7.12.11

Lo que expresan las palabras


Es una película dura, pero abierta a la esperanza... Es la segunda vez que la veo, porque desde que comienza no puedo apartar los ojos de la pantalla.

Después le doy vueltas al tema, a la realidad que refleja, a lo que son capaces de hacer ciertos "humanos". Y la capacidad para sobrevivir de esas víctimas que cada día han de buscar la esperanza para continuar adelante.

Me gusta como ha desarrollado el guión Isabel Coixet, hay formas de narrar los horrores de la guerra de una forma linial que al fin acaba siendo otra de tantas películas, en cambio ella lo ha hecho a través de las palabras de los personajes, palabras recónditas que les cuesta emitir y que al fin saldrán para expresar todo lo que necesitaría mil imágenes y no serían bastantes.

Un diez para la película. Mil para las víctimas de las guerras, que a pesar de los pesares continúan adelante cada día y un enorme cero para los gobiernos que no son capaces de juzgar a los asesinos y torturadores.


2.12.11

25.10.11

Ese Vecino de Arriba

He vuelto hace unos instantes de visitar a mi casero y ya se me figura que ese solitario vecino va a inquietarme por más de una causa. Reconozco que mi vestido de noche, negro y ajustado, a las siete de la mañana no es lo más adecuado para llamar a la casa de nadie pero tampoco soy yo amiga de formulismos y de apariencias hipócritas. Hace tiempo que decidí tomarme la vida tal como se presenta, sin prejuicios y sin obligaciones, y ciertamente considero que ahora soy más feliz. Llegué a este apartamento hace una semana, necesitaba más espacio desde que apareció Tommy -es mi gato naranja- lo encontré vagando por la calle y olisqueando los contenedores de basura. Con dos o tres caricias y unas palabras cariñosas conseguí traerlo conmigo, se veía a las claras que alguien lo había abandonado. Ese vecino mío tiene a veces la mirada de Tommy, me mira embobado con sus ojos de un azul muy intenso y se queda sin articular palabra, con una sonrisa un tanto gatuna…

La verdad es que desde mi llegada aquí me lo encuentro quizás demasiado a menudo, no es que me disguste pues es un hombre muy atractivo y tiene un aire …como podría decirlo…¿sensual? Sí, esa es la palabra. Hace dos días me encontraba tomando el sol sentada junto a la escaleras de incendios, intentaba sacarle a mi guitarra las notas de una melodía. comencé a cantar embelesada por el dulce compás, fue… un momento lleno de magia, como si el tiempo se hubiese parado para mí. Cuando llegué al final de la canción miré hacia arriba y allí estaba él, mirándome intensamente...


Ayer me invitó a comer en un restaurante muy acogedor y estuvimos charlando durante varias horas, fue muy interesante descubrir sus aficiones literarias, me habló con gran entusiasmo del libro que está escribiendo y me conmovió oír un poema que dijo haber escrito para mí. Es un hombre muy seductor y cuando cogió mi mano y me besó no supe rechazarle, me sentí transportada a una nube de felicidad inmensa y todo mi alrededor dejó de existir. No recuerdo muy bien como salimos de allí y caminamos por las calles hasta su apartamento, pero sé que caímos los dos en un abismo de pasión desenfrenada, me sentí amada con una ternura que nunca antes había conocido y deseé continuar así por el resto de mi vida. En aquel abrazo infinito de su cuerpo junto al mío, de mi piel sobre su piel... ámame, ámame, le gritaba desde mi interior mientras el me miraba con aquella intensidad… Un reloj marcó las nueve y eso me devolvió a la fría realidad, no soy una mujer con un pasado fácil y sé que estos momentos de felicidad duran unos días y después se diluyen hasta acabar en la nada, si la relación ha sido buena, y acaban en el odio, si la convivencia se ha ido complicando.

Reconozco que fui bastante brusca en mi huida, lo dejé sin palabras cuando dije que aquello no significaba nada para mi y que no quería volver más a aquel apartamento. Bajé corriendo hasta mi casa y lloré abrazada a mi gato durante unos minutos muy largos. No estaba dispuesta a dejarme llevar por la melancolía así que me duché y me puse este vestido que me regaló uno de mis amigos, es estupendo lo bien que resalta mi figura y me hace sentir segura de mi misma. He pasado la noche en casa de Jimmy, celebraba una fiesta por algún motivo aparente que él pensó y que yo no recuerdo. Como siempre he bebido mucho y he hablado y bailado con gente que apenas conozco, eso es lo que yo quiero y lo que busco: un roce superficial y divertido que no pueda hacerme daño y herir mis sentimientos. Ha sido una de tantas noches locas en la que hemos acabado todos durmiendo unos encima de otros o en los rincones más insospechados.

El despertar no ha sido muy agradable, la cabeza pesada, el cuerpo dolorido y el estómago revuelto. Anne, que acababa de llegar y comenzaba a poner orden en el piso, ya tenía preparado ese brebaje milagroso que nos ofrece siempre para la resaca y yo,con agradecimiento, me lo he bebido de un trago. Cuando he llegado a casa después de un largo paseo por las calles casi desiertas, ya me sentía suficientemente renovada como para no pasarme por alto una nota prendida en la mirilla de mi puerta. Mi vecino no se había rendido con las palabras vertidas antes de mi escapada y solicitaba en el pequeño papel que subiese a buscar un objeto que había dejado olvidado el día anterior.

