no sé por qué).

Gracias por tu felicitación.

Durrell dijo...

Chesana, durante varios años he estado sin escribir y con el blog cerrado al público, era difícil que pudieses venir. Espero ser más constante ahora, aunque esa virtud no la tengo ;)