5.11.15
Nada
6.5.15
El mensaje
17.2.15
Letanía y llanto en Martes de Carnaval
Ya se oyen los tambores de nuevo... ¡Hijo, cierra la puerta! Esa puerta
que no aisla el silencio, ni ensordece las alegrías ajenas. ¡Dame el
bastón, Antonio! ¡Ya no respetan ni los lutos ni las penas de las
madres, de las mujeres, de las plañideras...! ¿A quien reclamar, a quien
protestar por nuestra muerte en escena? Una noche se lo llevaron a
Federico y se perdió el alma de España en los poemas... ¡Que no suenen
los tambores, que no! Que la luna ya, ni viste de plata, ni bata
lleva. Solo la noche cerrada, oscura y yerma nos acompaña. Duerme
Bernarda, Poncia está quieta y en la casa ni un alma cose ajuares,
camisas u otras telas...¡Cierra la puerta, hijo! Que los tambores se
alejen, que no quiero alegrías y jaranas a la par de la vela... ¡Que
lloren conmigo quiero, que lloren como lloramos los personajes, con
sangre, con genio, con Lorca... y la noche serena...!5.1.15
Feliz Año Nuevo
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Podría ser un buen año para que los ciudadanos de este mundo ejerciésemos la Paz y el respeto. De tantas cosas, de tantos caminos mal construidos, seguro que los podríamos desandar, buscando nuevos métodos y nuevas metas. Sería una liberación para nuestro planeta, deshacer el atropello a los bienes naturales e intentar regenerarlos. Podríamos dignificar y valorar la vida por encima de equivocados placeres artificiales. Por poder, podríamos poder hacer, desde ya mismo, tantas cosas...
Es una buena fecha como otra cualquiera...¡Hagámoslas!
!FELIZ AÑO NUEVO¡
17.9.14
El largo y desasosegado verano...
Los colores, olores y sabores fueron sino los mismos, al
menos parecidos. Llegaron las moscas, las cigarras con su continua chicharrera,
el sopor del mediodía macilento por efecto del calor, los melones con su punto
de sabor a miel, las ciruelas jugosas, los melocotones de agua… Y llegaron las
caminatas por los paseos marítimos, inhalando la brisa del mar a borbotones,
como queriendo dejar ese tiempo parado y extenderlo más allá de las horas y de
los minutos. Aparecieron las paredes cubiertas de flores de las acaparadoras polygalas,
en lucha con espesas enredaderas de brillantes hojas nuevas… en los muros de
las casas se dejaron ver las insistentes buganvillas, fucsia o liliáceas, trepando
sinuosas en busca tal vez del inmenso azul. Las opulentas adelfas invadieron
las aceras estrechas, más intransitables aún por las ramas de los árboles que
alguien se olvidó de podar a tiempo… y las cotorras anidaron en las esbeltas
palmeras, inalcanzables pero dejando constancia de su presencia para niños y
mayores, cuyos ojos cada año buscan ese verde entre el otro verde, guiados por
sus voces estridentes. El verano llegó como había llegado cada año anterior.13.9.14
De romanos, Coliseum y otras historias...