Me ha abierto la puerta un tanto adormecido aún y en pijama, yo le he mostrado el papel mientras él recorría con los ojos toda mi figura. Inesperadamente me ha enlazado por la cintura y me ha besado largamente, como el día de antes, como a mí me gusta… Y antes de cerrar la puerta me ha despedido con una sonrisa y un –hasta luego-.

10.7.11

¡¡¡Por fin... Vacaciones!!!


Estimados amigos:
Estaré unos días desconectada.
Los necesarios para salir unos días
y aprender nuevos lugares
donde no alcanza mi ventana.

Espero
que también vosotros
disfruteis de un
feliz, largo y cálido verano.

Nos vemos a la vuelta.
Hasta pronto :)

1.7.11

Corren días de verano...

Los días languidecen entre calores eternos, esperando un estímulo que los llene de emoción. El verano, ese verano libre de obligaciones, promete sabores de aventuras, días intensos gratamente planeados.

Como contaba El Principito, contaré yo los días que faltan anteponiéndome, anhelando, disfrutando la emoción de lo venidero. Porque no es otra cosa nuestra vida que un carro de emociones, arrastradas sus ruedas por un angel llamado ilusión. Sin la ilusión no habría camino ni sendero que nos llevara siguiendo nuestro rumbo.

A veces creemos que la ilusión nos abandona, pero no es cierto. La ilusión no solo está en los grandes hechos, pues es en las pequeñas cosas donde más se explaya. Disfrutemos de ellas hoy, el mañana que vendrá será otro presente que aún desconocemos y no tiene sentido preocuparnos por él antecediéndolo con posibilidades imaginarias. Mejor será dejarnos acompañar por nuestra amiga ilusión, ya que todo llegará como el destino decida.

27.6.11

La Maleta de Lagarde

- ¡Osú, madre mía! ¿y que traerá este tío en la maleta?

Antonio ‘el maletas’ está que se sale de sudor mientras arrastra el voluminoso equipaje hasta la puerta del ascensor. El dueño del muerto aquel, un tipo bien trajeado y con flequillo diseñado por estilista, camina detrás hablando por el móvil. Se le ve un rato largo la petulancia en las maneras, la prepotencia del que domina. En el ascensor cierra el teléfono con un gesto afectado i se coloca el pulgar y el índice en la barbilla mientras mira el techo del ascensor como si estuviera planeando un nuevo diseño para esa caja elevadora. Antonio lo mira socarrón, ha visto otros tipos como este y piensa: ‘mucho teatro y luego na de na’. En la habitación la maleta se queda a los pies de la cama, Antonio abre la puerta del lavabo comprobando que todo esté correcto y entrega la llave al cliente antes de salir, - ‘Bon suár, mesié’.

En recepción no hay clientes y ‘el maletas’ se acoda en la superficie de mármol rosa, Janine está liada en el ordenador pero le mira a la cara y sonríe:

- Monsieur Jean Lagarde. Solamente una noche, mañana temprano te dejará la maleta en consigna y la recogerá por la tarde. No apuestes nada, no vas a tener oportunidad de ver lo que lleva dentro. – ¡Mon Dieu! mira que llegas a ser…¿cotorra?-.

- ¡Cotilla, se dice cotilla! Niña, más respeto que puedo ser tu padre. –Antonio le guiña un ojo a Janine- Ya veremos mañana lo que trae este repeinao. Y me voy, que por hoy ya he cumplio. No te canses niña.

Antonio se cambia la chaqueta en el cuarto de las maletas. Al salir encuentra al tal Lagarde que enfila caminando la rue Lafayette en dirección a las galerías. El maletero lleva el mismo camino y la distancia le permite ver como el hombre sube a un coche que le espera en la esquina, no ha podido ver al conductor y Antonio se desentiende silbando una melodía mientras sus pasos se pierden por la calle mojada entre luces y coches aparcados.

Son las ocho de la mañana, Antonio está de nuevo en su puesto. Janine ha sido sustituida por un joven más serio que no sabe apenas nada de castellano. El maletero no se arredra y avisa que va a la 306 alegando que tiene encargado pasar a recoger el equipaje. En el pasillo del tercer piso un carrito con ropa limpia delata la presencia de una camarera arreglando habitaciones. Antonio da tres golpes en la puerta:

-¡ Servís de valís, mesié!, ¡servís de valís!

Como esperaba, la puerta no se abre y el maletero utiliza su llave, no hay nadie en la habitación y desde el lavabo se oye el ruido del agua de la ducha al caer después de chocar contra un cuerpo. Sobre la cama se encuentra la maleta cerrada pero sin encajar en los cierres. Antonio la abre rápidamente y entre la ropa tres caras humanas sin ojos le hacen retroceder espantado, ha estado a punto de lanzar un grito…., pero no, una nueva mirada le hace ver que son tres cabezas de mujeres talladas en piedra. Cierra rápidamente la maleta y sale de la habitación, el tal Lagarde no ha oído nada.

