¡¡¡Feliz Año Nuevo 2008!!!

Espero que este año venga lleno de salud, amor y felicidad.
Ojalá que se cumplan todos esos deseos que tanto anhelamos.
y
como decía aquel famoso personaje aquejado de alopecia extrema...
Que la suerte nos acompañe ;)

Espero que este año venga lleno de salud, amor y felicidad.
Ojalá que se cumplan todos esos deseos que tanto anhelamos.
y
como decía aquel famoso personaje aquejado de alopecia extrema...
Que la suerte nos acompañe ;)

Pues yo, como mujer prevenida que soy, hace varios meses que me puse a reflexionar sobre lo que se acrecientan los precios en Navidad. En estas estaba cuando salió por la tele un señor muy conocido ofreciendo dinero fácil y al momento, y recordé un reportaje que hicieron, no hace mucho, sobre los desastres acarreados en varias familias que se atrevieron a llamar al numerito tentador del anuncio. Así, con el temor metido como un puño en el estómago, meneé la cabeza de lado a lado y deseché los consejos del buen señor.
Esto si que ha sido lo que se llama tener mala suerte, nunca encontraré otra como ella. Esto lo aseguro con la mano en el corazón, que lo tengo triste y dolorido desde que se la llevaron escaleras abajo como si fuese un deshecho sin valor. Y no lo era, no, para mí fue como una compañera, como una sierva dispuesta siempre a satisfacer todos mis anhelos, era única entre todas las que he conocido, no tengo suficientes palabras para elogiarla y sé que nunca, jamás la olvidaré.
Una gran tapa rota, apartada a un lado, dejaba ver dentro de aquella gran caja de madera, alargada y curvada, una larga fila de cuerdas tensas cada una al lado de la otra. Junto a este artefacto extraordinario, se hallaba un bonito taburete forrado en terciopelo verde y rojo. Casi me senté en él, pero en ese momento mi hermano cogió un trozo de rama que había en el suelo y mirándome con los ojos brillantes explicó:
No sé como expresar lo que siento hoy: muchísima tristeza, un tremendo cansancio o tal vez... no sé. Seguramente es que no he dormido lo suficiente o no he comido cuando debía y el peso de los problemas que vengo acumulando lo he sentido caer como un bloque sobre mis hombros en las últimas horas. El caso es que no soy la única que se ve arrastrada en un torbellino de sin sentidos, veo en estos últimos días caras de tristeza y figuras apesadumbradas cuando voy caminando hacia mi casa. Sé que lo están pasando mal, que sus vidas se les han desmoronado en un cierto día, en unas ciertas horas y siento que no puedo ayudar. Hay muchos cambios a mi alrededor, mucho movimiento en las gentes. Algunos se van buscando algo mejor y llegan otros a los que me alegro de conocer y que enriquecen las perspectivas del día a día, pero también me produce un cierto desasosiego ver que no cambia lo realmente importante respecto a lo que iba mal y que seguimos estancados en un circulo que genera la apatía y la falta de entusiasmo. Quizás me gustaría irme lejos y dejar de oír palabras, últimamente oigo muchas palabras y veo poco rendimiento a lo que expresan. Me gustaría arroparme y sentir calor y sumergirme en una nube de olvido y leer o escuchar historias contadas sabiendo que no son verdad. Los cambios nefastos parece que siempre vienen en Navidad, será tal vez que es la fecha idónea para acabar con lo que venía siendo, como el año que acaba...
Siento dolor en el costado, la luz… el maldito reloj está lejos, ya llego… las ocho. Otro día más. Otro largo día sin nada que hacer. Bueno hay cosas que debería hacer, pero... ¡mierda! ¿Qué prisa tengo?
Me había quedado dormido, son las seis. Oigo ruidos en la escalera, los vecinos vuelven. Mi hijo aún no ha llegado, tal vez sí.
Ya está otra vez aquí, sin remedio. ¿Hay alguien a quien le gusten los lunes, si le toca trabajar?
Hay momentos en la vida en que a más de uno no nos ha quedado más remedio que plantearnos un interrogante sobre el origen de nuestros propios males y yo hoy me encuentro en uno de esos momentos. ¿Recuerdan el anuncio ese del donuts y del día redondo? Pues yo debo ser de los que no han desayunado el famoso bollo y ahora estoy pagando las consecuencias.
ormido y me miró de arriba a bajo con aire de perdona vidas. El médico, menos simpático aún, me facilitó unas muletas y me envió al hospital comarcal. Nuevamente acomodado en el taxi empecé a preguntarme por la razón unánime que hacía que todo el mundo a mi alrededor estuviese de tan mal humor, yo creía tener más derecho que ellos a dejar caer lamentaciones e improperios y en cambio estaba siendo el blanco de todos ellos.