La voz de la guía turística era incansable:
—… y verán esas pequeñas ventanitas en las paredes, pero que no son tales sino el lugar donde se hallaban las vigas que sostenían todo el edificio… fueron retiradas para fundirlas en la edad Media…
¡Qué bestias los de la edad Media! —pensó Isabel mientras volvía los ojos hacia los huecos en el centro de aquella gran plaza en el interior del Coliseo de Roma. Aquellos eran los pasadizos por los que debían caminar los gladiadores antes de subir a la arena y saludar al Cesar que ocuparía seguramente un lugar preferente en las gradas. Aquello debía ser como una gran plaza de toros, solo que los luchadores eran hombres… o no. Seguramente era allí mismo, por aquellos pasadizos, por donde los cristianos se arrastraban antes de enfrentarse a una muerte de las más horribles y espeluznantes que puede sufrir un ser humano: perecer bajo las garras y los dientes de felinos feroces y hambrientos, después de haber encomendado su alma a un Dios por el que estaban dispuestos a perder su vida…
—… y sobre todo no cojan una idea equivocada de lo que sucedía dentro de este edificio, pues aquí no hubo sacrificios de cristianos o algo por el estilo, tal como aparece en algunas películas americanas. Esto es el lugar donde luchaban los gladiadores y no lo hacían a vida o muerte como generalmente se cree…
¡Caramba! Isabel se quedó un tanto defraudada al oír aquello. Esa charlatana mujer se había empeñado en demostrar que los romanos eran unos santos aún en la antigua Roma. El caso es que entre todas aquellas piedras, grises por efecto del tiempo pasado, no había manera de refugiarse del aire helado que penetraba más allá de cualquier abrigo o anorak. En aquella tarde de últimos de diciembre apenas quedaban rastros de claridad natural y el Coliseo ahora se había ido iluminando con grandes focos que le daban un aspecto entre artificial y fantástico, barriendo toda ensoñación de túnicas blancas agitándose en las alturas de aquel gran circo de piedra.
Cuando salieron al exterior, levantó la mirada para contemplar la silueta de aquella maravilla. La luna se podía contemplar casi a la misma altura y esa estampa le pareció tan bella que aún estuvo a punto de dejarse llevar de nuevo por su imaginación. Esta vez la película se desarrollaba en la Roma de pocos años antes con una joven pareja paseando en una vespa… pero no. Se izó aún más el cuello del abrigo y se cogió del brazo de su compañero para regresar al hotel. El viaje no había hecho más que comenzar y quién sabe, tal vez algún día todas aquellas ensoñaciones le sirviesen para escribir un pequeño relato…
Luna llena
Entre jirones de consciencia y de sueños
agitados, el calor de un extraño verano aún incompleto y el leve frescor
de la madrugada, sentí una insistente sensación de llamada... Me incorporé
en la oscuridad y recorrí la casa. La puerta... cerrada..; un vaso de agua fresca enfrió mi garganta en la cocina y al mirar en la
ventana: ¡Luna... Luna!... luna llena, con su mirada bobalicona,...
luna plena de brillante luz clara,... y sin embargo... ¡Luna
endiablada! ¿por qué me llamas? ¿Qué te hice que me despiertas, que me
robas de mis sueños de plata?... ¿será que llevo acaso un lobo en la pupila del
alma...?4.11.13
De las cosas y la memoria...
19.3.13
La mesa blanca
23.12.12
¡Feliz Navidad!
A tod@s l@s amig@s bloguer@s
10.5.12
La casa deshabitada
28.4.12
Barra de labios
27.4.12
María, la costurera
En el taller, tan solo se escuchaba el
murmullo de la vieja radio que emitía notas de una conocida balada. Las dos
máquinas de coser descansaban, después de una larga mañana de ajetreo, mientras
las muchachas hilvanaban piezas de ropa con hilos de colores vivos. En un
rincón, una mujer algo más mayor, se ocupaba de repasar los vestidos con la
plancha, sus gestos precisos denotaban los largos años de experiencia en el
oficio. 23.4.12
Feliç Sant Jordi 2012
19.4.12
Siguiendo a Cortazar

Subió los tres peldaños del porche y entró. Desde la sangre galopando en sus oídos le llegaban las palabras de la mujer: primero una sala azul, después una galería, una escalera alfombrada. En lo alto, dos puertas. Nadie en la primera habitación, nadie en la segunda. La puerta del salón, y entonces el puñal en la mano. La luz de los ventanales, el alto respaldo de un sillón de terciopelo verde, la cabeza del hombre en el sillón leyendo una novela.