En el pasillo la camarera mira a Antonio con ojos cansados y sigue con su trabajo, está acostumbrada a las maneras de este hombrecillo curioso y sabe que es inofensivo, más tarde se enterará del motivo por el que ha suspirado aliviado y le ha indicado silencio con el índice cruzando los labios. Él se dirige al bar en el restaurante del hotel y se pide un café para terminar de reponer sus nervios, el camarero también es español y escucha la historia de las tres cabezas con una sonrisa en los labios, son estas anécdotas de Antonio las que rompen la monotonía del trabajo en el hotel…

17.6.11

Dime que fue un sueño

Tengo los ojos abiertos y veo como se abre la puerta de mi habitación, entra la luz del día y detrás de ella aparece mi madre, pronuncia mi nombre para llamarme y de mis labios no sale ninguna voz. Mi cuerpo está inerte, no lo siento. Sé que están ahí mis piernas, mis brazos, mis manos….pero no los puedo mover aunque lo estoy intentando. Mis ojos se abren y se cierran y miro a mi madre implorándole ayuda, mi boca no dice nada y comienzo a llorar y a emitir un débil gemido de horror que me sale desde muy adentro. Ella se acerca hasta mi cama y me mira primero extrañada, y después asustada alarga su mano y me toca… ¡Ya está! Mis manos, mi cabeza, mi cuerpo, mis labios se mueven, ya puedo hablar. El calor de esa mano materna ha sido el chispazo para volver a la vida. El corazón ahora me late muy deprisa.

Ella sentándose despacio a mi lado quiere saber qué es lo que me pasa, si he tenido un mal sueño, si es verdad que me ha visto los ojos abiertos mientras gemía. No sé cómo explicarle todo esto si yo mismo no lo entiendo. Anoche me acosté tarde, como siempre, repasando los libros y tomando apuntes para un examen de historia que he de hacer esta semana. Cuando apagué la luz me quedé pensando en la fotografía impresa en la página del libro, ese famoso cuadro de David donde aparece Napoleón con la corona en la mano proclamándose emperador ante la vista de la corte y el clero. Me quedé dormido y recuerdo -y eso ya me parece muy raro- un extraño sueño en el que la habitación medio a oscuras crecía hacia abajo, los muebles caían y en mi estómago comenzaba a sentir una especie de vértigo. Perdí el tacto de las sábanas y mi cuerpo comenzó a girar, a girar y después nada, oscuridad total.

- Hijo, eso nos pasa a todos alguna vez. Dicen que se separan el cuerpo y el alma. ¿Estás seguro de que fue tu primer sueño y no el último, ahora ya por la mañana?

Me siento confundido con las explicaciones de mi madre ¿separación del cuerpo y el alma? ¿Mi madre cree en eso? Esta noche he sentido otra cosa también muy extraña, tendido a mi lado había algo parecido a un animal, he sentido su calor en mi brazo derecho y he notado un movimiento lento y pausado como el que hacen los gatos cuando se arriman y te rozan la piel, he buscado a tientas y con miedo pero no he encontrado nada.

- Contesta mamá, dime la verdad. Dime que fue un sueño. No quiero temer a la noche, cerrar los ojos y no sentir mi cuerpo, tal vez mañana tu mano no me devuelva la vida y ¿qué será de mi alma si no está muerta y no puede gritar?

Mi mano de niño está entre las manos de mi madre que me acaricia con mucho cariño, está buscando con sus ojos en el interior de mis ojos ¿Qué ha encontrado en ellos que no me responde?

14.6.11

El Tren

Sueño con la mirada perdida a través de la ventana del tren en el que viajo cada día. Paisajes de campos y de viñas, de edificios industriales recién pintados, de casas viejas medio caídas. Un pueblo a lo lejos duerme bajo el sol primaveral, no se distinguen sus gentes ¿qué harán? las campanas de la iglesia no tocan las horas, tampoco doblan por algún muerto, mejor que sea así, no me gusta la muerte. En el vagón hay poco que ver, los mismos de siempre viajamos a la misma hora. Son caras que no me dicen nada, no miran a los ojos, miran a los cuerpos y a las cabezas ladeadas o agachadas, tampoco yo las miro, es la educación. Cuando la sombra en el cristal lo permite veo reflejados los ojos de alguien que me observa, yo también le miro y no se da cuenta. Me pregunto qué pensará sobre mi aspecto y algo nervioso me recoloco en el asiento, miro mis manos y busco la limpieza en mis zapatos, estoy bien y me relajo en mi puesto mirando de nuevo por la ventana.

Me gusta este corto trayecto en el tren, me traen a la mente como en una fotografía algunos escritos de algún poeta de la generación del 98 que aparecían en un libro de primaria: Apenas unos trazos coloreados del interior de un vagón con asientos de madera, un niño y un hombre con pipa en la boca y un libro en la mano; al lado unos versos que comenzaban:

Yo, para todo viaje
- siempre sobre la madera
de mi vagón de tercera-,
voy ligero de equipaje.

Luchando con la nostalgia me digo que mi tren es más cómodo y más rápido; la campiña, seguramente, debió de ser más verde y más limpia en aquellos tiempos pasados, pero a los poetas se les olvida que los paisajes son menos bucólicos cuando hay que trabajar en el campo con bueyes tirando de los arados. Me viene a la memoria algo que he leído hace algunos días: Un periódico de la época pidió a Azorín que escribiese unos artículos acerca de los pueblos de la meseta española y él sin muchas ganas utilizó para ello los trenes de cercanías que salían desde Madrid. El mismo periódico le facilitó una pistola para defenderse, ya que en aquel entonces La Mancha estaba plagada de bandoleros. No me extraña que a él no le hiciese mucha gracia tener que hacer aquellos trayectos.

-Billete, señor.

- ¿…? ¡Ah! sí, el billete, aquí tiene.

A este revisor que va perfectamente arreglado yo le pondría, sin embargo, el gorro con visera y la chaqueta con botones dorados. Siempre lo espero así y nunca entiendo lo que me pide porque parece otro viajero. Su llegada me avisa de que mi viaje pronto llegará a su fin. Desde mi ventana veo a lo lejos los primeros edificios y aquella enorme botella de licor pintada en el lateral de una casa, por suerte hay cosas que se conservan y no pasan. Nos acercamos a la estación, me encanta, es una gran construcción antigua, de piedra, con columnas redondas, arcos en las puertas y altos techos, el suelo es antiguo con dibujos geométricos en verde y rojo, los asientos aún son de madera. En verano da gusto sentarse en su interior, con las puertas abiertas, es fresco y acogedor. Me gustaría que aguantase así por muchos años, yo vendría cuando estuviese jubilado a sentarme aquí tranquilamente y mirar como pasan los trenes y como pasa la gente. ¡Final del trayecto! El viaje se ha acabado y también los sueños.

5.6.11

Me doy permiso...


Me doy permiso para llorar, para reir, para estar triste, para ser feliz... me doy permiso para hacer las cosas mal, para hacerlas bien, para equivocarme, para acertar... me doy permiso para ser yo misma con mis defectos y mi virtudes, con mis rarezas, con mis coincidencias con los demás... me doy permiso para hacer el ridículo, para sonreir cuando lo haga, para sonreir cuando lo hagas tú...

Me doy permiso para poder respirar profundamente y darme cuenta de que soy humana y que la vida continua... me doy permiso para lamentarme cuando necesite hacerlo y me autorizo a buscar unos ojos amigos que lloren conmigo... me doy permiso para abrazarte, coger tu mano y consolarte cuando lo necesites, cuando me lo pidas... me doy permiso para odiar cuando me hacen daño y gritar y sacar lo peor de mí en esos instantes que dure mi enfado... y después relajarme y descansar sin avergonzarme por mi estallido de ¿mal? genio... me doy permiso para desatar mis emociones cuando me urja manifestarlas... Me doy permiso para vivir... aunque a veces cueste tanto, me doy permiso para vivir... aunque sea tan fácil hacerlo porque soy consciente de ser feliz... me doy permiso para vivir... porque ser humana a veces es complicado o tan sencillo si te das permiso...

24.5.11

El Suicida

- Mire yo… ¿qué quiere que le cuente? No soy un héroe ¿sabe?...No me siento capaz de pasar por todo lo que me deparará la enfermedad. Todo ese dolor…ese malestar, la radioterapia...o la quimioterapia…o lo que sea. Todas esas cosas por las que ustedes apuestan para alargarnos la vida un poco más, unos meses más de sufrimiento. Ya lo estoy pasando bastante mal, no soy el mismo, siento como mi cuerpo decae y como la enfermedad me corroe por dentro. Y no quiero seguir así, pero soy un cobarde. Soy tan cobarde que me da miedo acabar con mi vida, tengo pánico de la agonía del último momento y por eso decidí tomarme las pastillas.
 