Había como un silencio que impresionaba, tan solo roto por el crepitar del fuego en la chimenea; fuera se mecían las ramas de un viejo sauce. Levantó la mano presta a descargar el golpe y súbitamente apareció. La mirada de la niña quedó fija en el puñal, enturbiada por el asombro, por el horror de aquel acto abominable. La boca abierta donde debió estrangularse el chillido que no salió. Su inmovilidad al otro lado de la cristalera paralizó la mano que enfundaba el arma mortal.
El hombre del sillón continuaba leyendo, enfrascado el ánimo en aquella novela negra. Ajeno al peligro. Sin ver a la niña, quieta bajo las ramas del sauce. Sin sentir los pasos descalzos del hombre, que comenzaron a alejarse. Sin el más pequeño presentimiento sobre su propio fin, tal vez por incierto.
Se calzó de nuevo y con indecisión rodeó la casa. El viejo árbol estaba allí, el viento seguía batiendo sus ramas. Buscó entre los árboles y aún más lejos, hacia el camino de entrada y no halló, en modo alguno, la blanca presencia de aquella niña rubia. Guardó el arma, otra vez, entre las ropas que cubrían su pecho y mientras salía de aquel recinto, pensó que tal vez se le había aparecido un ángel.
9.1.12
El boleto de lotería

- ¿Han avisado…?
- Sí señor, la policía científica ya viene en camino, también el forense y una juez de guardia. Este es el nombre y dirección del muerto –añadió pasándole una hoja escrita y una cartera de piel dentro de una bolsa de plástico- la cartera estaba en el suelo, no parece que falte dinero ni documentos.
El inspector miró la dirección, un número dos calles más abajo. Decidió ir a pie, era la parte de su trabajo que menos le gustaba, inmiscuirse en el hogar de una familia para dar la noticia de una muerte violenta. Acompañado por otro policía se alejó caminando mientras se preguntaba el motivo por el cual un tipo como aquel podría haber salido a las tres y media de la mañana en un lunes húmedo de noviembre. Llegaron a la puerta de un edificio moderno con fachada de ladrillos y tras obtener respuesta por el interfono Julio decidió subir solo. La mujer que le recibió de unos treinta y cinco años iba envuelta en una bata azul sobre una camisola a rayas, no pareció tan sorprendida como quiso hacer ver cuando escuchó la palabra ‘policía’. En el salón, de pie con un cigarro recién encendido esperaba otra mujer algo más mayor con una bata y un camisón similar, Julio miró sus piernas extrañamente cubiertas con medias dentro de las zapatillas.
- ¡Quédense aquí sin moverse!- Ordenó.
Antes de que pudiesen reaccionar él ya había abierto puertas y localizado los dormitorios. Las camas no estaban deshechas, ropas tiradas de cualquier modo sobre la cama indicaba el cambio apresurado de vestimenta, una pesada maleta quedaba mal oculta detrás de la puerta de una de las habitaciones. El inspector con su arma en la mano volvió al salón, ellas le miraron resignadas, la mayor acertó a balbucear:
- Pretendía marcharse sin nosotras….él solo…con el boleto premiado de la lotería… ¿entiende? él solo,…tuvimos que improvisar, no tenemos nada…ni siquiera este piso es nuestro…
La mujer escondió la cara entre las manos mientras sollozaba, relajada ya de tanta tensión acumulada, su hermana abrazándola espetó secamente al policía:
- Guarde su arma inspector, no la necesitará.
Julio marcó un número en su móvil y dio una orden. Se sentó y encendió un cigarro.
- La maleta era de él ¿verdad? ¿porqué no se llevó el coche?
La hermana mayor dejó de sollozar y se apartó el cabello de la cara con cierta furia.
- Escondí las llaves, no quería que se fuera. Pero a él no le importó, dijo que encontraría un taxi…y entonces recordé que teníamos aquella pistola, la cogí y salí detrás…el muy estúpido sonrió cuando le dije que quería darle el último beso…Marta es inocente, me vio llegar con la maleta y decidió ayudarme…no tuvimos tiempo…
Julio pensó en la lotería, en como afecta a la vida de los individuos. No siempre les trae felicidad…