- ¿Y creyó que conseguiría llegar hasta el final sin que nadie se diese cuenta? Permítame explicarle... en una gran proporción de los pacientes que hemos atendido tras intentar suicidarse con pastillas, no querían hacerlo en realidad, en el fondo de su ánimo simplemente buscaban llamar la atención de las personas de su entorno...
- No es mi caso, no, para nada. Yo lo intenté todo antes de eso…bueno, todo no. Nunca he tocado un arma, hubiese sido muy difícil tener acceso a una y no creo que acertase al primer intento ni al segundo, seguramente me haría daño y no acabaría con mi vida... Lo primero que se me ocurrió, lo más fácil, fue subir a la azotea de casa e intentar lanzarme al vacío. Pero aunque parece sencillo no lo es, hay que tener mucho valor. Cuando estás allá arriba imaginas como tu cuerpo cae a una velocidad vertiginosa y te ves invadido por el pánico intentando agarrarte al aire en unos segundos interminables para después recibir un impacto terrible que te llenará todo el cuerpo de un dolor insufrible antes de morir…si consigues morir, claro. He oído hablar de casos en los que el suicida ha estado moribundo durante días. No fui capaz de hacerlo.  
- …………  
- No, no me diga nada. Sé que me va a decir que el verdadero valor está en enfrentarse a la vida. No le diré que no sea verdad, pero a estas alturas esa frase ya no me sirve. A la vida nos enfrentamos por inercia, porque no nos queda más remedio. Igual pasa con la muerte, no podemos luchar contra ella. Yo temo al sufrimiento físico. Por eso volví a la playa aquella noche. Pude aguantar el frío del agua mientras rodeaba mi cuerpo mientras avanzaba hacia su interior, recuerdo que el corazón cada vez me palpitaba más deprisa y que empezaba a faltarme el aire cuando aún no me había sumergido, acerté a oír voces y gritos pero seguí adelante dispuesto a llegar al final. Cuando mis pies dejaron de tocar fondo, hice esfuerzos por mantener la cabeza dentro del agua, sabía que debía abrir la boca y dejar que el líquido frío entrase dentro de mí, pero mis labios y mi nariz se mantuvieron firmes aguantando el aire que tenía dentro. Llegó el momento de expulsarlo y la primera bocanada de agua me invadió. Fue horrible sentir que me faltaba el aire, me revolví en el agua luchando conmigo mismo, el pecho parecía a punto de explotarme y el instinto me venció. Subí a la superficie aterrado, devorando el oxigeno desesperadamente y saqué fuerzas de donde no las tenía para nadar hasta que unos brazos me apresaron y me condujeron hasta la orilla.
- ………… . 
- No voy a narrarle las explicaciones tan absurdas que tuve que dar a mi familia. Estoy seguro de que no se las creyeron pero me dejaron en paz. Las demás posibilidades las descarté sin un mínimo intento, estrellarme con el coche o arrojarme a una vía de tren no eran del todo infalibles y de nuevo aparecía un aumento del dolor físico como alternativa. Entonces fue cuando pensé en los relajantes musculares que estaba tomando, me producen una gran somnolencia cuando los tomo y no siento el dolor durante unas horas. Imaginé que sería una muerte muy dulce, me dormiría tan profundamente que no sentiría nada…nada. Al otro medicamento supuestamente soy... bueno, era alérgico. Así, con esta mezcla, podía acabar de una vez casi sin sentir, sin darme cuenta de cómo la respiración comenzaría a bloquearse y el corazón poco a poco dejaría de latir por falta de oxígeno en la sangre. Hubiese sido una muerte muy placentera, contraria a la que me espera. Había conseguido ingerir veinte pastillas entre ambos medicamentos y estaba solo en casa, mi hija estaba en la universidad y mi mujer tardaría aún dos horas en llegar desde el trabajo… Había estado tan preocupado reuniendo el valor necesario durante horas, durante días, que no percibí información alguna sobre la huelga de estudiantes… ¿Cómo podía imaginarme que mi hija volvería a casa a la media hora de…? Y qué decirle de los caprichos del destino... diez años evitando ese medicamento por una alergia confirmada por varios médicos de este mismo hospital... y a la hora de la verdad, nada... tan solo una caída de tensión... Yo, serenamente, les aseguraba que lo mejor es que me dejasen en mi cama, que no iban a llegar a tiempo aunque la ambulancia acelerase con toda urgencia, pues la alergia actuaría más rápido que ellos... y ya ve, me siento ridículo ante los hechos, no hubo tal reacción y ahora... con el lavado de estómago... Un mal rato para nada...  
- Mañana verá usted las cosas de otra manera, hoy debería dejar de atormentarse y descansar…
-Descansar…sí…. Querría descansar…de una vez…

1.4.11

Nada perdí

Nada perdí, porque nada era mío. Todo es efímero en esta vida. Se atesoran cosas, afectos, momentos felices,... pero nada ni nadie nos pertenece.

El transcurrir de la vida me lo ha ido enseñando, la negra guadaña corta limpiamente lazos que creía bien atados. La sabia naturaleza, con el tiempo, va aflojando otros nudos que nacieron de mí. Y poco a poco mis brazos ya no abrazan y mis manos no retienen otras manos tan queridas. Así es como ha de ser.

Reflexionar serenamente sobre el pasado, ayuda a ver con más claridad. Lo que hice, lo que podía haber hecho, lo que debí pensar antes de hacer,... recuerdo los aciertos y los errores, lo que es al fin y al cabo el recorrido de un ser humano.

No es más sabio el que más aciertos consigue, sino el que menos errores comete. Esas son mis conclusiones pero... -siempre hay un pero- el destino te lleva por tu camino propio, que no es el mismo de ningún otro. Las decisiones que tomo hoy, con la experiencia adquirida, no son sinónimo de buenos resultados, aunque hayan sido decisiones muy meditadas. Habrá muchas circunstancias que influyan en el devenir de los acontecimientos, tal como ha ocurrido siempre. Porque por no tener, no tengo ni la certeza de que lo planificado se cumpla ¿Quién la tiene?

Nada perdí ni nada perderé, simplemente porque no poseo nada.

26.3.11

Ni -ni -ni -ni....

Encontró una noticia que hablaba sobre la generación Ni-ni. No tenía ni idea de lo que querían decir aquellas dos sílabas, así que las escribió en el buscador y encontró información sobre distintas generaciones. La generación X o "Generación perdida", nacidos después de lo que se dió en llamar el baby-boom, con pocas posibilidades de trabajar y tampoco de estudiar y caracterizada por la apatía consecuente; después describían a la generación Y, los jóvenes pertenecientes a la década de crecimiento económico que les permitía un buen nivel de vida con acceso a nuevas tegnologías y dispuestos a asumir nuevos retos. Por fin llegó al párrafo que describía la generación Ni-ni: "Ni estudia, ni trabaja" refiriéndose a los menores de 34 años que viven en casa de sus padres y no sienten deseos de hacer nada más allá que vivir a costa de sus progenitores.

Daba para reflexionar y se le ocurrieron muchas explicaciones para las distintas circunstancias que habían concurrido para que se pudiesen poner estas etiquetas. Probablemente justas para hacer estadísticas, acaso humanamente injustas por tantas causas que habían influido en el comportamiento consecuente de los etiquetados en el peor de los casos.

Ella pertenecía a los principios de la década de los sesenta y cuando le llegó la adolescencia se encontró con una crisis económica que le cerró el camino laboral a los dos años de estar trabajando. Los estudios se quedaron a mitad de camino: huelgas, cambios políticos, golpe de estado, una visión poco clara sobre su futuro... Años ejerciendo de ama de casa, de madre... Sin darse casi cuenta de los cambios, cumplió los cuarenta años y volvió a coger los libros, comenzó a trabajar al igual que la mayoría de sus amigas y de alguna manera se sintió realizada. Parecía que le había llegado la oportunidad para demostrarse a sí misma que tenía la capacidad de ser independiente económicamente. Ya no tendría que sentir esas frases en las que se le menospreciaba los trabajos desarrollados en el hogar, la multitud de facetas aprendidas y ejecutadas para saber ser una buena madre, educadora, casi psicóloga infantil, enfermera, administradora, limpiadora y el largo etcétera que conlleva sacar adelante una casa y una familia.

Se sintió deprimida al leer la noticia sobre los Ni-ni. Su trabajo fuera de casa no le había durado mucho. Había una nueva crisis económica y como tantísimos otros trabajadores, le llegó el día de sentarse a esperar en una sala de la mal llamada oficina de empleo, para registrarse como persona desempleada. Se preguntó a qué generación pertenecía ella. No había descripción para la suya. Con su edad y sus expectativas podría ponerse una buena etiqueta: Ni trabaja, ni tiene posibilidades de hacerlo, ni tiene carrera universitaria, ni tiene posibilidades de acabarla a tiempo para ejercer, ni tiene capacidad económica para costeársela, ni tiene ganas de intentarlo, ni tiene ganas de hacer esfuerzo alguno para salir de esta trampa que son las crísis económicas, ni tampoco tiene ilusión. Esto último es lo que más le dolía, la falta de ilusión que la había llevado a una apatía que no lograba vencer.

Se decía que no tenía carencias materiales ni afectivas y eso era un privilegio que debía valorar. Se decía a sí misma muchas cosas para salir de esa apatía que la estaba consumiendo cada día un poco más. Le pesaba la soledad de la espera diaria, demasiadas horas encerrada en casa sin tener una obligación para salir a la calle. La mayoría de los días no cocinaba y comía cualquier cosa cuando le acuciaba el apetito. No dormía bien y se despertaba en medio de pesadillas. Tampoco su familia quería entenderla cuando les explicaba que estaba cansada de vivir, que consideraba haber cumplido con sus obligaciones como ser humano y que no le encontraba sentido a la vida.

Leyó de nuevo la noticia y hasta le encontró la gracia a esto de poner etiquetas a las distintas generaciones. Algún listo podría incluso poner de moda, para el verano, camisetas de colores con el nombre de la generación en la espalda. Ella pediría una especial con muchos "Ni".


18.3.11

¡Ya es viernes!

La familia llega temprano a casa, son horas para descansar, para compartir pequeñas cuitas y ratos de ocio. Y lo mejor es que mañana aún será sábado y todavía nos quedará otro día de libertad compartida.
Feliz Fin de Semana.

8.3.11

Libre

¿Qué es la libertad y donde se halla?
¿Las rejas son propias o ajenas?
¿Nos dejamos apresar conscientemente en esta jungla de asfalto?
¿Somos dueños realmente de nuestra vida?
Mañana será otro día, pero hoy me siento LIBRE.

22.2.11

Estado físico y otros

Estado físico: Cansada
Estado anímico: Cansada
Situación real: Cansada al cuadrado.
Motivación para efectuar movimientos: 0
Motivación para pensar: 0
Motivación para ejecutar obligaciones: 0
Protocolo a seguir: Me voy a descansar al menos dos horas.
Horrores para mañana: Comenzaré rehabilitación por la tarde.
Inglés: El procesador de datos me funciona correctamente pero falta más memoria. El Ram no está preparado para asimilar la extensa cantidad de vocabulario que ha atascado el sistema.
Gananciales: Parece que aún queda algo de humor negro en la despensa.
Pérdidas: No puedo más, me voy a descansar.

25.12.10

FELIZ NAVIDAD


Felicidad para todos.

26.8.10

Una pausa



En primer lugar querría agradeceros los comentarios que habeis dejado en la anterior entrada. En esta os comunico que voy estar un tiempo sin escribir. Ya hace días que no lo hago, pero me parece mal irme así, de rositas, sin decir nada :)
No sé el tiempo que tardaré en volver, a lo mejor poco o tal vez mucho.
Mientras tanto os deseo que seais felices.
Hasta la vuelta.

12.8.10

Ayer compré un libro

Me enviaron este vídeo por correo el mes pasado y ayer conseguí encontrar el libro por fin. El título en castellano es "Confesiones de un ganster económico". Me parece que va a ser muy interesante porque el vídeo ya confirma lo que muchos sospechábamos.

Siempre se critíca a los políticos, pero los que de verdad manejan el mundo son los que estan detrás de las grandes empresas, a las que les importa muy poco la vida de los hombres, mujeres y niños que han de sufrir la miseria y sus consecuencias.

Después de darle al play, tardan un poco en aparecer las primeras imágenes, pero merece la pena.

9.6.10

Clak Tap

Nadia se sentía cansada bajo los rayos hirientes del sol del mediodía, abrió una de las sillas de tijera y se sentó a beber agua de aquella botella más que templada por el calor. Giró la cabeza y vio a Santiago que le hacía señales interrogándola, era tarde, él se tocó la esfera del reloj con un dedo y Nadia decidió volver al trabajo. Clak tap, clak tap, clak tap, clak tap, clak tap… maderas abiertas y patas en el suelo, maderas abiertas y patas en el suelo,… en línea, detrás y al lado, al lado… clak tap, clak tap… Le dolía la espalda y la nuca, los brazos y los hombros parecían a punto de descolgarse y las manos, aunque las llevaba protegidas con vendas, le dolían tanto que la hacía temer el no poder volver a abrirlas completamente nunca más. Llevaba varias noches soñando con aquellas malditas e infinitas sillas y la voz de Santiago se imponía una y mil veces en sus pesadillas, vocalizando en diferentes tonos, en diferentes medidas de volumen pero, con insistente tenacidad, la misma letanía “…es bastante dinero Nadia, Nadia, tendremos para un año, Nadia, dinero, dinero, un año, Nadia, Nadia... Clak tap, clak tap…

Santiago se daba prisa, quedaba poco tiempo y tenía que sacar el camión de allí. Después de comer debía volver para ayudar a Alex con el equipo de sonido. Quería hablar con él sobre el dinero que aún no había visto y sobre un contrato que aún no habían firmado. Clak tap, clak tap, clak tap… Ahora se daba cuenta de que aquello no iba a ser lo que habían convenido, el tal Alex estaba demostrando ser un “vivo” con mucha labia para convencer y bastante sordo para cumplir. Clak tap, clak tap,… lo que peor llevaba era haber arrastrado a Nadia hacia aquella aventura, la cual no estaba seguro que fuese a terminar como él había imaginado. Veía a la muchacha muy cansada y dudaba que pudiese aguantar los cinco días de trabajo que les quedaban todavía por delante. Clak tap, clak tap, clak tap… Si Alex le pagase lo que le debía, podría buscar a alguien más que les ayudase, aquel trabajo era demasiado pesado para tan pocas manos.

Nadia se arrellanó sobre los dos asientos del camión e intentó conciliar el sueño una vez más pero, de nuevo, aquella voz a través de los altavoces se coló por sus oídos invadiéndole los tímpanos y el cerebro:

—…porque la iniciativa y la responsabilidad son las que promueven las mejoras para los ciudadanos, porque todos los ciudadanos debemos luchar por nuestro futuro…

Nadia se removía intentando ignorar aquellos sonidos, aquel discurso, por tantas veces escuchado y que no le decía nada. Tanta palabrería le sonaba hueca en la boca de aquel candidato a las inminentes elecciones al gobierno del país. Se tapó los oídos con los almohadones que utilizaban Santi y ella para dormir en el camión; cuando, cansados de recoger sillas, tarima y aparatos de sonido, buscaban algún área de descanso donde poder comer algo y dormir unas pocas horas antes de proseguir camino hasta la próxima población; lugar más cercano o más lejano, donde actuase el candidato feliz que dormía en camas de hoteles y comía en buenos restaurantes. Ese candidato que no se preocupaba, en modo alguno, de las circunstancias en que trabajaban los que cuidaban de todos los detalles para que su actuación fuese posible y perfecta. “Clak tap…clak tap…clak tap…” Nadia se despertó bruscamente, apenas había dormido cinco minutos con el subconsciente invadido por el sonido de las sillas, lo tenía metido en el bolsillo del alma esperando a que ella se dejase ir para martirizarla con su eterno son…

A las doce de la noche subieron y cerraron las puertas del camión. Santi lo hizo más fuerte de lo habitual, con ganas de descargar la rabia por no haber podido dormir aquella tarde, intentando hablar con un Alex que le había esquivado con astucia. No había tocado apenas la comida al mediodía con las prisas… Desplantes, malas caras y evasivas es lo único que había obtenido de aquel hijo de… Estaba agotado, pero decidió salir de allí y conducir al menos una hora antes de parar a dormir. Apretó el acelerador mientras le aseguraba a Nadia que buscaría algún motel de carretera donde ambos pudiesen descansar suficientes horas aquella noche. Pisó con más rabia el pedal, no merecía la pena tanta puntualidad con gente que no cumplía su palabra, tomarían una buena cena, dormirían y… el grito de Nadia rompió el hilo de sus pensamientos o de su adormecimiento, antes de abrir los ojos y dar un golpe de volante en sentido contrario para no chocar contra la barrera de aquella carretera. No pudo controlar el vehículo… la fuerza de la carga lo hizo patinar mientras él intentaba enderezarlo girando ora hacia un lado, ora hacia el otro y pisando intermitentemente el freno y el acelerador. Nadia se sintió zarandeada dentro de aquel habitáculo y aún acertó a escuchar el crujido de los vidrios rotos, antes de sumergirse definitivamente en la oscuridad. Para Santiago el vacío llegó en un instante anterior, cuando sintió el estómago y el pecho comprimidos, por aquel volante que aún sostenía entre las manos.

1.6.10

Michelle

El trozo de carboncillo parecía bailar entre sus dedos, ahora manchaba el papel con el lado de una larga barra, después resaltaba un vértice con la parte más afilada de un minúsculo pedacito. Una diminuta goma de borrar, blanca a fuerza de limpiarla sobre la madera, rompía sombras y acentuaba expresiones; el difuminador, aplicado con la gracia que la caracterizaba, convertía negros en distintas gamas de grises y de nuevo, aparecía el carbón sobre todo aquello, sacando reflejos a base de pronunciar oscuridades.

Michelle contempló el rostro de la persona y la comparó con el dibujo, repasó aquí y allá con las yemas de sus dedos expertos y se dio por satisfecha. Firmó en una esquina y después una rociada de laca sobre el papel dio por finalizada su obra. El cliente volvería más tarde a recogerla, cuando se hubiese secado lo suficiente y pudiese ser enrollada y atada con una fina cinta. La muchacha, quitó las chinchetas y con ayuda de unas pinzas colgó el retrato bajo el parasol, así también sería un reclamo para los turistas que se acumulaban en torno de la Place du Tertre. Se limpió las manos con unas toallitas húmedas y clavó una nueva hoja de papel ingres sobre el tablón que soportaba el caballete.

—Michelle, ma belle… ¿no tienes sed?

Ella sonrió, sabía lo que quería Genaro. A pesar de las sombrillas, aquel día de verano hacía un calor abrasador y su compañero tenía la paleta lo suficientemente plena de mezclas oleosas como para no poder abandonar su puesto siquiera por unos minutos. Le sacó un Ducados del bolsillo de la camisa y lo encendió antes de decidirse a ir por unas cervezas a la Mère Catherine.

—Tienes que pedir más cigarrillos de éstos, los Gitane ya no me gustan.

Michelle le hizo un guiño y se alejó mientras él envolvía su cuerpo con los ojos llenos de admiración. Con un fino pantalón tobillero negro y una ajustada blusa de cuadros azules sobre su esbelta figura, caminaba sobre unas sandalias plateadas de tacón mediano pero puntiagudo. El cabello negrísimo lo recogía en una espléndida cola de caballo, mientras que su cara se veía adornada por un corto flequillo que hacía resaltar más, si cabe, las largas pestañas de sus ojos negros. Michelle se perdió entre la gente y Genaro volvió a sus pinceles, imaginando tantas cosas que podrían suceder si encontrase un bon marchand que promocionase sus pinturas entre los grandes galeristas de París… La humedad de las gotas de sudor que resbalaban desde su frente le devolvió a la realidad, su compañera no regresaba y una posible cliente miraba los retratos y buscaba a la autora bajo las sombrillas que cubrían los diferentes puestos de los pintores.

Michelle llegó casi a la carrera con dos botellines de bière muy fría, tal como le gustaba a Genaro. La mujer, que la buscaba, ocupó la silla dispuesta para posar. Y mientras bebía y observaba el nuevo rostro, Michelle comentó con entusiasmo a su compañero:

— ¡He ido a ver al japonés! Deberías acercarte a contemplar su nuevo “intérieur” ¡Es una maravilla!

—No sé qué ves en su pintura. Es demasiado realista para mi gusto.

—Realista preciosista, querrás decir. Fortuny pintaba así y sus cuadros cuelgan en las paredes de los museos.

—Marià Fortuny está muerto.

—También lo están tu admirado Picasso y sus contemporáneos.

—Pues a ti bien que te gusta Modigliani.

— ¡Es una excepción! Modigliani fue y será siempre único… Pero no te enfades mon petit Genaro, tu pintura también me gusta.

— ¡No me llames así! Me haces sentir inferior.

—No soy yo quien te lo hace sentir…, es tu inseguridad, un sentimiento injusto para ti mismo.

Genaro permaneció con gesto enfurruñado mientras su compañera se centraba en el trabajo, el retrato surgía entre sus delicados dedos con un extraordinario parecido al original. Cuando acabó, se giró hacia él con una sonrisa conciliadora:

—Esta noche podrías venir a cenar a mi appartement. He conseguido aceite de oliva y podré hacer esa tortilla de patatas con cebolla que tanto te gusta, y tú, a cambio, podrías traer ese vin doux de Málaga que tanto me gusta a mí.

Genaro nuevamente se siente feliz. No sabe cómo Michelle puede ser capaz de guisar esa tortilla tan buena, sin haber nacido en España. Le gusta todo en ella y solo espera convencerla, un día, para que se decida a compartir el appartement con él. Piensa en ello mientras continúa con sus pinceles y cree que esa vida bohemia que ambos están viviendo, es en realidad lo que siempre había soñado, aunque no llegue nunca a triunfar en las grandes galerías… Una canción le viene a los labios:

Michelle ma belle, sont les mots qui vont très
bien ensemble.
Très bien ensemble…